viernes, 26 de julio de 2013

A parallel history (y VIII)



















Tras muchos fines de semana, al fin he completado mi visión y revision de los dos últimas compilaciones, números dos y tres, que Kino dedica a la vanguardia fílmica. Como ya indiqué estas dos entregas se centran en el cine experimental americano de aproximadamente 1945 a 1955, con espóradicas incursiones a lo que realizaba en ese tiempo al otro lado del Atlántico.

Precisamente el film que cierra la colección, Closed Vision dirigido por Marc'o en 1954,  es un film francés doblemente olvidado. Que estuviera olvidado por la historia oficial centrada en el clasicismo de Hollywood no es de extrañar, pero más sorprendente es que sea un film invisible para la historia del cine experimental. No debería ser así, ya que Marc'o fue uno de los fundadores e impulsores del lettrismo, movimiento del que otros filmes son presencias habituales en museo y retrospectivas, como es el caso del Traité de Bâve et de éternité de Isidore Isou, ya comentado en estas páginas, o el de Le film est déjà commencé? de Maurice Lemaitre.

La respuesta es los suficientemente sencilla para que pasa desapercibida. Ocurre simplemente que el film de Marc'o es tradicional y clásico en su rebelión y experimentación, como se puede sospechar de los nombres famosos, Cocteau y Buñuel, que lo patrocinaron en su estreno en el festival de Cannes. Esas personalidades, egregias, sin duda, en la década de los cincuenta pertenecía ya a otro mundo, no dejaban ser viejas glorias pasadas, cuya fama había quedado asentada en el periodo de guerras, en el momento de triunfo del Surrealismo. Poco, por tanto, podían enseñar a una nueva generación que empezaba a mirar por encima de ellos, buscando su inspiración en un dadaísmo que en cierta manera parecían haber traicionado.

Se puede escribir la historia del arte europeo de muchas maneras, pero parece claro que en esas décadas, tras la catástrofe absoluta de la segunda guerra mundial, los artistas se afanaron en demoler los últimos pilares que habían sostenido la teoría del arte desde el cuatrocento. Por un lado los diferentes informalismos de los años 50 acabaron con el concepto de belleza, mientras que los diferentes pops (o Nuevos realismos como los intitulara el Sofidú) desterraron para siempre la posibilidad del arte, terreno abonado para la eclosión en los 70 del postmodernismo.

Teniendo esto en cuenta se puede entender lo que no cuadra en una película, tan notable por otra parte, como es Closde Vision. Si tanto Isou como Lemaïtre se esfuerzan en destruir el cine, en disociar en el caso del primero el vínculo entre imágenes, sonido y argumento, mientras que el segundo busca dinamitar la experiencia casi sacrosanta de la visión de una película, Marc'o intenta conscientemente crear imágenes bellas, encuadres perfectos, iluminación precisa y nítida como el filo una navaja. La revulsión, por tanto, que estas imágenes deberían crear en el espectador debería producirse, al estilo del surrealismo más ortodoxo de los años treinta, no mediante el subrayado de la fealdad, sino mediante el absurdo que la yuxtaposición de imposibles debería conseguir.

Es por ello que Closed Vision nació antigua, retrasada varias décadas respecto a su tiempo y, por eso mismo, consignada al olvido por su contemporáneos. Por supuesto, el tiempo lima todas las asperezas, hace olvidar todos los conflictos, partidos y facciones, de forma que ahora, sesenta años más tarde, la película de Marc'o se nos aparece de una belleza desudada, inigualable en sus mejores secciones, las que transcurren en esa playa cementerio/sala de banquetes/campo de batalla, sólo lastradas por una voz en off discordante, recuerdo desvaído de los postulados del lettrismo, que le arrebata la magia que le hubiera conferido abandonarse al silencio absoluto, a la poesía que sus imágenes anhelaban.