domingo, 19 de febrero de 2012

100 AS (LXXXIII): Lev a pisnicka (1959) Bretislav Pojar


Como todas las semanas ha llegado el momento de comentar un corto animado de la lista de cien mejores recopilada por el fesitval de Annecy en 2006. En este caso le ha tocado el turno al realizador checho Bretislav Pojar y una de sus últimas obras en Checoeslovaquia antes de emigrar a Canadá y convertirse en una de las presencias habituales de la NFB (de qué me sonará ese nombre). Se trata como aparece en el título de esta entrada de Lev a pisnicka (El león y la canción) realizado por Pojar en 1959.

En primer lugar las malas noticias, mis búsquedas por la internet no han conseguido encontrar una copia visible de este corto (aunque sí parece estar disponible en los sitios habituales de descarga). Por otra parte, mi copia personal, en un DVD recopilatorio de ganadores de Annecy, es de especial mala calidad, ya que el master tiene esos defectos tan molestos que se llaman vñideo entrelazado y "ghosting", de forma que aunque la calidad de imagen fija es realmente buena, como pueden apreciar en la captura, en cuanto hay algo de movimiento todo se viene abajo, impidiendo que como de constumbre intente ilustrarles la animación de un movimiento con una serie de capturas.

Pero volviendo a lo que quería contarles. Frecuentemente he señalado como al final de los 30 el estilo Disney se convirtió en el estilo dominante en la animación, monopoljo que sólo se quebraría con la irrupción de la UPA en 1950 y la ascensión de la animación experimental/independiente durante esa misma década. Explicado así, la animación mundial quedaría reducida a un supuesto páramo estético donde sólo existiría un oasis, lo cual como bien podrán suponer es completamente falso, ya que en ese desierto uniforme pervivieron varias corrientes subterráneas que influirían más tarde a toda la animación posterior, astragada del callejón sin salida Disneyano.

Una sería la animación Warner en los EEU, mientras que otra sería la animación de muñecos (puppet animation, que dicen los ingleses) esa técnica que se convertiría en sinónimo de la animación checa (y por extensión de los paises del bloque comunista) hasta constituir una escuela que hunde sus raíces en el periodo de entreguerras, sobrevivirá a la ocupación nazi y florecerá bajo la dictadura soviética, hasta llegar a nuestros días en figuras como Jan Svankmajer.

El padre de esta escuela de animación checa fue al gran animador Jiri Trnka (de quien ya comenté su corto Ruka, la mano), cuyas enseñanzas marcarían a toda una generación posterior de artistas, Svankmajer y Pojar incluidos. Para nuestra desgracia, Trnka moriría apenas comenzada la primavera de Praga, y a los ojos contemporáneos su animación puede parecer un poco pasada de moda, casi Disneyana, aunque sus temas y su tratamiento no puedan estar más alejados, y por supuesto, la perfección que consigue en el movimiento y la expresividad de sus marionetas sea aún hoy, tiempo de ordenadores, casi inigualables, logro importantísimo en una técnica como la puppet animation, que siempre corre el peligro de ser capaz de comunicar los sentimientos de sus criaturas.

Parte de esa injusta apreciación de Trnka, esa cursilería que no es tal, es aplicable también a los cortos de Pojar en su etapa checa. Lev e pisnicka parece contar al principio demasiado bonita, una historia la del arlequín que en su vagabundear llega a un oasis en el desierto y seduce a los animales que allí habitan, prototipo de ese tipo de poesía visual caduca que tanto enfadaba a la Nouvelle Vague y a los proponentes actuales del cine ascético. Un producto en definitiva que no pasaría de curiosidad y que sólo sería admirable por su nivel técnico.

Así sería, si no fuera por el repentino giro argumental que se produce a mitad del corto, con la irrupción de la muerte, irremediable e inevitable, y la transformación del corto en una compleja alegoría política, donde el artista, la persona, es aniquilada por el poder político, pero su arte acaba por sobrevivir a poderosos y magnates, que acabarán convertidos en polvo, como todos los que les han sucedido, mientras que las ideas, las creaciones culturales les sobrevivirán y serán disfrutados por personas que no habrán conocido a sus creadores, una vez abatido todo poder opresor.