domingo, 16 de enero de 2011

100 AS (XLIII): Vincent (1982) Tim Burton











En nuestra cita semanal con la lista de mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy le ha llegado el turno a Vincent, realizado en 1982 por Tim Burton, que junto con Walt Disney debe ser el nombre más conocido para el público en general de los que figuran en la lista.

Viendo este corto, tan simple y tan comedido, pero tan efectivo, no he podido evitar darme cuenta de la profunda decadencia en treinta años, del otrora niño mimado de Holywood, o de como para ciertos creadores, el dotarlos de todos los medios existentes no sirve sino para malearlos, provocando que pierdan su inspiración y originalidad, para limitarse a repetir una y otra vez, sin modificarlo aquello que les hizo destacar en su día, solo que esta vez desprovisto de alma y pasión. O como también la 3D, como sistema de rodaje, y los CGI, como medio de dar vida a lo imposible, solo conseguido hacer que todas las películas y todos los autores parezcan calcos los unos de los otros, las unas de las otras.

Aquí, sin embargo, como puede verse en las capturas, los medios son mínimos, un más que sobrio blanco y negro, plagado de citas expresionistas, donde la luz y la obscuridad, su alternancia y su compisición, bastan para crear una atmósfera de inquietud y desasiego, ayudadas en todo momento por un hábil diseño que no duda en mezclar elementos tridimensionales y bidimensionales, confundiendo unos otros, utilizando la flexibilidad de la línea dibujada, para acentuar y resaltar elementos que sería imposible de destacar de otra manera... esa lección que parece haber olvidado la animación en 3D.

Una animación, en fin, que sigue una de las técnicas más difíciles y al mismo tiempo más expresivas de la stop-motion: la animación en plastilina, que permite modelar plano a plano las figuras y, por tanto, crear una animación casi sin transciones en el movimiento, que puede llegar a ser indistinguible de los resultados de la 3D, permite asímismo realizar las transformaciónes de una forma en otra forma que sólo están al alcance de la 2D, y que en la 3D pueden llegar a provocar que los algoritmos fallen y las herramientas se cuelguen.

Una historia, por terminar, abiertamente postmoderna, que juega a acumular citas con evidente tono irónico, las películas de Vincent Price y los cuentos de Edgar Allan Poe, ésas obras que todo aficionado a lo fantástico de esa época había visto y leído una y otra vez, pero que poco a poco va tornándose cada vez más seria e inquietante, hasta culminar en un final demoledor, de insuperable pesimismo.

Y todo en cinco minutos escaso. Así, que como siempre, se lo pongo aquí al final para que puedan verlo... y esta vez con subtítulos en castellano, para que no me digan.