sábado, 4 de junio de 2016

Encrucijadas (II)

Zosimus knew that Gordian had married the daughter of Timesitheus, whose name Zosimus gives, wrongly, as Timesicles, and that the Persians had invaded the empire while Ardashir was still on the throne. It is through George's Chronicle and Zonaras that we learn that Dexippus had also recorded the capture of Nisibis and Carrhae under Maximinus. Zosimus states that Sapor had succeeded his father before Gordian moved east and knows that the Romans had won an initial victory over the Persians, and that Timesitheus had then died. What follows is nonsense. Zosimus and Zonaras both say that the pretorian prefecture then passed to Philip, and that Philip arranged to send the supplies that had been gathered for the army, which was in the area of Carrhae and Nisibis, too far ahead of the troops so they begun to starve. When they ran short of provisions, the troops mutinied and killed Gordian.
The point of this account (Zosimus') is to maintain the picture of Gordian as a successful ruler who died only because of a treacherous subordinate. It omits some rather important details. Sapor says that Gordian invaded his empire, and that he reached the city of Misiche on the Middle Euphrates, where, Sapor also says, he defeated and killed the Emperor. This too is less than accurate, for we know that Gordian died nowhere near Misiche. Rather, he died in Zaitha, the region near the confluence of the Khabur and the Euphrates in northern Mesopotamia. The spot was marked by a massive tumulus in which the body of Gordian was, at least temporarily, buried after he had been killed by his own men. Plotinus had accompanied the expedition in the hope of meeting the sages of the east, and his biographer says that he escaped the camp only with difficulty, which again says that there was serious trouble in the camp at the time Gordian perished. The date was sometime between January 13th and March 14th, 244, a very odd time of the year to be attempting to campaign in Mesopotamia, as it was then the height of the rainy season.
Insofar as anything like the truth can be extracted from these diverse accounts, it appears that Gordian's army invaded Mesopotamia in the winter of 244, and that it reached Misiche at the Northwestern end of the Naarmalcha, the grand canal that traverses Mesopotamia at that point. There Sapor defeated the Romans, who withdrew back up the Euphrates to Zathia, where the army, probably in frustration, murdered its teenage emperor. The Roman tradition  never seems to have admitted the defeat, for even the contemporary author of some lines contained in the Thirteenth Sybilline Oracle did not know of if. What role, if any, Philip played in these transactions cannot be known, but it is interesting that even the hostile accounts of Zosimus and Zonaras do not suggest that he was with the army when the emperor died.

