domingo, 22 de mayo de 2011

100 AS (LVI): Egged On (1926) Charley Bowers














Como todos los domingos, ha llegado el momento de revisar un corto de la lista de mejores cortos animados, recopilada hace tiempo por el festival de Annecy. Se trata, en esta ocasión, de Egged On realizado en 1926 por el animador y cómico del cine mudo Charley Bowers.

Como ya indicara en otra entradas anterior, Bowers es una de las personalidades más olvidadas, no ya de la historia de la animación, sino de la historia del cine mudo. En su contra jugaron muchos factores, no siendo el menor que cuando empieza su carrera en solitario, hacia 1920, los grandes cómicos del cine mudo, Keaton, Chaplin, Lloyd, ya llevan una década de trabajo tras ellos y empiezan a dar el salto al largometraje, de forma que cualquier cómico posterior a esa fecha quedará eclipsado por la fama de sus predecesores, especialmente alguien como Bowers que no supo forjarse una imagen característica y tendía a parecerse demasiado a una copia barata de Keaton.

Esto provocó que Bowers, fuera rápidamente olvidado con la llegada del sonoro, aunque en los años 30 llegara a producir un puñado de cortos sorprendentes, y que su obra estuviera a punto de perderse, sino hubiera sido por el esfuerzo de los conservadores de algunas filmotecas  francesas, que encontraron por causalidad, entre los saldos de los proyeccionistas ambulantes, unos cortos nunca vistos de un cómico desconocido, y lanzaran una operación de busca y captura por todo el mundo, para tratar de hallar nuevas producciones atribuibles a ese artista, cuyo resultado fue salvar una fracción apreciable de su obra de los años 20 y 30 antes de que desapareciese definitivamente... y aún así, de algunas se han perdido algunos rollos y se conservan en adaptaciones a otros países, sin los intertítulos originales y probablemente mutilidas.

Pero, se podrán preguntar ¿Qué hace tan importante a Bowers? Ya he dicho que no es un cómico con una especial vis cómica, lo que le convierte automáticamente en una figura de segunda fila, comparada con los grandes. No obstante, lo que hace diferentes y originales a su cortos, es algo muy distinto, es su afición por la máquina absurda e incompresible, seguramente un producto de su formación como animador en los inicios, y su inmensa habilidad para animar lo imposible con la ayuda de la stop motion, mezclando la acción real con la animación, y consiguiendo efectos rayanos en el puro absurdo y que maravillaron al surrealista, aunque estos ignoraran quien era el creador de esas maravillas.

El corto que nos ocupa, aunque mayoritariamente de acción real, debe su fama a que contiene al final una de esas secuencias imposibles que son características de Bowers y que aún hoy son capaz de asombrar a cualquier espectador, por muy astragado que esté su gusto debido a la 3D. Parte la he ilustrado al principio, y van a permitirme que se la narre, por razones que pronto descubriran. Simplemente, nuestro héroe se ve obligado a transportar en coche una cesta de huevos sin que se le rompan. su solución es colgarlos encima del motor, suspendidos por gomas. De esta manera con sigue llegar sin incidencias, pero cuando abre la tapa del motor, encuentra que el calor los ha incubado y están eclosionando... para dar nacimiento a una multitud de pequeños autos, que descienden de su madre e invaden toda la habitación, en una escena asombrosa, no solo por los efectos en que los huevos dan lugar a los coches, sino por las escenas en que decenas de ellos corren por la habitación, con Bowers en medio de ellos observándolos.

Es una escena que tuvo que ser filmada fotograma a fotograma, moviendo levemente cada coche y con Bowers sentado allí inmóvil. Es tan difícil que es imposible que saliera bien, y sin embargo Bowers lo consigue, sin ayuda, como podrán suponer de ordenador alguna. Una escena imposible, pero que no solo asombra por su dificultad, sino porque Bowers se las arregla para que sea incluso humorística, ya que los pequeños coches se reunen debajo del auto que les ha incubado, el cual dobla sus ruedas para incubar la pollada.

Y esto en dos minutos de auténtica maravilla, como digo.


Desgraciadamente, en las internets no he podido encontrar una copia del corto, les dejo con un fragmento no menos sorprendente, el final de it's a bird de 1930.... y cuando lo hayan visto, piensen en el tiempo en debieron dedicar a crear esa escena, sin ayuda alguna ordenadores, todo a mano, y asombrénse de la perfección con que está acabado.