lunes, 5 de septiembre de 2011

The TDS File (XII): More Treasures From American Film Archives

Aunque no se note mucho en este blog, una de mis grandes pasiones cinéfilas ha sido el cine mudo, por esa limiticación suya transformada en virtud, que consiste en narrar historia sin recurrir a la palabra, o al menos, a un mínimo de palabras, las de los intertítulos.

Por eso, una edición como la que comentó, que se propone una recopilación de cine mudo que represente todos los ámbitos y todos los estilos de la producción de ese tiempo, de lo experimental a lo comercial, de lo aficionado a lo profesional, es una bendición para mis ya candados ojos. Desde entonces, he procurado no perderme uno de los recopilatorios de la National Film Preservation Foundation.

No les molesto más y les dejo con el artículo, con la ventaja de que, en esta ocasión, esta edición aun se puede adquirir por un precio razonable...
More Treasures from American Film Archives, 1894 - 1931

Año: 1894-1931
Duración: 9 horas 30 minutos (aproximadamente)
Distribuidor: National Film Preservation Foundation, USA, 2004
Especificaciones: Region 0 (NTSC) USA, Nº de discos: 3, B/N y Color. 1 cara, 2 capas (DVD-9), Libro de 200 páginas
Relación de aspecto: 1.33:1
Audio: Mudo con música incidental + comentarios.
Subtítulos: Ninguno.

La primera pregunta que cabría hacerse es: ¿A cuento de qué esta colección?

Se trata de una compilación de 50 filmes, cortos, medios y largometrajes, de tiempos del mudo. Salvo una cinta, concretamente El abanico de Lady Windermere (Lady Windermere’s fan) de Ernst Lubitsch, las películas son en su mayor parte completamente desconocidas, celuloide rancio y olvidado. Podría pensarse, y con razón, que se trata de un ejercicio vacío de arqueología fílmica, algo reservado a conaisseurs aburridos, hartos de ver una y otra vez las grandes obras. Una trampa para aficionados hastiados, en busca de experiencias nuevas y desconocidas, con las que presumir ante los amigos.

Una edición completamente prescindible, por tanto.

Pero permítase un experimento mental. Supóngase por un instante, que de todo el cine de los 90 sólo se hubiesen conservado dos cintas tales como El sabor de las cerezas de Abbas Kiarostami o El dulce porvenir de Atom Egoyan. Supóngase también que,  decenios tras decenio hasta llegar al 2060, análisis tras análisis se hubiera realizado partiendo de estas dos películas, tomándolas como muestra y definición de una época.

Imagínese ahora que, por una afortunada casualidad, se encontrara un arca de plomo llena a rebosar de celuloide antiguo. Imaginemos también que quienquiera que hubiese escondido aquella arca del tesoro, hubiera embutido en ella cualquier cosa que le cayera en las manos, anuncios, vídeos domésticos, documentales, animación, seriales, películas comerciales, películas experimentales, cine comprometido... sin ningún criterio aparente, aparte de reunir todo lo que se puede capturar con una cámara.

Se pensaría seguramente que ese desconocido se había vuelto loco, que no sabía lo que se hacía. Dejar de lado grandes obras y volcar su atención en minucias...  Al fin yu al cabo, cuando estaban completamente olvidadas, sería por alguna razón. Si fueran buenas, se continuaría hablando de ellas, si no se hace es porque no lo valen.

Y sería una gran equivocación.

A Bronx Morning, Jan Leyda, 1931

Con esta colección, se nos está proponiendo un viaje a un pasado cercano, del que creemos que nos separa un abismo, cuando no es así. El espectador que se tome el trabajo de recorrer las 9 horas y media de este edición, y que lo haga con la misma falta de prejuicios que sus compiladores, puede llevarse una gran sorpresa.

La misma que me llevé yo.

Lo que nos propone esta edición no es un simple viaje al pasado, el mero interés sociológico en conocer sociedades, constumbres, modos de pensar, ya desaparecidos. Más bien se trata de asimilar sus fundamentos estéticos, de captar los problemas formales a los que se enfrentaban, de comprender las soluciones que proponían.

