lunes, 17 de agosto de 2009

A Single Land



Once años y miles de kilómetros separan estas dos fotos. Una ha sido tomada hace unos pocos días, en el teatro romano de Segóbriga, la otra fue tomada en 1998, en el teatro romano de Bursa, en Siria.

La ciudad española era una ciudad de provincias, pobre y pequeña, dedicada a la minería, y su culmen lo alcanzó como ciudad romana crecida alrededor de un supuesto antiguo castro celtibérico; la ciudad Siria se encontraba en uno de los lugares más ricos del Imperio y ya había sido grande y poderosa antes de que apareciesen los romanos,para continuar siéndolo muchos años más tarde, pero siempre objeto de la codicia de los gobernantes, teatro donde mostrar su poder mediante las obras públicas.

Destinos y suerte completamente distintas, pero sin embargo, a pesar de ésto y de las distancias, tanto geográficas como culturales, esencialmente iguales, puesto que ambas contaban con su teatro, su anfiteatro, su circo, sus termas y sus foros, sus basílicas y templos, construidos siguiendo un mismo modelo, las mismas técnicas constructivas, variándolas únicamente en aquello que atañía al relieve y la situación de la ciudad (una abrupta colina en el caso de la española, una inmensa planicie en el caso de la Siria) haciendo que toda ciudad romana sea instantáneamente reconocible y que el visitante experto, conocedor ya de una una, sepa inmediatamente qué buscar, así como dónde y cómo.

¿Todas iguales por tanto? ¿Vista una vistas todas? Puede, pero yo ya llevo unas cuantas, y no puede uno evitar un cierto sentimiento de hallarse siempre en casa, cuando entra en uno de esos teatros, independientemente de que se esté en Jordania, en Siria, en Turquía, en Grecia, en Hungría, en Italia, en Francia o en España.

Especialmente, cuando se pertenece a esa civilización, la occidental, que hasta hace unos escasos decenios se consideraba descendiente directa de esa otra desaparecida, que llamamos grecorromana, y que, por tanto, a pesar de los siglos transcurridas, de las diferencias culturales, de las inevitables distorsiones, también se hallaba en casa, mejor dicho, en el hogar perdido, en todo lo que se refería a su antecesora...