David S. Potter, The Roman Empire at Bay

Zosimo sabía que Gordiano (III) se había casado con la hija de Timesitheus, cuyo nombre escribe, equivocadamente, como Timesicles, y que los persas habían invadido el imperio cuando Ardashir estaba aún en el trono. Es mediante la Crónica de Jorge y de Zonaras que nos enteramos que Dexipo había también relatado la captura de Nisibis y Carras bajo Maximino (el Tracio). Zósimo afirma que Sapor había sucedido a su padre antes que Gordiano se trasladara al este y sabe que los romanos había ganado una victoria frente a los persas, y que Timesitheus murió entonces. Lo que sigue es absurdo.Tanto Zosimo como Zonaras indican que la prefectura pretoriana había pasado a Filipo (el Árabe), y que éste había organizado que los suministros para el ejército, por aquel entonces en el área de Carras y Nisibis, fueran enviados por delante de las tropas de manera que estas empezasen a pasar hambre. Cuando se quedaron sin provisiones, la tropas se amotinaron y asesinaron a Gordiano.
El objetivo de esta narración (la de Zósimo) es reforzar la imagen de Gordiano como un gobernante con éxito que sólo murío debido a la traición de un subordinado. Oculta algunos detalles bastante importantes Sapor indica dice que Gordiano invadió su imperio y que llegó hasta la ciudad de Misique en el Eufrates medio. Esto también es cualquier cosa menos preciso, porque sabemos que Gordiano no murió en Misique. En realidad, falleció en Zaita, en la zona de la confluencia entre el Javbur y el Eufrates en la Mesopotamia septentrional. El lugar estaba señalado por un enorme túmulo donde el cuerpo de Gordina fue enterrado, al menos temporalmente, tras ser asesinado por sus propios hombres. Plotino. que había acompañado la expedición con la esperanza de encontrarse con los sabios de poriente dice que escapo del campamento con dificultad, lo que indica de nuevo a serios disturbios allí cuando Gordiano murió. La fecha se encuentra entre el 13 de enero y el 14 de marzo de 244, una temporada muy poco favorable para intentar la invasión de Mesopotamia,. puesto que era en medio de la estación de lluvias.
En la medida que algo de cierto puede sacarse de estas narraciones separadas, parece que el ejercito de Gordiano invadió Mesopotamia durante el invierno de 244 y que alcanzó Misique en el extremo norte del Naarmalca, el gran canal que atraviesa Mesopotamia en esa zona. Allí, Sapor derrotó a los romanos, que se retiraron Eúfrates arriba hasta Zatia, donde el ejército, probablemente debido a la frustración, asesinó al emperador adolescente. La tradición romana no parece admitir la derrota, porque incluso el autor contemporáneo de parte del decimotercero Oráculo sibilino la desconoce. Que papel jugó Filipo , si es que jugó alguno, en esos acontecimientos es desconocidos, pero resulta curioso que las narraciones hostiles de Zósimo y Zonaras no apuntan a que estuviera con el emperador cuando murió.

 Les pido disculpas por la interminable cita, primero en inglés y luego en mi traducción, con la que he abierto esta entrada. Sin embargo, no había otra manera de dejar de manifiesto las dificultades insuperables con que se enfrentan los historiadores de la crisis del siglo III en el Imperio Romano. Como pueden ver, incluso para un acontecimiento decisivo como es la invasión fallida del Imperio Sasánida por parte del Emperador Gordiano III y su asesinato a manos de sus propios soldados, es imposible determinar un relato coherente y fiable de los hechos. El historiador se ve obligado a espigar las historias de Zósimo y Zonaras, historiadores respectivamente del siglo VI y XII, que a su vez beben de Dexipo, contemporáneo de los hechos pero del que apenas se conserva nada y esto no muy bueno; o bien creer en los infundios de la Historia Augusta, falsificación histórica de finales del siglo IV. Eso o buscar alusiones en obras no estrictamente históricas como la biografía de Plotino o las desconcertantes Profecías Sibilinas.

También salirse del ámbito romano y estudiar los relieves propagandísticos de Sapor, el rey de reyes sasánida, donde se muestra como humilló a tres emperadores romanos, Gordiano III, Filipo el Árabe y Valeriano, el prinero siendo pisoteado por la montura de Sapor y el último arrodillándose ante ésta, pidiendo clemencia. Hechos que los historiadores romanos callan, excepto cuando eran imposibles de ocultar, caso de Valeriano, pero que Sapor proclama a los cuatro vientos, declarando que el Imperio Romano se ha convertido en tributario suyo y se halla, prácticamente, a su merced.

Sapor pisoteando a Gordiano III, mientras Valeriano pide clemencia, Relieve de Bishapur

Valeriano y Filipo el Árabe postrándose ante Sapor, Relieve de Nashq-i-Rustam

Sin que de ello resulte nada en claro, excepto que estamos tratando con propaganda. Es decir, tendenciosa e incompleta. Contradictoria e irreconciliable, según se mire la de un bando o la de otra
Porque el problema de base persiste, por mucho que leamos y releamos las diferentes versiones. Tenemos el emperador Gordiano, un adolescente que había llegado al poder casi por casualidad, por eliminación de cinco contrarios anteriores - consulten el relato de Herodiano, no les defraudará - , quien para demostrar que es digno y merecedor del poder de Roma se embarca en una expedición punitiva contra el nuevo enemigo surgido en Oriente. Éste era el Imperio Persa Sasanida, recién fundado por Ardashir tras haber derrotado a los Partos, y por entonces gobernado por Sapor, quien parecía dispuesto a recuperar los territorios perdidos por los Aquemenidas hacía siete siglos frente a Alejandro.

