miércoles, 16 de abril de 2014

From the Vault (I): Rurouni Kenshin Tsuioku hen (1999)

 Ahora que he comenzado a rellenar una página en este blog conteniendo las diferentes reseñas de anime - y su clasificación - que he ido escribiendo a lo largo de estos años, me ha parecido conveniente rescatar otras reseñas que escribí para el agonizante foro de cine llamado cinexilio.

Resulta curioso desempolvar esos textos que parecen casi pertenecer a otra persona, quizás con mejores capacidades literarias y seguramente con una especial facilidad para enamorarse de lo que veía y disfrutaba. Los dejo tal y como quedaron escritos, excepto erratas y errores sintácticos, respetando incluso las referencias al momento en el que fueron concebidas hace ya diez años.

Desgraciadamente no he sido capaz de recuperar las imágenes que las acompañaban - se perdieron al romperse el disco de mi ordenador hace unos años - así que por ahora serán solo texto.

Pero empecemos sin más dilación, con uds. uno de los mejores OVA (Only Video Animation) de anime que se hayan creado, antes de que ese formato despareciera en los primeros años de este siglo.


Rurouni Kenshin Tsuioku hen (1999)


Partiendo del Manga homónimo, Rurouni Kenshin,  en 1996 se realizó una larga serie de TV adaptando las aventuras de un peculiar espadachín de comienzos de la era Meiji. Tanto manga como serie respondían al mismo modelo, el del héroe que va encontrando y derrotando a enemigos cada vez más poderosos... y al mismo tiempo perdiendo todo interés, ya que se transita de lo verosímil a lo increíble, terminando por caer en la rutina.

Sin embargo, el éxito de la serie, partiendo del éxito anterior del manga, fue tal que se decidió hacer una película y seis OVA (animación para venta directa). Cuatro de ellos, los Tsuioku hen (recuerdos) comentados aquí, adaptaban la sección del manga en la que se narra el pasado del personaje y se convirtieron por derecho propio en una de las grandes obras de la animación japonesa.



Ver estos OVAs en el año 2000 en España, cuando se programaron por primera vez, era una experiencia turbadora, verlos ahora en el mundo post 11-S/11-M, no ha hecho más que aumentar su importancia. En efecto, inspirándose en hechos reales de la historia japonesa ocurridos hacia 1867, la historia nos narra la evolución espiritual, la maduración en realidad, de un joven idealista que, buscando la instauración de un nuevo orden que substituya al antiguo, se une a un grupo revolucionario y se convierte en un asesino brutal y despiadado... as como la manera en que escapa al callejón sin salida en el que se ha introducido.

Uno de los aciertos de la serie es mostrarnos la historia a través de los ojos de este joven. Se busca que nos identifiquemos con él, o más bien que lleguemos a pensar que nosotros, los espectadores, podríamos haber seguido ese camino. Las primeras escenas nos muestran al Kenshin niño, el exterminio, descrito con un naturalismo repelente, de su familia adoptiva y el salvamento milagroso del protagonista. Las siguientes escenas, casi sin transición, nos muestran al Kenshin adulto, asesinando con el mismo naturalismo repelente a uno de sus enemigos políticos. No hay relación entre ambos actos, si no es que comparten la misma brutalidad. Las muertes del pasado no fueron producidas por los muertos del presente. La sangre de hoy no lava la sangre de ayer. Simplemente, la víctima ha devenido verdugo, el inocente, culpable.

Esta ambigüedad y desasosiego se traslada al resto de la serie. En efecto, esta no se se centra exclusivamente en el personaje de Kenshin, sino que otras miradas externas van a ampliarnos el cuadro. La más importante es la de la prometida del hombre asesinado en las primeras escenas, que abandona su familia y posición para obtener venganza... pero que en magnífico giro de guion, narrado también esplendidamente, acaba encontrando algo muy distinto. No menos interesante es que veamos también a los miembros del antiguo orden contra los que lucha el grupo revolucionario al que pertenece el protagonista... para descubrir que los ideales por los que combaten, así como los medios que utilizan, coinciden con los de Kenshin. O lo que es lo mismo, para constatar el absurdo de que ambos bandos creen que la paz y la justicia pueden erigirse sobre la violencia y la muerte.

Visualmente la serie es un regalo para los ojos. Cualquiera que conozca algo de la cultura japonesa sabe de su amor por el detalle insignificante. Desde el cielo estrellado o el temblor de la luz de una vela, al dibujo de una sombrilla, las briznas de hierba o al aliento que se condensa en un día frío, el amplio presupuesto de esta serie y la inteligencia de los realizadores han permitido recoger toda esa serie de pinceladas que la hacen verosímil, además de contar con una animación fluida y apenas sin defectos.

El estilo narrativo no es menos original. El primer episodio es un caleidoscopio de imágenes, pequeñas pinceladas aisladas que van mostrando el mundo desgarrado en el que Kenshin y el resto de los personajes se ven forzados a vivir y sobrevivir, as como la evolución personal que ha llevado a un niño inocente a convertirse en un asesino que no cuestiona las órdenes, aunando la violencia extrema con la delicadeza también extrema, para converger en un final de episodio estremecedor.

Otra serie hubiera continuado en esa línea, hilando situación violenta tras situación violenta, hasta llegar a un final pirotécnico. Sin embargo, la serie da un giro hacia el reposo y la introspección en el capítulo dos y especialmente en un episodio tan lírico como el tres, donde apenas pasa nada. Esto se debe a que la serie, en el fondo, no trata de la vida cotidiana de un asesino, sino del modo en que deja de serlo, y este respiro en la batalla sirve para dar esa oportunidad al protagonista, para que sus heridas cicatricen y curen. Tanto espectadores como protagonistas se dejan adormecer por ese breve periodo de calma, aunque fuera la guerra civil siga rugiendo, aunque tanto espectadores como protagonistas, tengan el presentimiento de que el mundo exterior no los olvidará.

De esta manera, la confrontación final que tiene lugar en el episodio cuatro tiene una mayor resonancia, simplemente por el mero contraste con los días pacíficos a los que hemos asistido, y especialmente porque en esos días hemos conocido la fuerza de los lazos que unen a los personajes y sabemos hasta donde les llevarán esos sentimientos...

....porque ya no se está luchando por ideales fríos y vacíos, se está luchando por personas concretas...

No todo es perfecto en la serie, sin embargo. Para rellenar tiempo, se añadió un epilogo que contradice en gran medida lo que se acaba de contar. Un error que no quita importancia a la obra, al fin y al cabo el DVD se puede apagar en un instante preciso, el auténtico final.