sábado, 5 de abril de 2014

The Greatest Love/The Greatest Betrayal


























 Los que sigan este blog sabrán de mi inclinación por las obras del estudio Shaft y su director Shinbou Akiyuki. Sabrán también, si han leído mis ultimas - y escasas - reseñas de anime, que en los últimos tiempos tenía la impresión que este estudio había comenzado su decadencia, dado el lento descenso hacia la irrelevancia de la segunda serie de la otrora magnífica Bakemonogatari, o la banalidad sin excesos experimentales que la rediman que caracteriza a Nisekoi, aún en emisión.

Esta evolución me hacía esperar con ciertas reticencias y muchos temores la tercera película, Rebellion, de Mahou Shoujo Madoka Magica. En ella, tras el resumen de la serie del 2011 realizado en las dos primeras entregas, Beginnings y Eternal, la narración se adentraba en un terreno completamente nuevo, supuestamente para explicar los muchos puntos abiertos que habían quedado sin responder en la serie del 2011.

Debo decirles que no tenía razones para desconfiar de Shaft. Viendo Rebellion queda claro donde se estaba aplicando la creatividad e imaginación que faltaba en Bakemonogatari 2 y que brilla por su ausencia en Nisekoi. Para ser justos, hay que reconocer que el concepto que sustenta el mundo de Madoka Magica, la existencia de unas brujas que crean laberintos fuera del espacio y del tiempo, se presta a la perfección a aplicar un desarrollo visual y estético que se aparte de los estrictos y estrechos parámetros del anime. Si a esto se une estudio como Shaft y su director Akiyuki, caracterizado por insertar en la animación más comercial y otaku influencias y soluciones propias de la animación más experimental, la receta para conseguir un producto más que memorable está servida.

En el caso de Rebellion, además, gracias al éxito de las entregas anteriores de Bakemonogatari y de la propia Madoka Magica, la película ha contado con un presupuesto impensable para un estudio como Shaft, demasiado acostumbrado a no llegar a fin de mes. No es ya que en ocasiones la animación alcance una fluidez y una complicación endiabladas - y sin embargo, aquí y allá se cuelan errores de principiante, como el deslizar de los pies al caminar - es que la riqueza, variedad y complejidad del mundo recreado, el laberinto de la bruja en que transcurre la película entera, tiene visos de locura,  de frenesí, de auténtica alucinación, absorbiendo al espectador, sin permitirle escapar. forzándole a seguir las reglas del ese mundo desquiciado recreado.

Desde un punto de vista estético, por tanto, la película se coloca entre lo mejor del año pasado en animación, especialmente porque no intenta seguir la vía de ese hiperrealismo tan habitual hoy en día, sino que se sumerge sin complejos ni concesiones en el simbolismo y la abstracción, hasta casi, casi, por momentos hacerse incompresible. No ocurre así, y nos adentramos ya en su contenido temático, porque Urobuchi Gen, el guionista de la serie, construye un entramado que replica el juego de espejos y revelaciones de la obra original, para dinamitarlo internamente, como es su costumbre.

Como recordarán los que la hayan visto, Urobuchi tomaba el esquema general del género de las Magical Girls, alegre y confiado, infantil y lúdico, para transformarlo en una narración negra y pesimista, que sólo al final alcanzaba un amargo final feliz.  En este caso, como digo, el esquema se repite, trasladando a las protagonistas de la serie a un mundo que parece la encarnación del paraíso de las Magical Girls, pero cuya consistencia e integridad, su realidad, se va desmoronando a medida que aparecen una serie de contradicciones que lo minan hasta hacerlo insostenible... y que llevarán a la personalidad de uno de los personajes a  dar un giro completo hasta convertirse en lo opuesto de lo que representaba hasta ese instante. Una metamorfosis trágica, muy del gusto de Urobuchi, que no muchos han comprendido por lo que tiene de traición a ese personaje, uno de los más queridos de la serie, pero que para mí ha resultado cristalina y meridiana.

Explicación que requerirá de algunos spoilers.

































Los que hayan visto la serie sabrán que aunque la serie tomaba el nombre de su protagonista Madoka, el auténtico centro y motor argumental era otra de las Magical Girls, Homura. Su personaje me era especialmente próximo, ya que su búsqueda constante y sin término de un amor, el de Madoka, que siempre le era arrebatado hiciera lo que hiciera, resonaba con fuerza en mi interior por razones propias de mi biografía. La serie, como recordaran, terminaba con Madoka ascendiendo al rango de divinidad, para liberar así a las Magical Girls la maldición de tener que transformar en brujas con el tiempo. La contrapartida era que su recuerdo quedaba borrado del mundo, excepto de la mente de Homura, que tenía que continuar viviendo, sin la esperanza de volver a encontrarse con su amada en este mundo o en cualquier otro.

El laberinto en el que transcurre la historia de Rebellion no tiene otro origen que en el deseo loco de Homura por volver a encontrarse con Madoka, rompiendo la soledad en la que ha quedado abandonada y que nadie puede compartir o comprender. Los que han sufrido esa situación saben de los peligros que guarda, de como al acecho está siempre un último infierno, una última traición tan propia de los amores desgraciados y nunca correspondidos. Si no se tiene cuidado, se corre el riesgo de olvidar la voluntad de la persona amada,  de desear tenerla encerrada para siempre en una jaula, apartada de los demás, para nuestro único uso y disfrute, en un paraíso al que sólo nosotros dos tendremos acceso.. El castigo, si esto se lleva a la realidad, consiste en que no sólo destruirá para siempre ese amor y el objeto amado, sino que nos trasladará, a nosotros, a los que nos creemos amantes fieles y constantes, a un estado del que ya no hay retorno, en el que habremos asesinado nuestra propia humanidad, nuestra capacidad de amar.

Tal le ocurre a Homura. Tras haber buscado la propia muerte para salvar a su amada y liberarla de la cárcel en la que encerrado involuntariamente, encontrará un a modo de perdón y reconciliación, en el que Madoka procederá a salvarla y liberarla a su vez de la cárcel su tristeza y melancolía, orfreciendole reposo y serenidad. Desgraciadamente, en ese momento  Homura no será capaz de resistir la posibilidad de una nueva separación, sin término ni tiempo conocido, y sin creer las promesas en ese sentido de Madoka, cruzará esa frontera invisible que no se debe franquear, violentará a su amada, para tranformarla en una marioneta que sólo obedece de los deseos de Homura, mientras que ella, en vez de Dios como Madoka, habrá devenido demonio.

Ese estado final se basa en la mentira y por ello mismo no podrá durar, como bien sabe Homura. Madoka habrá de hallar, más tarde o más temprano, el camino de salida. como insinúa la película. Llegado ese instante, ya no habrá perdón ni reconciliación, sino sólo odio y enemistad.

O peor aún, soledad eterna, la misma, insondable, interminable, que Homura siente cotidianamente en la casa de muñecas que se ha creado a su capricho.