domingo, 9 de marzo de 2014

The Beltesassar List (XXXVII): The Chain (1997) Phil Mulloy

















En mi revisión semanal de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar, ha llegado el turno de The Chain (La Cadena), dirigido el año 1997 por el director de animación británico Phil Mulloy.

No es la primera vez que este animador es citado en este blog. Ya escribí en su tiempo un extenso artículo sobre Intolerance para la extinta revista Tren de Sombras y varios de sus cortos han sido comentados en esta misma revisión de la lista de Beltessar. Para no aburrirles, basta con señalar aquí que Mulloy es uno de los grandes satíricos de finales del siglo XX y principios del XXI. Alguien que no se casa con nada ni con nadie, que no tiene miedo de poner en solfa instituciones y creencias, y para quien la humanidad no pasa de ser un inmenso patinazo de un dios que no existe ni nunca existió. Con estos presupuestos ideológicos, no es de extrañar que el acabado de su animación sea especialmente feísta, su paleta se vea reducida a blancos y negros irreconciliables, su trazos devengan apenas pintarrajos, mientras que los movimientos de las criaturas que pueblan su mundo no pueden ser más son torpes y desmañados.

Si se mira bien, en realidad no hay otra manera de describir a una humanidad que no pasa de ser un aborto de la naturaleza. No es de extrañar, por tanto, que en los cortos de Mulloy la belleza, la compasión, la solidaridad, el amor brillen por su ausencia, siendo reemplazados por el odio, la brutalidad, la dominación y  humillación. Un mundo donde la única ley que se respeta es la de la selva, la supervivencia a cualquier precio sin importar quien muera, siempre y cuando no nos toque a nosotros. Tales y no otros han sido sus rasgos fundamentales, resumidos en un cinismo corrosivo que nada respeta, al menos durante la primera parte de su carrera, porque a finales del siglo XX se produjo un giro en su obra.

The Chain  es precisamente la obra que marca ese cambio. No es que Mulloy dejara repentinamente de ser radical y se pusiera a rodar cortos al estilo Disney. Muy al contrario. Precisamente, The Chain narra una despiadada lucha por el poder supremo sobre la humanidad, con todo los horrores, guerras y esclavitud que ello acarrea, cuyo origen irónicamente se halla en un falso mapa del tesoro basado en un garabato infantil. Nada habría cambiado. Sin embargo, el ojo atento descubre que algo se ha modificado fundamentalmente en la concepción artística de Mulloy, tanto estética como ideológicamente.

Estéticamente, aunque sus diseños siguen siendo voluntariamente feístas se aprecia una cierta revalorización de los valores formales. En The Chain, muchos de los dibujos que lo pueblan traicionan una falsa torpeza y descuido, tras las cuales se oculta la misma pericia técnica que caracterizaba a los pintores informalistas de ambos lados del Atlántico en los años cincuenta. En ese movimiento, las masas informes de color, la pintura arrojada sobre el lienzo en un intento de negar la propia actividad del artista, el trabajo con los materiales menos nobles, la violación del espacio pictórico, rasgando, acuchillando y torturando el lienzo, confluyeron en la creación de un nuevo tipo de belleza, en el que el descuido era en realidad rigor, el azar, planificación.

Así, en el nuevo estilo de Mulloy se descubre el placer del artista en conservar las rebabas que el pincel deja al discurrir sobre el lienzo, muestra de esa belleza nueva, descuidada hasta entonces, y a la que el hastío de la "autentica" belleza había llevado a buscar y descubrir. Por otra parte, frente al riguroso bicromatismo de las obras anteriores de Mulloy, con su blanco y negro sin posibilidad de transición o reconciliación, la pantalla estalla ahora en colores, cuya pureza deslumbrante constituye una negación completa del pesimismo, la radicalidad e implacabilidad de la narración que ilustran.

Pero ¿es realmente inevitable esa conclusión pesimista? ¿Nos vemos abocados al fatalismo  sin salida? Sí y no. Curiosamente lo que distingue de manera completa The Chain frente a la obra previa de Mulloy es precisamente que en ella queda lugar para la esperanza. En medio del exterminio, de la destrucción, del horror y de la guerra, es posible labrarse un a modo de paraíso. Basta sólo con que el hombre se dé cuenta del absurdo de su existencia, de la esclavitud consentida a la que otros le fuerzan, para que el poder que le oprime, las cadenas que le aprisionan se rompan por sí solas, desaparezcan, como si nunca hubieran existido.

Así, de manera inesperada, The Chain concluye de forma optimista, con una humanidad que, liberada de sus opresores, encuentra finalmente el paraíso.

No les entretengo más. Como siempre, les dejo aquí el corto. Que lo disfruten.



The Chain - Phill Mulloy (1997) from veri_jr on Vimeo.