Tampoco se trata de esto, porque entonces no seríamos más que bibliotecarios que revisan ente los legajos, enciclopedista copiando artículo tras artículo. Si no se deriva un cierto placer de la contemplación de este cine arcaico, la edición no servirá más que para coger polvo en las estanterías... o para presumir

El reto es conseguir meterse en la piel de nuestros antepasados, llegar a pensar como ellos, disfrutar anticipando sus caminos, sorprenderse cuando se salen de la ruta trazado. Descubrir, en definitiva, que no somos tan diferentes como nos creíamos, darse cuenta de la artificialidad de nuestra mirada y de la falsedad de nuestros presupuestos artísticos.

Pero basta ya de hablar del contenido, tiempo de habrá de volver sobre él. Ahora hay que tratar los temas más técnicos.

Imagen

Tratándose de material de los primeros tiempos del cine, no podemos esperar la calidad digital, tan de moda en nuestros días. Obviamente, el paso de los años ha atacado al celuloide, difuminado los contornos, apagado los colores y cubierto de arañazos la imagen.

Como es de esperar, por tanto, una buena parte del material incluido en la edición traiciona su edad, tanto por los daños debidos al paso del tiempo, como por las imperfecciones técnica de la época. Sin embargo, hay que decir que la calidad de la edición, teniendo en cuenta la edad de las cintas, es impresionante. Como prueban las capturas que hemos incluido, en ocasiones llega a parecer que el celuloide haya sido impresionado ayer mismo. El esfuerzo de la National Film Preservation Foundation, una organización sin ánimo de lucro del congreso de los EEUU, se deja ver en cada detalle, tanto por la selección de masters, esta vez sí los mejores disponibles, como por la calidad de la transferencia, sin artefactos visibles ni errores de compresión.

The Breadth of a Nation, Gregory la Cava, 1916

A destacar también que no nos encontramos ante una restauración intrusiva, tan dada a inventar detalles inexistentes o a la ultracorrección. Como se dice en las notas introductorias, el mayor trabajo ha consistido en pasar el material de los nitratos originales a un soporte más estable y resistente. En este proceso se ha procedido por supuesto a su limpieza y consolidación, pero se ha intentado no desvirtuar el material original.

La cuestión es importante. Una mancha podía estar ya en el material de origen. Eliminarla puede suponer llevarse por delante parte de la imagen original. Al aclarar una escena obscura se puede estar destruyendo el efecto buscado por los creadores. En este caso se ha optado por la prudencia, lo cual me parece bastante loable, especialmente si se considera que el objetivo final de estas restauraciones no ha sido editar esta colección de DVDs.

El objetivo primordial es conservar y difundir la herencia fílmica que se va perdiendo poco a poco. De cada película restaurada se ha hecho una copia para la proyección que se distribuirá entre diferentes instituciones de los EEUU, de forma que el público en general pueda ver estas películas en la pantalla grande. Este DVD es sólo un subproducto de la iniciativa, muy importante en el sentido de darle mayor publicidad y resonancia, y como modo de reunir dinero que permitir la restauración de otras películas, pero en ningún caso ha sido la justificación del proyecto.

Audio

Puede parecer extraño que se hable de sonido tratando de películas mudas, pero se estaría olvidando la música incidental con la que se acompañaba la proyección de estas películas. Con demasiada frecuencia, en las ediciones actuales, la música de acompañamiento se limita a música pseudoelectrónica, frecuentemente desconectada de las imágenes que acompaña, órgano/piano que intenta representar la visión de un espectador de la época y que suele quedarse sin ideas a los pocos minuto, o música clásica más o menos enlatada, más o menos descriptiva o evocadora.

