viernes, 9 de septiembre de 2011

Up, Up, to the Heavens!









Ayer, me enteré de la muerte de Jordan Belson, por supuesto fuera de los ambientes de la animación, la desaparición de este creador abstracto paso completamente desapercibida, lo cual es natural, ya que interesa a una minoría dentro de una minoría, pero dice mucho de como los custodios del cinematógrafo contemplan este arte con las mismas anteojeras de burro de las que acusan a los demas.

En fin, las palabras anteriores pueden parecer algo duras (y realmente lo son) pero se deben no sólo al impacto de la noticia, sino especialmente a que hace unos fines de semana descubrí a uno de esos animadores de genio, el artista contemporáneo holandés que se oculta tras el pseudónimo de Rosto, y su trilogía Mind My Gap, compuesta de Beheaded, Anglobilly Feverson y Jona/Tomberry, a cuya segunda entrega pertenecen las capturas que abren esta entrada.

Mi temor, completamente fundado, es que esta trilogía pase rápidamente al olvido, ese olvido motivado por la ignorancia y la sapiencia, ambas demasiado orgullosas para concebir que pueden desconocer algo, cuando Mind My Gap es una auténtica obra maestra, de esas capaces de vaciar tu mente y hacerte perder el sueño, incluso en un mundo y un tiempo como éste que parece haberlo visto todo y no esperar ya nada.

Obra maestra, digo, y los que me conocen saben que no me gusta utilizar esta palabra, y si tuviera que explicar porque la utilizo diría que es debido a que Rosto es uno de los pocos animadores contemporáneos capaces de mezclar técnicas completamente dispares para crear un todo armonioso, y de utilizar las posibilidades del ordenador en la creación de formas completamente nueva, no perdido en mejora lo ya conocido o ese espejismo consistente en recrear una realidad más real que la misma realidad percibida, y que astraga la 3D actual.

 Las capturas que incluido creo que son ejemplo suficiente de la calidad visionaria y alucinatoria que alcanzan esas imágenes nuevas que Rosto sueña y nos permite compartir. Un aspecto, el de sueño, pesadilla o visión, que se extiende a los temas narrados, extrañas historias ambientadas en mundos desquiciados, reflejo distorsionado del nuestro, pero que acaban asemejándose a fábulas moralizantes o parábolas religiosas, cuyos modelos e inspiración resultan inquietantemente familiares y cercanas, al menos para aquellos educados en el tronco casi común de la cristiandad y de la cultura grecorromana, pero cuyo significado y moraleja final, en claro giro postmoderno, se nos ocultan y se nos hurtan, mejor dicho, se nos revelan inexistentes.

En resumidas cuentas, háganse con estos cortos y, como el propio artista recomienda, apagen las luces y contemplenlos a solas, al brillo tembloroso de la pantalla de su televisor.

No los olvidarán.