jueves, 21 de noviembre de 2013

No holds barred



















Supongo que a estas alturas de blog, estarán más que acostumbrados, cuando no hartos, de mis continuas jeremiadas acerca del estado del anime - lo que no impide que siga encontrando series valiosas una tras otra. Lo cierto es que la crisis que nos asola desde hace ya un lustro ha provocado una involución en las ambiciones de este estilo de animación, con estudios como Gainax y Madhouse, simplemente desapareciendo o convirtiéndose en una sombra de lo que fueron, mientras lo que se nos propone desde otras productoras es el mismo material reciclado, pensando que un público siempre renovado no detectará los parecidos, o bien transformado a los gustos del otaku recalcitrante, saco de tópicos y complejos.

Este otoño está siendo especialmente prolífico en "más de lo mismo" o "otaku-made" series, por lo que resulta especialmente triste y descorazonador, encontrar que series con una premisa tan interesante como Nagi no Asukara - el conflicto entre los hombres del mar y los de la tierra - han sido sometidos a un proceso de moeficación acelarada - y descarada - mientras que el mundo del mar, en vez de ser mágico, no es más que una copia exacta de la vida escolar y rural japonesa, como si esa barrera y esa división entre los dos mundos no existiera.

Afortunadamente, siempre hay un par de series que se distinguen de las demás y sirven para hacer olvidar todos los errores y fracasos de la temporada. La gran sorpresa de este otoño - aunque ya se la veía venir - es Kill-la-Kill, serie cuya mejor definición y elogio es decir que si Gainax aún existiera habría estado orgullosa de firmarla. Esta atribución apócrifa merece un pequeño comentario. Normalmente cuando se piensa en Gainax se piensa también en Evangelion, con lo que ese estudio se asocia con complejas y enrevesadas historias psicológicas que terminan en completa tragedia. Sin embargo, el género que más ha cultivado ese estudio y en el que ha dado sus mejores productos, es otro muy distinto, el de la comedia/farsa, alocada y desenfrenada de tintes postmodernos, en el que todos los elementos han sido sacados de contexto y gran parte de la gracia es precisamente la yuxtaposición absurda de contrarios.

Esa manera de Gainax lo convierte en el estudio más cercano a lo que es la animación comercial occidental, tal y como lo entendía la Warner, y como, ya les he dicho, a sido en ese estilo donde ha creado sus mejores productos, desde locuras completas como FLCL, Panty and Stocking o creaciones semiserias como Tengen Toppa Gurren LaganAbenobashi Mahou Shotengai, donde la locura visual y temática equilibraba y quitaba la mordiente de las secciones más dramáticas... e incluso las tornaba más intensas e interesantes.

Si haber descubierto aún su lado dramático - si es que lo tiene - Kill-la-Kill ha herado la manera más gamberra, alocada e hiperactiva de Gainax. Tomando como base la archiconocida excusa argumental de muchos animes Shounen - el del protagonista con una venganza que conseguir que va derrotando uno tras otro a sucesivos enemigos, a cada cual más poderoso -, la serie se vuelve consciente, al modo postmoderno, de todos los tópicos del género, para reírse - medio en serio, medio complice - de todos y cada uno de ellos, al mismo tiempo que los utiliza como trampolín para embarcarse en una serie de saltos mortales encadenados.

Como pueden suponerse, dicho así, esto no se diferenciaría mucho de tantas comedias modernas que no son otra cosa que sacos donde se embuten todo tipo de referencias pop. La grandeza y la altura de Kill-la-kill, como era el caso de FLCL y similares, está en conseguir hacer realidad la inmensa paradoja de ser fiel a todas y cada una de las reglas del género, mientras al mismo tiempo las dinamita, sin que sus virajes parezcan añadidos mal encajados en una estructura en la que no tienen cabida.

Más importante aún,  los creadores de la animación son plenamente consciente de como la animación - aquella que no busca fotografíar la realidad - es especialmente agraciada a la hora de hacer creíble lo increíble, o mejor dicho, constituye un medio en el que la exageración, la distorsión y la excentricidad forman parte de su naturaleza, de manera que lo que podría - y sería calificado - como un exceso en otros modos de la cinematografía aquí es sencillamente la manera correcta y necesaria.

Porque esa es la gracia y la bendición de la animación, que los chistes y las bromas no tienen que ser sólo literarias, artefactos de guión, sino que ante todo tienen que ser visuales, y si no lo son, no serán otra cosa que fracaso.