Con estos enfoques se está olvidando la variedad de experiencias musicales de tiempos del mudo. Dependiendo del cine al que se fuera, bien una sala en algún pueblo perdido, bien la gran pantalla de una metrópolis, el espectador podía encontrarse con una inmensa variedad de soluciones musicales, desde el músico local que improvisaba partiendo de un repertorio conocido, hasta la gran orquesta que interpretaba una partitura expresamente compuesta para la película. Asímismo, se deja a un lado la variedad de experiencias musicales de aquella época, testigo de una triple revolución musical, a saber, el advenimiento del dodecafonismo, la aparición del jazz y la posibilidad, al alcance de casi todos, de grabar y reproducir las interpretaciones musicales.

The Flute of Khrisna, 1926

Es este rico mundo musical el que se intenta reflejar en esta edición. Películas con diferentes objetivos estéticos y destinadas a públicos distintos reciben también músicas distintas, todas ellas dentro de los márgenes de la época. Así por ejemplo, los filmes experimentales van a recibir música experimental, del estilo que un oyente culto de esa época esperaría, las filmaciones documentales reciben el ambiente local, aquellos sonidos que un viajero de la época podrían haber escuchado en su camino, mientras que en los  productos más comerciales, se utilizan ritmos y melodías menos serios o más fáciles.

Como puede comprobarse, las partituras han sido escritas e interpretadas especialmente para esta edición.  Músicas que en muchas ocasiones se ajustan, como se ha señalado, al espíritu e intenciones de la cinta y que e ningún caso intentan arrogarse más importancia que las imágenes que ilustran, error demasiado común en muchas músicas incidentales Música que cumple su misión de servirnos de puerta de entrada al mundo de estas películas. Música, en definitiva, que amplifica la fascinación propia de estas imágenes y que acaba por convertirse en casi inseparable de la mismas cintas, como si hubieran sido concebidas al mismo tiempo.

Extras

Como hemos dicho, la edición ha sido realizada por una agencia gubernamental de los EEUU, con el propósito expreso de conservar estas cintas y de dar a conocer al público el pasado cinematográfico de su país. Una edición de estas características, pedagógica en el mejor sentido, se quedaría coja si no contase con extras.

El primero, que también aparece contenido de los DVD, es un libro de casi 200 páginas, en el que se explica con gran detalle los orígenes, intenciones, importancia y singularidad de cada una de las películas presentadas. De forma inesperada, un espacio casi igual al comentario de la cinta ha sido dedicado también al acompañamiento musical, explicando las razones por las que tal o cual melodía ha sido elegida. Leer estas notas se convierte, por tanto, en un complemento perfecto para las imágenes propuestas. Si ver esta edición es comparable a un viaje, este libro es la guía de bolsillo, que nos permite meditar sobre lo que hemos visto y escuchado, para comprobar si nuestras impresiones andaban erradas.

Skyscraper Symphony, Robert Florey, 1929

Destacar también que, de vez en cuando, se incluye con cada comentario una lista de ediciones en DVD con otras obras del director o, simplemente, de temática similar, además de una pequeña bibliografía con las que ampliar el conocimiento del tema. Es alentador. Evidentemente se está pensando que el espectador va a quedar fascinado por lo que está viendo y deseará saber más. Lo cual constituye un gran elogio tanto para los espectadores como para los responsables de esta edición. Lamentar que la DVDgrafía (si se me permite el neologismo) abarque solamente zona 1, pero creo que a estas alturas esto no supone ningún problema para nadie.

Aparte del libro señalado, un buen número de películas vienen acompañados por audiocomentarios, a cargo, por razones obvias, de historiadores y conservadores. Desafortunadamente y dado las características mastodónticas de la edición, no me ha sido posible examinarlos en su totalidad, aunque sí puedo decir que el enfoque es el opuesto a los comentarios habituales, es decir, nada de anécdotas bobas de rodaje, sino mucho análisis social, relaciones con otras obras de su tiempo, factores técnicos/estéticos, etc, etc. Algo que puede resultar pesado y árido en ocasiones, pero que, si se deja uno llevar, es tan fascinante como la música y las propias imágenes.

