sábado, 8 de marzo de 2014

Just Learn to Ride the Wave





















Esta entrada llega con demasiado retraso. Una serie de anime como Space Dandy se merece toda la publicidad que sea posible, por las razones que enumeraré a continuación, aunque en realidad debería detenerme aquí y recomendarles que leyesen el seguimiento de esta serie que está haciendo Anipages.  Cualquier otro análisis palidece al lado suyo, pero intentaremos escribir algo que no desmerezca demasiado.

Supongo que a estas alturas estarán hartos de oírme despotricar contra el complejo moe/kawai que se ha adueñado del anime moderno, desvirtuando y desnaturalizando muchas de las virtudes que nos habían hecho enamorarnos de esa escuela/ámbito de la animación mundial. No obstante, en medio de ese páramo creativo, ahora mismo el aficionado puede disfrutar de dos series mayores como son Kill La Kill y Space Dandy,que vienen a demostrar la variedad y versatilidad de los productos animados de origen japonés. Ambas producciones comparten el apartarse radicalmente de los tópicos y cliches actuales, volviendo la mirada a la animación de los años ochenta. Esta revisión puede superficialmente parecer cargada de ironía postmoderna, pero que en realidad oculta una fuerte corriente de simpatía y complicidad hacia un estilo de anime desconocido para la mayoría de los aficionados actuales, pero cuya influencia ha sido incalculable en el desarrollo de esa forma.

La originalidad y excentricidad de estas series se manifiesta incluso en sus procesos de producción. Kill La Kill ha sido producido por Trigger, pero todo su equipo perteneció al estudio Gainax, de manera que lleva el sello de las mejores producciones de ese estudio, aquellas que se atrevían a dinamitar las convenciones y la mente del público, sin dejar títere con cabeza. Space Dandy, por su parte, ha sido financiada por el prolífico estudio Bones, cada vez más perdido en su decadencia creativa, pero está firmada por el mítico Watanabe Sinichiro - sí, el de Cowboy Bebop y Samurai Champloo - y en realidad podría calificarse como  una serie Madhouse creada tras la caída del que fuera el mejor estudio - con algún reparo - de la primera década del siglo XXI.

Para aclarar este cúmulo de contradicciones, hay que decir el papel de Watanabe en Space Dandy parece limitarse al de guionista principal y supervisor general de la sería, mientras que la ejecución artística se lleva a cabo siguiendo un método muy propio de Yuasa Masaaki: encargar a una personalidad del mundo del anime cada uno de los episodios, dejándole casi completa libertad a la hora plasmarlo. En el caso de esta serie cada uno de esos grandes del anime tiene en común el haber formado parte, en algún instante, del equipo de Madhouse en sus mejores momentos, un estudio que se enorgullecía por contratar a los mejores y permitirles desarrollar su estilo y capacidad artística sin ponerles trabas

Es por esa razón que una serie como Space Dandy chirría dentro la producción reciente de un estudio como Bones, que parece especializado recientemente en realizar fotocopías de mangas de éxito para contentar a los otakus más jovenes. Space Dandy, por su formato episódico, por su anarquía visual y narrativa, su querencia por los desafíos visual y los estilos poco comerciales, además de por su clara renuncia al astragante complejo moe/kawai parece más bien orientado a un público de edad, el crecido con la animación eminentemente visual de los años ochenta, sin consideración a las trabas narrativas cuando podía optar a plasmar lo imposible.

En ese sentido el formato de historias sueltas e independientes se amolda perfectamente a la autoría compartida de esta serie, ya que permite a cada autor dar rienda suelta a sus capacidades sin preocuparse por lo que pudiera haber sido narrado en episodios anteriores y posteriores. Añadase por otra parta que esta desconexión temática entre episodios no ha sido disfrazada por el cordinador Watanabe, sino transformada en rasgo fundamental de la serie, al insinuar que cada historia podría estar ocurriendo en universos paralelos que sólo compartirían el mismo reparto básico de personajes.

Asímismo, el hecho de no requerir una continuidad o una unidad que dé sentido a la serie, permite que cada episodio pueda improvisar sin tener miedo a las consecuencias, apurando las posibilidades lógicas de cada situación hasta llevarlo a auténticos callejones sin salida, como la muerte de todo el reparto en el episodio uno, el apocalipsis zombie que deviene salvación del universo en un episodio posterior o el salto en el tiempo millones de años hacia el futuro de uno de los personajes, tras una de las carreras de coches más descacharrantes del anime reciente, si exceptuamos Redline. Es esa falta de coherencia narrativa la que precisamente permite los mayores excesos y hallazgos visuales, como la magnífica escena de surf espacial que cerraba otros de los episodios o el logrado homenaje al mundo de Yuasa Masaaki - realizado por uno de sus antiguos colaboradores-  del capítulo de la semana pasada.

Todos estas características nos devuelven al mundo de los OVAs de los años ochenta, en los que la ciencia ficción al estilo europeo, la brillantez visual y lo explícito de los contenidos servían para crear una forma de animación destinada a un público maduro, con aspiraciones intelectuales, todo lo contrario de las tramas manidas para escolares descerebrados del anime reciente. Se podría pensar por tanto que se trata de una necesaria llamada de atención destinada a modificar el rumbo de la industria, pero la máquina de recaudar construida alrededor del fenómeno otaku se halla demasiado asentada para que esta revolución pueda ocurrir. Se trata por tanto, más de prestar una oportunidad única a unos profesionales de primera para que jueguen, se diviertan y consigan lo que no podrían alcanzar o representar en otras series más comerciales.

Si puede existir, no obstante, otra llamada de atención, esta vez dedicada al público occidental, que sólo dice admirar del anime lo producido por Ghibli y desprecia todo lo demás, cuando la esencia de esta forma es muy otra, y lo producido por Takahata y Miyazaki una excepción en su panorama y su historia.

Pero me temo que este aviso también pasará sin ser notado.