domingo, 4 de diciembre de 2011

100 AS (LXXIV):Closed Mondays (1974) Wil Vinton





















Como todos los domingos (excepto el pasado, por agotamiento de éste su escribano) ha llegado el turno de comentar un corto animado de la lista de 100 recopilada hace unos años por el festival de Annecy. En esta ocasión, le toca a  Closed Mondays, producido en 1974 por Wil Vinton.

Debo decir que, como en otras ocasiones, el nombre de Wil Vinton no me decía nada, lo cual, por cierto, es una de las mayores virtudes de la lista de Annecy, el servir de guía en el riquísimo y variado mundo de la animación. Si se realiza una sencilla búsqueda en Wikipedia se descubrirá que el nombre de este animador americano llegó a ser sinónimo de la animación con plastilina durante los años 70 y 80, o que el cortoque estoy comentando ahora recibió el oscar al mejor corto de animación, en una de esas pocas decisiones justas de la academía, quizás porque en los 70 estaba más abierta a la experimentación y las formas poco habituales, al contrario que ahora, que la 3D,  representada Pixar y sus imitadores parece haber cegado el poco criterio crítico de los académicos.

Pero volviendo al corto, no es difícil darse cuenta de por qué recibió el Oscar, ya que se trata de una de las mejores muestras de las capacidades de la animación en plastilina, una de tantas variantes del stop-motion, pero la única que permite dotar a sus criaturas de una expresividad facial poco habitual en esa técnica y muy próxima a la que permite la animación tradicional (la 2D dibujada, digo). No obstante, esto no es lo más importante de la animación de plastilina, sino el hecho de que al trabajar con una material que es perfecamente moldeable, es posible conseguir con ello transformaciones casi imposibles, como demuestra la secuencia que he incluido como capturas, donde una máquina, al activarse, comienza a convertirse en todo tipo de formas e imágenes, hasta que, en una osadía del director, acaba convertida en esa masa informe y ya inútil desde ese instante, que todos hemos conseguido al combinar demasiadas barras de plastilina.

Queda por supuesto una pregunta muy importante, o al menos la pregunta que la mayoría del público se hace al juzgar un producto artístico ¿Cuál es el mensaje del corto? ¿Qué nos quiere decir? Pues en esta ocasión, más bien poco, lo cual no es ningún defecto, ya que la mayoría de los objetos de arte, al menos las artes plásticas y visuales no deberían ser juzgadas por su contenido - excepto si la propagación de esa idea es uno de los objetivos del artista - sino que en muchos casos, especialmente en la animación, la excusa argumental no es otra cosa que un andamio sobre el que se construye la auténtica esencia de la obra, el como es contado, o lo que es lo mismo, sobre un mismo argumento pueden construirse múltiples soluciones expresivas, sin que en principio unas sean mejores que otras.

En este caso, la anécdota es mínima. El caso de un borracho que se cuela en un museo cerrado por descanso del personal (el lunes al que hace referencia el título) y al que su delirio etílico le hacer creer que los cuadros cobran vida, momento que es utilizado por Wilson para dar esa lección sobre las posibilidades de la animación con plastilina... lección que, por supuesto, podría haberse basado en muchas otras excusas argumentales sin que el resultado final se hubiera resentido, pero al que su inclusión en un museo de arte parece darle otro significado mayor, el de las relaciones entre artista y espectador, forma y fondo, sentido y apariencia, como vendría a subrayar el sorprendente y predecible giro final.

Y como siempre les dejo aquí el corto. Perdonen su calidad, pero ya saben que estas cosas de la animación no son de las que se recojan en ediciones fastuosas y definitivas...