sábado, 28 de febrero de 2015

Cielos






















Tengo sentimientos encontrados respecto a To Aru Hikūshi e no Tsuioku (The Princess and the Pilot o La Princesa y el piloto), película de anime dirigida por Jun Shishido en 2011. Una película que podía haber llegado al rango de obra maestra, sino fuera porque a veces cae en algunos de esos feos tics tan habituales en el anime reciente, sin contar que la torpe resolución de algunas de sus escenas se halla en contradicción con su verismo visual y técnico.

Puede resultar extraño que hable de verismo en una película ambientada en un mundo de acorazados volantes o donde una inmensa catarata divide el océano casi fin donde tiene lugar la historia. Sin embargo, a pesar de esta ambientación de fantasía no es menos cierto que la película se esfuerza en presentar aviones posibles, copia clara de modelos de la segunda guerra muncial, así como en reflejar de forma creíble la física del vuelo e incluso los problemas asociados al combate aéreo. Ese intento por reflejar un mundo verosímil dentro de ciertas coordenadas de fantasía se extiende incluso al elemento discordante al que hacía referencia, esos los acorazados volantes que no dejan de ser adaptaciones de navíos de la guerra del Pacífico, en claro guiño histórico y steam-punk

Así, con todos esos puntos positivos, no deja de sorprender que las tácticas por esas flotas aéreas y por los pilotos de élite que las componen sean las de auténticos aficionados. En otros casos, podría aceptar esos errores, ya que en el fondo se trata de una película de aventuras, pero el claro realismo que impera en otras secciones los hace resaltar más, como ocurre cuando una flota rodea al avión de los protagonistas como si se tratara de una panda de matones de barrio, consiguiendo sólo exponerse así al fuego cruzado de sus propias armas, o el momento en que una escuadrilla de pilotos de élite se muestra incapaz de derribar a ese mismo avión, del que se nos ha dicho una y otra vez que es un modelo inferior al de sus enemigos.

Sin embargo, estos defectos, aunque me han llegado a distraer de la historia que narra la película, no me han sacado del todo de ella, ni me han hecho rechazarla por completa. El claro cariño y admiración que muestran los creadores por el mundo de la aviación son sentimientos que yo también comparto. De hecho, esa pasión por el vuelo y por la libertad que éste promete son claramente Miyazakianos, adjetivo válido pero engañoso,ya que en el fondo Miyazaki no es más que la mejor expresión de una constante en el anime japonés: las historias de aviación ambientadas en un mundo que es una sublimación de la guerra del Pacífico.

No es de extrañar esa fijación del anime con ese momento histórico, ni que se elija ese modo de combate para representarlo. La segunda guerra mundial fue un periodo traumático para el pueblo japones, tanto apocalipsis como refundación, de manera que siempre se vuelve a él, en reconstrucciones o transfiguraciones donde lo omitido y lo callado son casi más importantes que lo narrado y proclamado. Por otra parte, frente al infierno de la guerra terrestre, la aviación y la marina aparecen más limpias, incluso dotadas de una aura de respetabilidad y heroísmo, de nobleza, de la que aparecen desprovistas las largas batallas de aniquilación en las que derivó el conflicto mundial.

Esto no quiere decir que la visión de la guerra sea patriótica o heroica. Japón no lo olvidemos, perdió de manera catastrófica, de manera que los horrores de la guerra, su tremenda crueldad e injusticia, están siempre más que presentes, incluso en una cinta como ésta que no pasa de ser una película de aventuras, pero en la que no se tiene miedo de mostrar esos aspectos que tornan toda guerra en inútil, en mero ejercicio de destrucción descarnada. Ambigüedad o mejor dicho desengaño, que lleva a reconocer el heroísmo del enemigo, convirtiendo ese sentimiento en desenlace de un combate aéreo, o a mostrar como en nuestro bando, el de los protagonistas, domina un profundo y persistente racismo, donde las clases sociales, el rango otorgado por el nacimiento, creancompartimientos estáncos sin posibilidad de cambio, ascenso o modificación.

Dura realidad que es uno de los motores de la historia, tiñendo de imposibilidad y amargura la dulce historia de amor entre la princesa y el piloto que la lleva a encontrarse con su prometido. Una relación que, en la tradición del mejor anime, se plasma en silencios, detalles accidentales y acciones cotidianas, mediante las cuales se encuentran y descubren a sí mismos, no por ese amor que en el fondo no es sino otro producto de ese mismo proceso y de la libertad encontrada en el camino.