domingo, 12 de febrero de 2012

100 AS (LXXXII): Le chapeau (1999) Michele Cournoyer






















Como todos los domingos, le ha llegado el turno a mi revisión semanal de la lista de mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy, la cual seguramente completaré, si todo va bien justo cuando vaya a empezar el verano. En esta ocasión, le ha tocado el turno a Le Chapeau (el sombrero) drigido en 1998 por Michele Cournoyer y, como no, producido por la NFB de Canadá, de la cual les ahorraré los elogios... sólo por esta vez.

Lo primero que llama la atención en este corto es el minimalismo de su propuesta expresiva, apenas unos trazos de pintura negra sobre fondo blanco, que apenas llegan a insinuar y recordar las formas que representan. Este radicalismo estético es bastante habitual en los ambientes de la animación experimental/independiente, como forma tradicional de huir del detallismo del estilo Disney, mientras que en los últimos tiempos sirve para oponerse al acabado brillante de la animación 3D y a su correlato en la 2D, el hiperralismo de los ambientes en que se mueven los personajes.

Esta restricción voluntaria de los recursos expresivos a disposición de un artista, tan similar a la decisión de un Rembrandt de limitarse a las tierras y los ocres, no significa que el corto no sea rico en hallazgos y soluciones estéticas. De hecho, lo que se nos propone es una continua metamorfosis visual, en la que una serie de formas que sirven de leit-motiv al corto (la niña y su forma adulta, el sombrero que sirve tanto para representar al padre y al resto de los hombres) van transformándose continuamente los unos en los otros, siguiendo una lógica interna, en la que tanto se aplica la deformación para que una forma primero sugiera otra para acabar convirtiéndose en ella, como esta metamórfosis se utiliza para realizar soldaduras visuales entre conceptos que van haciendo avanzar la historia.

Digo avanzar la historia, pero esto es un concepto equivocado, ya que no hay un hilo narrativo, sino un continuo saltar entre situaciones aparentemente desconectadas, cuyo único elemento de unión son las transformaciones visuales a las que hacía referencia. Es mediante esos saltos entre lo que suponemos ocurrió en el pasado y lo que pensamos está ocurriendo en el presente, que poco a poco se nos van revelando elementos de la historia, reforzados visualmente por otra serie de metamorfoso, de ilustraciones de conceptos abstractos que se tornan concreto y nos muestra lo que los personajes sienten/sintieron.

Porque lo que estamos viendo no es sino una sórdida historia de humillación sexual, en la que la protagonista primero sufrió abusos por parte de su padre, hombre sin cara identificado sólo por su sombrero, el mismo que portan los clientes acuden al local donde actúa esa misma mujer años más tarde. Un clima malsano donde unos, padre y clientes, se sienten con pleno derecho a hacer lo que les apetezca sobre las mujeres que dominan, hija/bailarina, sin tener que sufrir responsabilidad alguna por las consecuencias de sus actos, cuyo efecto recae enteramente en las víctimas que deben acatar sus órdenes, obedecer sus deseos.

Y como siempre, aquí les dejo con el corto. No necesitarán subtítulos, porque no hay diálogo alguno, ni es necesario, ya que las imágenes se bastan y sobra, en magnífico ejemplo de como la animación se la ha arreglado para conseguir que el cine mudo perviva hasta nuestros días... y también muestra magnífica de como la animación es capaz de abordar los temas más profundos, con mayor profundidad y altura estética que la de sus supuestos hermanos mayores, es decir, el largometraje de actores reales.