martes, 12 de abril de 2011

In tempore belli
















Hablaba el domingo de los muchos Disney que hay en Disney, tan distintos de la imagen comúnmente asumida y que la misma compañía se esfuerza día y noche por transmitir como única posible. Entre esos Disney chirriantes se haya toda la producción de tiempo de guerra, propaganda diseñada para apoyar el esfuerzo bélico de los EEUU durante la segunda guerra mundial y en la que la ñoñería, sensiblería y sentimentalismo de esta productora desaparecen por completo.

Durante estos últimos fines de semana he estado revisándo esa producción gracias a los recopilatorios editados hace ya tiempo en los EEUUU, entre los cuales pueden encontrarse cortos dedicados a la instrucción de los soldados (los peores del lote), anuncios para fortalecer la moral de la población (sorprendentes en la representación de la amenaza nazi), cortos propagandísticos en los que se exaltan las virtudes de la democracia, frente al totalitarismo y vandalismo del eje, y otros en los que se recluta a los personajes habituales del estudio para mostrar la unidad del país en la lucha contra los enemigos fascistas.

Sin embargo, el más sorprendente de todos es un largometraje, completamente olvidado por la mayoría de críticos y del público, estrenado en 1943 y que responde al nombre de Victory Through Air Power.

Una de las causas principales de su olvido, y de su excepcionalidad en la obra del estudio Disney, es que no está destinada a un público familiar, con lo que es prácticamente imposible venderlo dentro de los parámetros habituales del estudio. Este filme es completamente adulto en cuanto intenta convencer al público en general de cual sería la mejor estrategía para vencer en el conflicto mundial, siguiendo las tesis del militar de origen georgiano de Severski, por las cuales habría que utilizar todos los recursos industriales de los EEUU para construir una flota de superbombarderos capaz de alcanzar suelo japonés y alemán desde el continente americano.

Hoy sabemos que esas tesis eran ridículas, no sólo porque no estaban al alcance de la técnica de entonces (habría que esperar a los años 50, los bombarderos B52 y las técnicas de repostaje en vuelo), sino porque hubieran supuesto un parón en el esfuerzo bélico americano que no se podía permitir so pena de ceder la iniciativa de nuevo a las potencias del eje y, sobre todo, porque el bombardeo estratégico que estaban llevando por aquellas fechas los ingleses sobre Alemania y luego los americanos, sobres ese mismo país y el Japón, se revelaría especialmente ineficaz y costoso.

Costoso en equipos y tripulaciones, equivocado en sus objetivos que no consiguieron paralizar la maquinaría bélica alemana y que finalmente llevó a los bombardeos indiscriminados sobre la población civil, esencialmente derrochador porque esos mismos recursos podrían haberse utilizado en la lucha contra los submarinos y en el apoyo a las fuerzas de tierra, como demostró su éxito cuando se aplicó con esos fines, y efectivo sólo al final de la guerra cuando los bombarderos pesados se utilizaron como cebo para destruir la Luftwaffe y se centraron los ataques en la red de comunicaciones y las intalaciones de producción de gasolina sintética, impidiendo los movimientos del ejército aleman y la llegada de materias primas a las factorías.

Sin embargo, dejando aparte los fallos de la tesis presentada en la película, ésta es un auténtico prodigio de imaginación e inventiva, capaz de hacer olvidar que su animación es particularmente limitada, en contradicción con el despliegue de medios habitual en la Disney. Dividida en tres partes, una historia de la aviación, un resumen del conflicto mundial desde 1939 a 1942 desde el punto de vista de la guerra aera, y una presentación en imagenes de los problemas que esperaban a los aliados y como la tesis de de Severski podían resolverlas, la parte más llamativa y asombrosa es la central, la descripción en imágenes del conflicto mundial, donde se ilustra los momentos culminantes del conflicto.

Una ilustración que, como en la secuencia que inicia esta entrada, el hundimiento de los acorazados británicos Prince of Wales y Repulse en 1942 a manos de la aviación japonesa, tiene un vigor y una energia, una claridad expositiva y un impacto visual, que para sí quisieran muchas otras producciones modernas, saturadas de efectos especiales y espíritu patriótico (sí Pearl Harbor, te estoy mirando a tí).

Y es que cuando se comparan las producciones realizad in tempore belli, con las creadas decenios después, llama la atención como muchas de las rodadas justo cuando los acontecimientos estaban teniendo lugar están curiosamente desprovistas de mucho del patriotismo huero tan habitual hoy día. O mejor dicho, se sabía que lo enemigos eran poderosos y habiles, que la lucha sería dura y difícil, que nada estaba decidido y que había que dar lo mejor de sí, en todos los sentidos y en todos los ámbitos.