sábado, 4 de mayo de 2013

A parallel history (y VI)









Llevo ya varias semanas revisando y volviendo a revisar los filmes vanguardistas contenidos en las recopilaciones 2 y 3 editadas por Kino Video (Avant Garde 2 y Avant Garde 3, por si les interesan). En su mayoría, como era de esperar de un editor estadounidense, se centran en obras de esa nacionalidad concentradas además en el espacio de tiempo que media entre el final de los años cuarenta y el inicio de los cincuenta del siglo XX, aunque hay algunas escapadas a otros ámbitos, esencialmente franceses, y el volumen 1 estaba dedicado casi exclusivamente a la vanguardia europea de los aós 20 y 30.

Lo primero que llama la atención de estas obras vanguardistas tan concentradas en el tiempo, y por tanto, tan similares estilítica y temáticamente, es como su modo ha acabado por convertirse en la imagen popular del cine vanguardista: realizado en ámbitos cercanos a la universidad y reflejo de las preocupaciones existenciales propias de la juventud de sus directores, que son ilustradas mediante el recurso a las técnicas surreales y expresionistas, a las que se une una renuncia deliberada al relato y la coherencia interna. Estas características exigen una atención particular por parte del espectador, quien tiene la misión de ir reuniendo y ensamblando las piezas aisladas y muchas veces contradictorias que el filme contiene en su duración.

Muchos de estos filmes fueron piezas únicas, aisladas e inconexas, en el sentido de que sus directores no continuaron las investigaciones que habían abierto, de manera que su evolución, encarnada en una trayectoria personal, sirviera de acicate a generaciones posteriores, al hacer presente de esa manera los logros pasados. Alguna excepción hubo, sin embargo, entre ella la de Stan Brakhage, cuya carrera comenzó precisamente en los primeros cincuenta y que hasta su muerte, ocurrida a principios de este siglo, se erigió como uno de los cineastas capitales del siglo pasado, mejor dicho, como uno de esos artistas capaces de cambiar de manera permanente y definitiva el modo en que un arte es contemplado y cultivado.

La compilación de Kino contiene cuatro de su obras de juventud: Interím de 1952, Unglassed Windows Cast a terrible reflection de 1954, y The Way to Shadow Garden y The Extraordinay Child, ambas de 1954. Lo primero que llama la atención de estas obras primerizas es su mimetización con el modo al que hacía referencia al principio, hasta el extremo de que, si nos avisará nadie las relacionaría con el estilo del artista norteamericano, basado en la superposición y yuxtaposicion de multitud de imágenes, y que en sus últimas expresiones se adentraría en la abstracción absoluta, pintando directamente sobre el celuloide.

The Extaordinary child, la más floja de todas, no pasa de ser una broma de estudiantes, mientras que Interim, a la que pertenecen las capturas del principio, es la narración estilizada de una relación amorosa que no llega a ser en medio de un paisaje urbano fuera de las rutas principales y caracterizado por la ruina y la desolación. Es sin embargo en Interim, donde el ojo atento puede empezar a percibir rasgos de lo que será el estilo mayor de Brakhage. En esta película, aunque su excusa argumental sea muy otra, la mirada del joven artista no puede evitar fijarse en las diferentes texturas de los ambientes que sus personajes cruzan. Una mirada en la que hay mucho de fascinación, de placer de mirar por mirar, de casi contemplación, y en la que desaparece todo tipo de juicio, aprobación y condena.
















En ese sentido, Unglassed Windows... supone un paso más allá. En sí, esta cinta sería simplemente otro firme de estudiantes, cercano al genero de misterio/policianco, en el que una pandilla de jóvenes se ven envueltos en una serie de sucesos que culminan en la muerte de alguno de ellos. La diferencia que introduce Brakhage, como puede verse en las capturas que anteceden, es que para él el auténtico protagonista no es ninguno de los jóvenes, presencias desprovistas de personalidad, sino el entorno extraño en el que se adentran, unaa minas abandonadas en estado de ruina, sobre las que la mirada de Brakhage adopta de nuevo ese estado de contemplación/fascinacion en el que los objetos más normales adquieren una presencia alucinatoria.

El más rádical de todos los cortos es quizás The Way to Shadow Garden, aunque sólo en su sección final. En esta cinta, Brakhage utiliza un recurso extremadamente sencillo y ciertamente manido como es el uso del negativo, para marcar el tránsito del protagonista a un plano distinto de consciencia tras haberse - literalmente - vaciado los ojos. En otras manos, este  uso del negativo, no habría pasado de ser un guiño, una de tantas cosas que se utilizan porque sí, sin saber muy bien para qué, pero en el caso de Brakhage, el negativo sirve para borrar toda referencia al mundo que conocemos, trasladándonos a un mundo irreconocible e inquietante, cuya plasmación en la pantalla adelanta los filmes abstractos que realizaría décadas más tarde, a partir de los años 80.