sábado, 23 de abril de 2011

They Were always there

Autorretrato pintando a la virgen, Sofonisba Anguissola

Los que sigan la temporada expositiva madrileña, sabrán que el Museo Thyssen tiene últimamente la tendencia de organizar exposiciones temáticas que intentan estudiar un tema en profundidad. Esta apuesta no deja de ser arriesgada, ya que depende mucho de dos factores, la pertinencia de los cuadros y la calidad de los mismos. No es la primera vez que una de estas macroexposiciones se va al traste, a pesar de toda la publicidad y autobombo que suele rodearlas, precisamente por que sus ejemplos, cuando no su tesis, estaban cogidos por los pelos o bien porque las obras recopiladas no eran, ejem, de lo mejor de la producción de estos artistas, o los pintores parecían haber sido sacados de un todo a cien museístico, en el que los conservadores habían intentado quitarse el compromiso de encima mandando las obras sobrantes de su colección.
Autorretrato como Alegoría de la Pintura, Artemisa Gentileschi

No es el caso de la presente exposición Heroínas, que puede visitarse aún durante varias semanas y dedicada a la imagen positiva de la mujer en la pintura, fuera de los papeles tradicionales de virgen, madre y santa, llegando incluso a mostrar como una visión actual pueda llegar a desmontar las imágenes negativas, bruja, bacante, amazona, para convertirlas en armas en la lucha por la igualdad y la liberación... ideas nuevas que en muchas ocasiones estaban implícitas en los mitos originales y que eran parte de la razón de su perenne atractivo y su larga permanencia, a pesar de haber sido creados por sociedades eminentemente machistas.

Autorretrato, Angelica Kauffmann

No obstante aparte de esta relectura política de la pintura de antaño, que siempre puede dejarse un poco de lado a pesar de su pertinencia y necesidad, o de la acumulación de obras decimonónicas, académicas y relamidas, que ahora está de moda situar al mismo nivel que las de la vangüardia, aun cuando unas abrieron nuevos caminos, el arte de ahora mismo, y las otras no hicieron mas que reiterar lo ya acabado, la auténica perla de la exposición se encuentra, como siempre, en la Fundación CajaMadrid, en cuya segunda planta puede encontrarse una auténtica galería de Heroínas: las pocas mujeres que en este mundo de hombres consiguieron hacerse un hueco como profesionales tan válidos como sus colegas del sexo opuesto.





Autorretrato,Elisabeth Louis Vigée-Lebrubn




Unas pintoras cuya obra siempre ha estado ahí, colgada de las paredes de los museos, a la vista de todos, aunque a veces con atribuciones equivocadas, pero que por alguna razón demasiado evidente nunca hemos querido ver, a pesar de la calidad, de la sorprendente e inesperada calidad de algunas de ellas, especialmente por las dificultades y el desprecio que todas ellas debieron atravesar en su carrera.

Autorretrato, Marie Bashkirtseff

Una larga secuencia de grandes artistas cuyo inicio se produce en un instante preciso, podría decirse que necesario: El final del renacimiento, cuando personalidades como Rafael, Leonardo, Miguel Ángel o Tiziano habían hecho trizas la imagen del artista artesano/obrero manual y demostrado que con la pintura podían alcanzarse las misma cumbres que con la pluma y aspirar a los mismos honores. El momento preciso en que un noble de la Lombardía decide que todos sus hijos, independientemente de su sexo, van a recibir la misma educación y de resultas, una de ellas, se convertirá prácticamente en la primera pintora de la historia moderna europea, de la que se nos ha conservado el nombre, ayudada por su fortísima personalidad y por su no menos diamantina voluntad.

Autorretrato, Berthe Morisot

La primera, pero no la única, pues sabemos que una de las hijas de Tintoretto era una pintora consumada, cuya muerte temprana segó su carrera y unas décadas más tarde, Artemisia Gentileschi se convertiría en la primera mujer en ser admitida en la Academia de las Artes del Dibujo florentina, a la que  habían pertenecido prácticamente todos los nombres importantes de la pintura renacentista.

Autorretrato, Elin Danielson-Gambolgi
Una secuencia que a partir de ese momento no se interrumpiría, con cada siglo aportando nuevos nombres, de cuya historia, esta galería de notables de la exposición de la Thyssen, en su continunación Caja Madrid, es un magnífico resumen, a pesar de la ausencia estruendosa de pintoras como la americana Mary Cassat, la otra gran impresionista, junto con Berthe Morisot, pero aún así, necesaria, al hacernos darnos cuenta de la extensión de nuestro olvido, de cuantos nombres, cuantas personalidades, cuantas obras, desconocemos aún, por nuestra comodidad en recorrer siempre las mismas sendas trilladas.


Autorretrato, Charley Torop
Una galería de pintoras, finalmente, ocupadas en retratarse a sí mismas, en mostrarse como dignas de ese trabajo que desempeñan y a la altura de cualquiera de sus contemporáneos, en la que lo más nos sorprende es la energía, la resolución, la fuerza de voluntad inquebrantable con la que han querido ser vistas por nosotros.

Autorretrato, Lee Krasner

La de las personas que han tenido que luchar incesantemente por aquello que ansiaban y que nunca han aceptado la derrota.