domingo, 27 de febrero de 2011

100 AS (XLVII): Seriy Volk i krasnaia chapotka (1990) Garri Bardine







En nuestra revisión semanal de la lista de mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy, le ha llegado el turno a Seriy Volk i Krasnaia Chapotka (El Loo Gris y Caperucita Roja) realizado por Garri Bardine en 1990

Muchas veces he hablado de la geografía de la animación y como uno de sus lugares míticos es/fue los estudios soviéticos Soyuz Multifilm. Para que puedan apreciar la importancia de ese estudio, y por ende la de toda la animación del bloque soviético, baste decir que en los años que median entre la muerte de Stalin y la disolución de la URSS, esos estudios fueron uno de los focos creativos de la animación experimental, con una plantilla de creadores de primera fila, que exploraron hasta sus últimas consecuencias casi todas las técnicas de la animación, con una especial preferencia por la stop motion en sus múltiples manifestaciones, muñecos, siluetas, cut-out y, como es el caso, plastilina.

Un curiosa paradoja en la que un régimen totalitarios promovieron trabajos de absoluta libertad y audacia formales, en cierta manera obligados por su propaganda a tolerar esa ebullición espiritual, puesto que al ser productos destinados a la exportación, y por tanto, propaganda, debían mostrar al mundo la libertad y la superioridad del mundo comunista en todos sus aspectos. Unos logros que no hubieran sido alcanzados, asímismo, si no fuera porque esos artistas trabajan en régimen de subvención, sin estar sometidos a la competencia ni a las leyes del mercado, y por tanto pudiendo entregarse por entero a su arte.

Ese edén, falso en muchos aspectos, pero que nos regaló tantas obtas maestras de la animación se terminó con la caída del bloque soviético, que paró en seco la carrera de esa pléyade de artistas que en décadas anteriores había asombrado al mundo. Por ello, en más de un aspecto, el corto de Bardine, realizado en 1990, constituye el adiós definitivo de una manera de cultivar la animación y de protegerla, muerta antes de que comenzará su decadencia.

Y es que el corto de Bardine es una de las grandes obras maestras de la animación en plastilina, una manera que para los que fuimos niños en los 70 despierta especiales recuerdos. Obra maestra, he dicho, pero no es una exageración. Si no he capturado una secuencia más larga es precisamente porque el movimiento con Bardine dota a sus creaciones es tan rápido y vivas que obligaría a realizar las capturas plano a plano, para que así pudieran hacerse una idea. Pero  no es solo, el hecho de contar con un material básico como el de la plastilana que puede ser deformado, estirado y transformado con la sola presión de los dedos, permite al animador crear toda clase de chistes y sorpresas visuales, que se convierten en el ritmo constante que marca y puntea la historia, sin permitir un momento de descanso al espectador

Una historia que adapta por enésima vez el cuento de Caperucita y el lobo y que parte de sus egregios precedentes, Disney y Avery, para dar una enésima vuelta de tuerca y demostrar como las historias pueden ser reinventadas y recreadas una y otra vez, sin que haya otro límite que el talento y la creatividad del artista. En este caso, el viaje de Caperucita tiene lugar en unas coordenadas geográficas más que precisas y que nos obligan a pensar si deberíamos tener también en cuenta las coordenadas temporales en que fue realizado, ya que el trayecto le lleva de Moscú a Paris, cruzando una Europa llena de peligros, donde el Paris lejano es el único refugio la única esperanza.

Pero no piensen en un corto gris y obscuro, lleno de presagios. Muy al contrario, esta penúltima obra de SoyuzMultifilm, es un prodigio de alegría y buen humor, donde el cuento tradicional se disfraza con las formas del musical, introduciendo de rondón todo tipo de melodías tradicionales, populares y cultas, además de hacer guiños constantes a los cuentos y fábulas populares, que son vueltos a visitar y puesto del revés, hasta alcanzar una conclusión inesperada y no menos esperanzada, propia del tiempo histórico en el que se creo el corto y que no tardaría en verse defraudada.

Así que aquí se lo dejo, subtitulado en inglés para que lo disfruten. Arrellánense en su silla, prepárense algo para picotear y sumérjanse en estos treinta minutos de pura delicia... porque nada similar hay ahora mismo.