Un pero, sin embargo. Dos, en realidad. Como ya se ha comentado, la música incidental es tan apropiada, que resulta muy difícil ver las películas sin ella, especialmente cuando lo que se tiene que escuchar es la voz monótona y apagada de un estudioso... El otro pero es mucho más importante. Se trata de una edición del imperio y por tanto no se cuenta con subtítulos de ningún tipo.

Contenido

Llegamos ahora al punto importante de la edición, no sólo de esta, sino de toda edición. Hemos señalado el cuidado puesto en la restauración y el transfer, el trabajo en elegir los acompañamientos musicales, la amplitud de los extras, pero si nos fallase el contenido, no tendríamos más que un inmenso envoltorio vacío

Como se ha indicado ya, el primer acierto de la edición es su propia variedad, tanto temporal como estilística. A medida que se avanza en los diferentes DVDs se va saltando de un decenio a otro, de un estilo a otro, de unas pretensiones a otras, de un público a otro, sin que sea posible descubrir, al menos al principio, cuál es el criterio seguido en la selección, o cuáles son los motivos que explican el orden de presentación.

Sin embargo, uno de los mayores placeres de esta colección es, como también he apuntado, simplemente sentarse frente al televisor e ir descubriendo una cinta tras otra, Olvidar por un instante cuales son los parámetros por los que medimos el buen o mal cine y dejarse llevar. Sólo si se acepta ese reto, podrá disfrutarse de la edición... para llevarse unas cuantas agradables sorpresas a cambio.

El desorden cronológico al que nos referíamos es una virtud, no un defecto. Si se hubiera escogido una estricta presentación año por año, el propósito pedagógico, comparativo en realidad, se hubiera ido al traste. Saltar de las primeras películas Edison a los experimentos en el sonido de Lee de Forest, permite comprobar de un solo vistazo, la impresionante evolución del cine en la época muda, tanto en sus presupuestos estéticos como en los aspectos técnicos, así como la acelerada transformación de los gustos del público, enfrentado al nuevo arte del siglo.

There it is, Charles R. Bowers, 1928

Examinemos dos cintas como Children Who Labour (Niños que trabajan), 1912, encargada por el National Child Labor Comittee y  The Passaic Textile Strike (La huelga de los telares Pasaic), 1926, rodada por el Passaic Strike Relief Committee. Una advertencia, sin embargo. Mi elección no es inocente, al tratarse ambas de cine político nos permiten examinar mejor aspectos como la evolución social y política. En ambas cintas se aborda un tema polémico, antes y ahora, la situación de explotación de los trabajadores, infantiles en un caso, adultos en el otro. Ahí se acaban las similitudes,  una ha sido encargada por una organización gubernamental y encargada a una gran empresa, la Edison, la otra ha sido rodada de forma artesanal por los propios trabajadores en huelga.

Simplemente esta diferencia en los comitentes hace que el enfoque y la resolución del conflicto sean completamente distintos en ambas. En la película de 1912 se obra una reconciliación social, la reconstitución del sistema, más justo y limpiado de errores, mientras que en la de 1926, ésta es imposible y sólo puede resolverse con la victoria de una de las partes. No es menos importante darse cuenta que las dos películas reflejan Américas casi opuesta, un mundo completamente transformado tras la primera guerra mundial, la Red Scare influida por la revolución rusa y el ambiente de ilegalidad de la prohibición. Se ha producido el salto de la inocencia de la época Victoriana al compromiso y urgencia políticas de los años 20 y 30 del siglo XX.

