domingo, 11 de septiembre de 2011

100 AS (LXVIIb): Walking (1968) Ryan Larkin










Como todos los domingos, toca revisar la lista de mejores cortos animados que recopilara el festival de Annecy. Como en otras ocasiones, nos trasladamos a la lista b, la formada en la compilación que corre por la internet con otros cortos no menos importantes, cuando no se encontraban los que figuraban en la lista general. El agraciado ha sido un corto que olvide comentar hace un par de semanas, cuando me ocupé del Ryan de Chris Landreth, se trata, como pueden figurarse, de Walking rodado en 1968 por Ryan Larkin, y uno de los tres que pudo completar antes de que su cerebro se derritiese.

Para explicarles la importancia de este corto, tengo que citar a una profesora y directora de animación que conozco virtualmente. Según ella, el auténtico arte del cinematógrafo no es el cine que conocemos, sino la animación, y casi se puede decir que no hay mejor prueba de ese argumento que el corto al que dedico esta entrada.

Me explico.

Parte del placer de la animación, al menos para los que tenemos ya cierta edad, es esa magia que supone ver como lo inanimado, unas líneas sobre un papel, un muñeco, los objetos cotidianos, cobra vida repentina. Se podría decir que es ahí donde reside la esencia de la animación, en esa broma que los primitivos repetían una y otra vez, la mano que frente a la cámara realiza un diseño y que de repente, desaparecida la persona creadora, es capaz de moverse por sí sola; y de hecho, una y otra vez esa vuelta a los orígines, ese dejar ver la trastienda de la técnica, ha resurgido una y otra vez, en creadores de objetivos completamente dispares.

Es esta fijación con el movimiento, la que ha producido cortos como el que ahora nos ocupa, casi abstractos en el sentido de carecer de tema y de intentar reproducir un movimiento con absoluta perfección y precisón. En el caso de Walking ese movimiento es el acto de caminar, lo más difícil que podía pretender reflejar un animador de antaño y que sólo los que contaban con mucha experiencia podían esperar replicar. Puede parecer extraño, pero el representar a una persona caminando requiere de grandes capacidades de observación y del suficiente habilidad técnica para ser luego capaz de representarlo sin que, por ejemplo, la figura se deslice o patine sobre el suelo, sino que cada paso transmita el peso y el esfuerzo que esperamos de la agilidad, la fuerza o el volumen de la figura representada.

Es por ello que el Walking de Ryan constituye un auténtico tour de force animado, no es que simplemente reproduzca los andares de diferentes tipos humanos, con una certeza casi fotográfica, sino que es capaz de hacer verosímil ese acto de andar desde diferentes ángulos, que deforman la perspectiva y que en muchos casos sólo pueden reproducirse ahora con ayuda del ordenador, ademas. de, y eso es lo más importante, reducir al mínimo el detalle de las figuras, hasta convertirlas en simples manchas o agrupaciones de manchas, sin que ello evite que las reconozcamos y seamos capaces de predecir el andar que le corrresponde.

Como digo, un auténtico milagro animado. Un corto que, sin tema alguno, es capaz de hacernos vibrar simplemente mostrándonos como la gente anda, obligándonos a mirar aquello que por mera cotidianedad tenemos completamente olvidado. Un logro máximo que pocos animadores y menos directores de cine han sido capaz de igualar... y todo en escasos cinco minutos.

Así que, como siempre, aquí les dejo el corto. Disfrutenlo y asómbrense.



Walking de Ryan Larkin por Tuturum