domingo, 2 de enero de 2011

100 AS (XLI): Free Radicals (1979) Len Lye






















Como todos los domingos, ha llegado el momento de comentar un corto de la lista de mejores cortos animados, recopilada en el festival de Annecy hace ya unos años. Esta vez le ha tocado el turno a Free Radicals, realizado por Len Lye en 1979, de quien ya tuvimos el placer de ver unas cuantas entradas atras su mítico A colour Box, realizado para la GPO Film Unit en 1935.

Para los que se acaben de apuntar, recordar que Len Lye es uno de los grandes artistas del siglo XX, un artista encuadrado en las vanguardias del modernismo/formalismo y que no desmerece en nada a los grandes nombres que todos recordamos de esa época, sólo que el decidió utilizar como medio de expresión la forma de la animación, en la que fue uno de los máximos exponentes de la abstracción, no su inventor, que eso corresponde a los alemanes Richter y Ruttmann en los años 20, pero si el primero en atreverse a realizar películas sin utilizar la cámara, pintando directamente sobre el celuloide, manipulando material preexistente o, como es el caso, arañando el celuloide ya expuesto.

Dicho así, como ya comenté en la entrada anterior, podría parecer que el cine de Lye es sólo apto para los entendidos, una expresión críptica y hermética, como sucede con gran parte del formalismo, que necesita del espectador una amplía formación previa, que le permita comprender y apreciar lo que el artista pretende y consigue. Nada más lejos de las intenciones de Lye. Como muchos de los artistas abstractos de segunda generación, este medio de expresión ya no era algo nuevo que debía ser justificado y fundamentado, como ocurría en los tiempos de Kandinski y Mondrian. Desde decenios, ya existía como forma respetable, así que estaba permitido jugar con él, divertirse y lograr que el público se divirtiera con el producto final, de forma que los cortos de Lye tienden a convertirse en una explosión de color, de formas en continuo cambio que danzan al ritmo de la música popular de su tiempo... lo que ayuda a explicar porque John Grierson, el director de la GPO no sólo utilizo su A colour box para hacer publicidad del servicio postal británico, sino que le encargó otros tres más.

En el caso que nos ocupa, realizado al final de la vida de Lye, el artista parece haberse radicalizado, como muestra su renuncia al color. Sin embargo, es una falsa ilusión, puesto que lo que ha hecho es progresar en su investigación sobre la animación sin cámara, reduciendo sus herramientas expresivas al mínimo, un negativo ya expuesto y por tanto completamente obscuro, en el que se practican rayajos para dejar pasar la luz y así al proyectar el celuloide tratado de ese modo, crear la ilusión de relampagos, de formas que se agitan y se retuercen, proceso en el que Lye no tiene miedo a utilizar otros defectos habituales, como las bandas de rodadura, para dar mayor variedad y animación a su corto.

De nuevo, estaríamos hablando de un experimento, de una investigación formal sólo al alcance de unos pocos iniciados, pero de nuevo Lye utiliza la música para hacerlo accesible a todos los espectadores, al utilizar la música de una tribu africana, con sus ritmos violentos para el oído occidental, su  continúa repetición e insistencia, para producir un efecto hipnótico, de obstinato musical, que nos impide dejar de mirar al baile de esas formas abstractas, que se materializan de la nada, lucha entre sí, se retuercen y agitan, para desvanecerse tan repentinamente como habían venido, reemplazadas por otra, borradas por ellas, como ocurre en las capturas adjuntas.

Y como siempre, aquí les dejo con el corto. No intenten analizarlo, ni buscarle un sentido, simplemente dejense arrastrar por su energía, por los ritmos primitivos que apelan a los más profundo de nuestra mente, a ese substrato que todos compartimos, por muy distintas que sean nuestras culturas maternas.