Tan importante, más importante incluso, que las transformaciones políticas, son las transformaciones estéticas. La película de 1912 es Dickensiana en su naturaleza y utiliza el folletón más descarado para transmitir su mensaje social. La cámara es estática y su punto de vista, como muchas otras películas de los inicios del cine, es el del espectador sentado en la platea del teatro. La película de 1926 se basa en el realismo para transmitir su mensaje, rodando al aire libre, en los escenarios donde tiene lugar la huelga y utilizando a los obreros como actores. No renuncia, sin embargo a los aspectos más melodramáticos para impactar a la audiencia, pero la cámara se ha hecho más audaz y atrevida, más natural podría decirse. Esta salto resume la evolución del cine mudo en su totalidad, de la teatralidad a la realidad, del estatismo y la rigidez al dinamismo y la variedad.

En esta comparación se muestra otra de las grandes virtudes de la edición, su diversidad de fuentes. Hubiera sido muy sencillo limitarse al gran cine, entiéndase este como cine conocido, cine de calidad o cine experimental. La edición, como se ha dicho, abarca un amplio espectro de experiencias cinematográficas, desde el serial, la propaganda, la publicidad, el dramón descarado o la película comercial hasta el cine experimental, el documental, o como decíamos, la obra de calidad (gran director, grandes actores, gran historia, gran producción).

Este amplitud de miras permite descubrir auténticas joyas. Véase, por ejemplo A hold-up in the Rockies (1906). Su anécdota es mínima. Nos cuenta simplemente un asalto a un tren, seguido por la huida de los bandidos y su posterior detención. Durante la primera parte, los sucesos en el interior del tren, la cinta es estática y teatral, en el sentido directo del término. Se podría pensar que estamos en un teatro asistiendo a una representación. Sin embargo, cuando se produce la huida de los atracadores, la película sufre una metamorfosis. La huida, persecución y captura está rodada en un solo plano secuencia, desde el punto de vista de la locomotora, acelerando y decelerando con ella, siguiendo con la mirada la huida de los bandidos a lo largo de la vía. El efecto es sorprendente, apabullante incluso, simplemente porque esta audacia era impredecible un instante antes.

Razones de espacio y, por supuesto, la exigua paciencia de mis lectores, me impiden continuar con el análisis de los contenidos. Se podrían llenar páginas y páginas comparando y analizando las cintas, pero es algo que cada espectador debe hacer por sí solo, adentrarse en el laberinto que es esta edición y disfrutar perdiéndose en ella.

Por esta razón voy a concluir señalando algunas de mis favoritas.  El ballet filmado en color The Flute of Khrisna , el surreal y absurdo corto cómico  There it is, las visiones experimentales/documentales de la ciudad de Nueva York, A skyscrapper symphony y A Bronx’s day, el gozoso corto de animación The breadth of a Nation, dirigido ni más ni menos que por Gregory La Cava, los cortos de animación de los injustamente olvidados hermanos Fleischer o los apuntes documentales sobre el sur profundo, llenos de lirismo, de Zora Neale Hurston.

Y por supuesto, la joya de la corona. La magnífica Lady Windermere’s fan. Un prodigio de sensibilidad, insinuaciones y dobles sentidos, conseguidos sólo con el montaje y las miradas de los actores, una maravilla que sólo podría firmar un gran maestro como Ernst Lubitsch.




Conclusión

Me resulta difícil recomendar esta edición al público en general. Primero, por mi propia pasión por el cine mudo, que me hace estar predispuesto favorablemente al material que aquí se ofrece. Segundo, porque el primitivismo técnico o la sensiblería decimonónica de algunas de ellas bastan para echar para atrás a los espectadores que gustan de cine más “adulto” o “maduro”.

Sin embargo, para todo aquel que acepte el reto y se atreva a rebuscar entre estas cintas, la experiencia es sencillamente enriquecedora. Como ya he señalado antes, lo que nos propone esta edición es un viaje de conocimiento, no sólo a otros tiempos y otros modos de pensar, sino a las propias esencias del cine. Creámoslo o no, los problemas estéticos básicos de la cinematografía siguen siendo los mismos que hace 80 o 100 años, qué es digno de ser presentado y cuál es el modo apropiado de hacerlo.

Por eso, lo mejor que se puede hacer es sentarse frente al televisor y dejarse seducir por la pantalla.

Merece la pena.