domingo, 26 de junio de 2016

La lista de Beltesassar (CXXXVI): Night Angel (1986) Jacques Drouin/Bretislav Pojar






















Como todos los domingos, - tras una interrupción de dos semanas por razones personales - continúo mi con revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de Night Angel (Ángel Nocturno), corto realizado en 1986 como colaboración entre el animador canadiense Jacques Drouin y el checo Bretislav Pojar para la NFB del Canadá.

Ambos animadores, Drouin y Pojar, pertenecen al selecto club de los grandes. Drouin heredó las pantallas de alfileres que había construido el matrimonio Alexeief/Claire e impidió que esa técnica, tan difícil y tan maravillosa, se perdiese para  la historia de la animación. Pojar, por su parte, estudió con Jiri Trnka, y se convirtió en uno de los impulsores de la escuela checa de animación fotograma a fotograma, aunque luego, por razones políticas, tuviera que desarrollar su carrera fuera de su país.

Night Angel constituye así una colaboración entre autores y técnicas que parecieran hallarse en mudos estéticos opuestos. Las pantalla de alfileres exige una concentración absoluta que parece concluirse y agotarse en la resolución del reto que supone dibujar con ella y luego animar, para metamorfosearlo, lo representado. La escuela checa, por el contrario, buscaba imbuir a sus marionetas de una humanidad, de una vida sentimental interna, que lograba el milagro de hacer expresivas las facciones siempre congeladas de sus muñecos protagonistas, transformándolos en auténticos actores.

Añadamos a esa incompatibilidad una historia que por momentos parece sumirse en la cursilería, cuando no el sentimentalismo, y tendríamos la fórmula perfecta para un desastre. No es así, sin embargo, porque cada uno de los autores se las arregla para dar lo mejor de sí mismo, de forma casi imperceptible Drouin, en la creación de ambientes y ensoñaciones, de manera más protagonista Pojar, introduciendo un realismo casi asfixiante en la descripción de la vida cotidiana del personaje principal. 

Porque al final lo que se recuerda del corto no es tanto la estereotipada historia de amor, sino la recreación de los problemas de la ceguera, especialmente en alguien que acaba de perder ese sentido. El corto alcanza su cumbre precisamente ahí, en mostrar como el mundo se torna un vacío completo, del que sólo el sentido del tacto alcanza a hacer emerger objetos aislados, sin relación entre sí, sin nunca llegar a formar un paisaje completo y conocido. Una obscuridad poblada por objetos que tan pronto se localizan, desparecen de nuevo, se tornan esquivos, extraños, cuando no agresivos y enemigos.

El corto consigue así hacer visible lo invisible, mostrarnos la ceguera con imágenes, hacernos comprender la condena que supone esa minusvalía, los peligros y las amenazas que de repente acechan en todos los objetos y acciones cotidianas. Un triunfo de la animación, en definitiva.

No les entretengo más. Como todos los domingos, aquí les dejo el corto. Disfrútenlo, porque se lo merece. Él y ustedes.