martes, 17 de mayo de 2005

Zipang (y 2)

(Gran Questión: Día tras día, Semana tras semana, un mismo lector entre en esta página y yo me pregunto porqué. ¿Tanto le ha gustado? ¿Lo tiene como ejemplo del horror literario? ¿Está por defecto en su navegador? Respuestas quiero....)

Hace ya más de 20 años una película americana, El final de la cuenta atrás, especulaba con la posibilidad de que un portaaviones atómico de los Estados Unidos, realizase un viaje en el tiempo y terminase justo el día del ataque a Pearl Harbour.

Por supuesto, en esta cinta, no había dilemas morales. Desde antes de comenzar la película estaba claro que el navío intervendría activamente en la batalla, simplemente para borrar de la historia el día de la infamia, como se denominó en la propaganda de la época. Así lo exigía el patriotismo de la tripulación. Así lo demandaba su conciencia de estar en el bando de los buenos.

En la serie que comento, es un crucero nuclear japonés, el Mirai (Futuro en castellano), el que es trasladado al torbellino de la segunda guerra mundial, concretamente a la batalla de Midway, la que cambió el curso de la contienda. Nuevamente se plantea el dilema de intervenir o de no intervenir, sólo que esta vez ninguna opción es completamente blanca o negra.

Patriotismo y entrenamiento les fuerzan, como a sus homólogos americanos, a participar activamente, de manera que eviten la derrota y la humillación de su patria... pero ¿por qué patria estarían luchando? Tanto el Japón como la Alemania moderna, democráticos y respetados, son resultado de la derrota absoluta en la Segunda Guerra Mundial, derrotas tan completas que les hicieron abandonar cualquier tentación de revancha en un futuro conflicto, y arrumbar los elementos de sus respectivas sociedades que les llevaban al militarismo, al imperialismo y al fascismo.

Si la tripulación del Mirai interviniese a favor de su país en la contienda, no estarían combatiendo por el Japón del siglo XXI, sino por el Japón imperial de principios del siglo XX. Un Japón que, no lo olvidemos, constituía una dictadura de partido único, donde se adoctrinaba a las nuevas generaciones para cumplir un destino manifiesto, mediante la agresión y la guerra, que debía traducirse en la conquista de Asia y en la expulsión de las potencias Europeas.

Grandes palabras, la liberación de Asia del colonialismo, que hicieron dudar a muchos, en Indochina, en Indonesia, en la India, en las Filipinas, de cual era su bando en la Sgunda Guerra Mundial. Grandes palabras que pronto se tornaron huecas, como aprendieron a su pesar los pueblos de los territorios "liberados". Japón no estaba luchando por la libertad y contra la opresión, Japón estaba luchando por obtener los recursos y las materias primas de las que no disponía, con lo que todos los países bajo su mandato fueron organizados para satisfacer las necesidades de la potencia ocupante, sin que importase lo más mínimo el destino de los pueblos sojuzgados.

Mo exagero. Antes de atacar a EEUU y a Inglaterra, Japón había desencadenado en 1937 una guerra salvaje contra China, uno de los pocos países asiaticos independientes, que desembocó en el infame saqueo de Nankin, donde en una semana fueron asesinadas entre 100.000 y 500.000 personas. Ya antes Corea y Manchuria había experimentado los efectos beneficiosos de la "liberación" japonesa, en forma de prohibición de su cultura y lengua, y de uso de su población como mano de obra esclava, e incluso en experimentos médicos dignos de la Alemania nazi.

En el manga original, la decisión de la tripulación es a favor del Japón Imperial, un Japón imperial idílico, del cual se han eliminado todas las referencias a las atrocidades cometidas por el ejército y ordenadas desde los más alto del gobierno Japonés. No es extraño esta ceguera, pues esa misma amnesia tienen lugar en la educación de la juventud japonesa, donde se ha ocurrido un tupido velo sobre la actuación de su país, su patria, en la segunda Guerra Mundial.

¿Cuál será la decisión en el anime de la tripulación de la Mirai?

¿A quién debe servir tu patriotismo?