Sin embargo, aún cuando Gordinano no hubiera tenido la necesidad de afianzar su poder con ese gesto, esa expedición al oriente era un requisito obligado para cualquier emperador romano, quien tenía que ganar el título de Pérsico o Parto para demostrar que era apto para regir el imperio. Así que más tarde o más temprano habría tenido que emprenderla, como ocurrió con Trajano, Marco Aurelio o Septimio Severo. La diferencia con esas expediciones del siglo II, emprendidas contra un enemigo débil como el Parto, es que durante el siglo III, contra los Sasánidas, suelen acabar en catástrofe y derrota. Ese fue caso de Gordiano, asesinado por sus propias tropas, y luego de Valeriano, cautivo de Sapor hasta su muerte, como éste proclama en los relieves de Raq-i-Rushtam y de Bishapur.

No es que estos relieves sean más explícitos o más fiables. Claramente Sapor intenta inclinar la balanza hacia su fortaleza y clarividencia, hacia su papel de elegido por el dios protector mazdeísta Ahura Mazda, quien le ha dotado del poder para derrotar y humillar al imperio enemigo de occidente.  Los romanos, por su parte, intentan demostrar que aquellos reveses no son otra cosa que tropiezos - si es que llegan a admitirlos, véase la confusión de las versiones de Zósimo o Zonaras -, de los cuales el Imperio habrá de salir y reforzado, tras haberse vengado con creces de cualquier humillación. Sin embargo, la impresión que se obtiene, al irse acumulando fracaso tras fracaso, asesinato de emperador tras asesinato de emperador, es que el imperio y sus fuerzas armadas eran ya incapaces de mantener a raya a los enemigos exteriores ni de garantizar la integridad de las fronteras o la seguridad de la población del imperio.

De hecho, tras la derrota de Valeriano a manos de Sapor, registrada en ambos relieves, el Imperio Romano se descompone en tres entidades distintas, una centrada en Italia y gobernada por el hijo de Valeriano, Galieno, otra en Palmira - sí, esa Palmira martir y arrasada por el ISIS - bajo Odonato y Zenobia, y una tercera con centro en las Galias, al mando de Póstumo. Tres entidades en continuo conflicto entre sí, donde se suceden emperadores en un ritmo frenético, al mismo tiempo que se ven invadidos y derrotados por Germanos y Sasánidas. De hecho el Imperio Romano pudo haber desaparecido en ese instante, en la década de los sesenta del siglo III, algo que no ocurrió por la debilidad de sus propios enemigos, más ocupados en el saqueo como ocurrió con los germanos o que de repente dejan de tener la suerte y el éxito que les había caracterizado, caso de Sapor y los Sasánidas.

No obstante, a pesar de la recuperación de las décadas siguientes, gracias a figuras como Aureliano, el reunificador del Imperio, o el más conocido Diocleciano, la impresión que se tiene es que el estado romano quedó tocado sin remedio. Excepto breves periodos de calma, como los veinte años de la tetrarquía diocleciana a finales del siglo III o la década de gobierno en solitario de Constantino a principios del siglo IV, el estado imperial no volvió a ser estable. El siglo IV es casi una larga sucesión de guerras civiles, punteado aquí y allá por conflictos con los germanos y los persas, donde poco a poco se va mellando el filo militar de las legiones, así como el papel y el poder del emperador, reducido cada vez más a mero títere en manos de la burocracia imperial.  Y cuando no lo era, se veía obligado a regir el imperio al frente de sus tropas, como si su poder dependiera de donde estuvieran ellas y, mucho peor, de su consentimiento y buena voluntad.

Situación diametralmente opuesta a la del principiado de los siglos I y II, cuando el Emperador podía gobernar tranquilamente sin salir de Roma, confiando en que sus subordinados pudieran tener la situación bajo control en las fronteras y que no iban a rebelarse contra él.