sábado, 10 de diciembre de 2011

Revolutionary Conservatives


 Una de las ventajas de ser un ignorante que se hace pasar por culto consiste sencillamente en que uno siempre encuentra algo nuevo con que sorprenderse, aunque esto sea moneda y lugar común para los que realmente entienden y conocen. Algo así me ha sucedido con la exposición dedicada en el Reina Sofia a Raymond Roussel y su influencia en la vangüardia que me ha servido para ponerme como tarea la lectura de sus dos grandes obras Impressions  d'Afrique y Locus Solus... aunque por alguna razón extraña (la lectura de este blog  ) ambos libros estuvieran en mi poder desde hace unos años, perdidos en la pila inmensa de lecturas pendientes.

Como suele ser habitual, las exposiciones del Reina Sofia sólo tienen un defecto, su cualidad enciclopédica, la cual obligaría a dedicar bastantes horas, más de las que uno dispone, a deglutir y digerir el material allí expuesto. No obstante, una mirada rápida permite apreciar que se ha conseguido reflejar la dualidad y contradicción intrínseca en la figura de Roussel, ya que este literato, como ocurre con el aduanero Rousseau o con el inclasificable Joseph Cornell, no deja de ser una personalidad decimonónica que haya sus iguales y compañeros entre la más rabiosa vangüardia.

En el caso de Roussel, la muestra nos muestra a una personalidad que vivía en el centro mismo de la vida artística parisina de hacia 1900 y que no concebía otra forma de arte que lo que esa sociedad consideraba como High Art, en extraña cercanía al otro paradigma del arte a ultranza que representara un Proust, pero que al mismo tiempo bebe de otras fuentes más populares, por así decirlo, como podrían ser las novelas de Verne y sus adaptaciones al teatro, y cuyas novelas acabaron por tener extrañas concomitancias con los filmes contemporáneos de un Mélies, aunque por supuesto, la influencia, permanencia y actualidad de Roussel exceden con mucho a la del pionero francés, desde hace decenios pieza de museo o presencia incómoda en la filmografía gala, perdida en otros derroteros.

Esa obsesión por el Gran Arte, le llevó perseguir toda su vida que sus escritos fueran reconocidos como tales, llegando incluso a adaptar sus novelas al teatro, produciéndolas y dirigiéndolas el mismo, una de las causas de su ruina, sin cosechar otra cosa que una curiosidad incómoda, cuando no el más claro desprecio... excepto, como digo, por esas personalidades de la vanguardia que militaban o habían militado en las filas del dada y el surrealismo, que vieron en Roussel uno de su padres espirituales, el ejemplo del arte que querían realizar y que vendría a dinamitar las estructuras anquilosadas del arte oficial, ése al del que Roussel se consideraba uno de sus exponentes.

Y es que esa coincidencia entre Roussel y dada/surrealismo (y luego con todos los movimientos y personalidades que buscaban un punto de vista paradójico y disonante) se debía a que el escritor tomaba, como ellos, los objetos habituales, las expresiones corrientes y las trasladaba a nuevos ambientes donde los elementos más absurdos y alucinatorios no encontraban impedimentos a su desarrollo. Así, el África de Impressions d'Africa, extraña mezcla de sueños infantiles llenos de maravilla por lo exótico y de imágenes distorsionadas producidas por el miedo colonial a lo desconocido (elementos ambos que cualquier niño europeo hasta 1980 era capaz de reconocer y comprender) acababa por ser una especie de inmensa feria de lo maravilloso y lo imposible, acumulado y aumentado hasta dejar de ser creíble, y vuelto a acumular y aumentar hasta que su propia maravilla volvía a hacerlo verosímil...  o como las extrañas máquinas que pueblan Locus Solus, imposibles de ser construidas, pero perfectas y racionales en su propio absurdo, como la máquina de pintar con luz que inspiraría las Méta-Matic de Tinguely.

En resumen, una obra inclasificable, que sus contemporáneos no entendieron. excepto, como digo, los más vagüardistas y que sirvió de inspiración y acicate a demasiados grandes artistas posteriores (Cortazar incluido) y que espero que cuando lo lea, también me apasione y me remueva, a menos que ya me haya vuelto demasiado viejo y desengañado.