jueves, 10 de abril de 2014

Searching in darkness

I have your coat. Your Gloves are on the chair
"Where are we going?"

The room is cold. We can't stay here.
"It's snowing out and your shoes are through"

We must leave here
"But why? You said last night"

How can I tell her that she is dead?
She wanted never to leave me.

I am glad she can't hear the hearse
Crunching through the powdery new snow

Kenneth Patchen, First Will and Testament (1939)

Como sabrán los pocos que sigan este blog, he empezado a leer la obra de un obscuro - al menos para mí - poeta norteamericano del siglo XX, Kenneth Patchen, quién empezó a escribir en la década de los treinta y podría considerarse, en muchos aspectos, como un precursor de la generación beat de los cincuenta, así como de la contracultura de los sesenta.

Debido a esas coordenadas temporales, la obra de Patchen tiene una clara componente política y social, en la que se descubren influencias del ideario de la izquierda marxista de entonces, así como de su oposición al autoritarismo nazifascista en auge que desencadenaría la segunda guerra mundial. No obstante, y a pesar de ese claro posicionamiento político, las ansias libertarias de Patchen le llevaron a un pronto desengaño del totalitarismo estalinista, tan querido aún por algunos, mientras  que su enraizado y sincero pacifismo le obligó a rechazar de plano la intervención de su país en la Segunda Guerra Mundial del lado de los aliados. Esa posición puede parecer paradójica e incomprensible para un occidente educado en la lucha necesaria contra el fascismo, pero hay que recordar que para muchos intelectuales progresistas del periodo de entreguerras, las democracias liberales y el fascismo eran dos caras del mismo fenómeno, la opresión capitalista, y por tanto, no veían nada claro que hubiera que defender a uno contra el otro.

Dejemos a un lado estas generalidades, lo que importa aquí es señalar qué es lo que he sentido yo leyendo a este poeta. Y Tengo que confesarles, con cierta vergüenza, que ahora mismo mis sentimientos son ambivalentes, casi de decepción, lo que requiere una explicación más detallada.





Como sabrán empecé leyendo su novela de 1940, The Journal of Albion Moonlight, una obra que como muchas otras novelas escritas por poetas se desvía notablemente de los caminos establecidos por los novelistas contemporáneos - en muchos aspectos por tanto, casi puede ser calificada como mala - y que tiene sus mejores páginas en las secciones más próximas a la expresión poética. Son novelas, por tanto, compuestas de momentos aislados e inconexos de gran belleza, cuya mayor virtud, desde el punto de vista estético, es precisamente el ser excéntricas, excepciones aisladas, productos sin igual ni pareja, sin maestros ni discípulos.

Dado que esa novela de Patchen fue escrita con un claro sentido de urgencia - el de un poeta cuya utilidad e identidad se veían negadas por un mundo enfrascado en un conflicto mundial - decidí que era mejor retrasar mi juicio sobre este escritor hasta que me adentrase en su auténtico ámbito, el de la poesía. Mi segundo intento ha sido un grueso volumen de sus poemas, Collected Poems, seleccionados por el propio escritor y que abarca su producción de 1936 a 1957, aunque mi lectura apenas haya llegado a 1942, en pleno conflicto mundial, cuajado por tanto de sus dudas y temores sobre el destino del mundo,  de su papel en esa locura, de su incapacidad para distinguir entre amigos y enemigos en esa guerra.

Ya les he dicho que ahora mismo mis sentimientos son de ambivalencia, casi de decepción, pero esta impresión puede tener sus causas no tanto en la calidad de la poesía de Patchen, como en la dificultad que estoy experimentando en su comprensión. No es que no esté acostumbrado a leer en inglés, ni que no me haya atrevido con grandes poetas de esa lengua, Dickinson y Whitman , entre otros . El problema estriba en que la fuerte influencia de los surrealistas en la obra de Patchen le lleva a acumular contrarios semánticos, a romper la lógica interna de las frases, buscando así conclusiones inesperadas, pero especialmente a crear un mundo enigmático, reflejo desquiciado de su presente, repleto de la locura y el desquiciamiento provocados por la guerra, en el que se surgen, repentinas, alusiones a mitos primigenios y rituales misteriosos, inquietantes, temibles, por las horribles consecuencias que de ellos podrían derivarse.

Descifrar lo que Patchen quiere contarnos, me exigiría, me temo, un esfuerzo de investigación y reconstrucción para el cual me temo no tengo el tiempo necesario. Se trataría de buscar esos retazos de significado esparcidos a lo largo de sus poemas, para recoserlos de los mismos en un todo armonioso cuya forma e intención no puedo vislumbrar. Así  me ocurre que los poemas que acaban por llegarme, por emocionarme, son precisamente los que podríamos llamar más normales, cuyo tema es el amor perdido o inalcanzable, junto con la melancolía asociada a ellos. Aquellos, por tanto, cuya forma es más sencilla, más lisa y suave, por decirlo así, sin esas asperezas y ángulos, esas interrupciones y grietas creadas por la aplicación a rajatabla de un surrealismo que ya empezaba a estar en decadencia cuando Patchen lo asume.

¿La conclusión? Aún no puedo dar una. Me encuentro a la mitad de su recorrido poético, al menos si lo mido por las dimensiones de esta colección de sus poema.  En justicia creo que debo esperar a terminar el viaje, a ver que ocurre con las ideas y el modo de expresarlas de Patchen, una vez terminado el conflicto mundial y tras que la paz se convierta en una asfixiante normalidad en la que varias generaciones sucesivas no hallarían otra cosa que desiertos espirituales.

Un término de esta travesía que no deja de darme cierto miedo, porque fácilmente puedo concluir que Patchen es un mal poeta y un mal escritor, engañándome. Porque puede que él no lo sea, sino que sea yo quien es incapaz de apreciarlo, al haber perdido, sin darme cuenta y ya para siempre, la capacidad de emocionarme hasta las lágrimas con unos versos. Una capacidad que estimaba como uno de los pilares de mi personalidad, pero que como otros muchos, puede desaparecer sin dejarme rastro alguno, excepto un inmenso campo de ruinas en el que me vea obligado a habitar desde ese instante.




Much of all I know, I can't understand

These are my hands, my eyes, and these
Are the things I believe, love, trust;

And yet I alone can lift these fingers,
Open these eyes or believe in this way.

There is nothing in you that I can be,
or give a mouth to clay -
There is no one where you are unless I am there

There is so little to say