jueves, 1 de diciembre de 2011

Animal Urges


De mis (escasas) últimas entradas sobre anime, podría sacarse la impresión de que no sé muy bien de qué va la guerra, lo cual podría ser cierto, o mucho peor, que no tengo ningún sentido del humor, lo cual es completamente falso.

 De hecho puede que a muchos les sorprenda que una de mis series favoritas de este otoño (y les advierto, últimamente en el anime lo mejor aparece en las temporadas de reserva, otoño e invierno) es ni más ni menos que Ben-to, una serie desprovista de todo asomo de seriedad y profundidad, creada por un estudio apenas conocido, David Production, pero que ya hace unas temporadas se descolgó con una genialidad, Level E, que brillaba con fuerza en un panorama agostado por las múltiples repeticiones del paradigma moe.

¿Y de qué va Ben-to? Pues ni más ni menos que de las batallas, a puñetazos, patadas y todo tipo de mamporros que tienen lugar todas las noches entre una serie de jóvenes que acuden a los supermercados a hacerse con alguno de los Bentos, platos precocinados que sólo necesitan calentarse, que las tiendas ponen a mitad de precio a última hora del día, para liquidar los productos perecederos de los que no han podido deshacerse a lo largo del día.

Es cierto que cierto asomo de profundidad, o de satira social, hay en la serie, ya que esas luchas casi a muerte por la comida, no dejan de ser una representación muy acertada de los extremos a los que se llega por satisfacer nuestros apetitos, en este caso el hambre (el otro apetito sería el sexo, que tiene también un protagonismo más que destacado en la serie). Sin embargo, aunque siempre con un guiño permanente a la seriedad del asunto, la serie se decanta por el humor más descarado y desenfrenado, casi à la Warner, donde las batallas campales en que concluye cada capítulo son de una exageración tal que las hace especialmente gozosas y reconfortantes, lo cual se subraya con un sentido de la coreografía y un gusto por la representación del movimiento, aunque sea mediante la deformación, inesperado en la escuela japonesa, mucho más hierática y menos animada que la tradición occidental.

Un giro como digo hacia la parodia y la sana diversión que se haya reforzado porque los personajes huyen intencionadamente de los estereotipos que plagan las series actuales. Cada uno parece dotado de una madurez poco rara, producto de esa lucha por la vida, que les lleva a buscar y alcanzar lo que quieren sin titubeos ni dudas, y a mostrar sus sentimientos tal y como son, aunque pueden imaginarse que los guionistas disfrutan en representarlos de la forma más exagerada posibla para incrementar ese efecto cómico al que antes hacía referencia.

Sinceridad y madurez que llevan a que el sexo sea una presencia constante en la serie, como conviene a una serie que se ocupa de una de las grandes pulsiones de la humanidad, la comidad. Sexo y sexualidad que se presenta sin ningún tapujo ni cortapisas, en el sentido de que todos los personajes saben de su existencia y de su necesidad, tanto hombres como mujeres, lo cual no hace otra cosa que añadir más fuego y más diversión a la ya existente.

En resumidas cuentas, una serie más que refrescante en el panorama, al mostrar que existe otra vía aparte de la repetición de los consabidos estereotipos del moe... aunque en realidad no es otra vía, sino un camino mucho más viejo, pero no por ellos menos válido y reconfortante, el que nos lleva a la Warner y su descripción descacharante de las crueldades y miserias de la vida.