domingo, 27 de agosto de 2006

Ambigüedades

Una larga e inquieta noche
Ahora, mi cabello enredado
acaricia las cuerdas del Koto
Tres meses de primavera
y no he tocado ni una nota.


Yosano Akiko

La primera vez que leí estos versos, pensé que a la poetisa, o mejor dicho al otro-yo representado en sus versos, parte persona real, parte invención, parte deseo anhelos, le había ocurrido aquello que suele ocurrir las primeras veces que uno se enamora y ama, cuando aún no se tiene experiencia y todo es nuevo y descubrimento, o las últimas, cuando se sospecha que eso que se experimenta no habrá de repetirse mas, y se quiere apurar hasta la última gota, como se dice vulgarmente.

Pensaba por tanto que la poetisa, o su personaje, o yo mismo, se había enredado en su pasión, más importante en esos momentos que su propia vida, y olvidado de sí misma, de lo que ella era y de lo que ella representaba, del tiempo y de su paso, del mundo y de los lazos que a él la unían, para entregarse sin reservas al amor, a la pasión, a como queramos llamarlo y definirlo, hasta despertar un día y descubrir, con un cierto sentimiento ambiguo, al mismo tiempo de amargura y alegría, todas las cosas había dejado de hacer en ese tiempo, aqello que ella consideraba esencial en su vida, inseparable de su existencia, insustituible, y que la presencia de otro cuerpo había bastado para hacer que se desvanecieran como lo hacen los sueños a la luz del día.

Pero lo leo ahora y pienso lo contrario.

Pienso que las noches inquietas son las noches sin amor, las noches de ausencia sin nadie al lado, las noches perdidas en el insomnio que desembocan en días inexistentes. Días y noches de dolor que producen, he ahí la paradoja, el mismo efecto que los días y noches de gozo, que lo que uno es , lo que uno ama, lo que uno estima, se pierda y difumine, hasta que, de nuevo una mañana, descubrimos como nos hemos ido destruyendo a nosotros mismos, como añoramos lo que éramos, como ansíamos volver a ser lo que fuimos... y no sabemos si hay caminos de vuelta, o si estos continuarán abiertos, o si querremos en verdad recorrerlos.

Porque bastaría, de nuevo, la presencia de este otro cuerpo, para que abandonásemos todo y a todos.

...

Entonces...

¿Cuál es entonces la verdadera interpretación?

Y lo que es más importante aún ¿Quiero saberlo?