miércoles, 12 de agosto de 2009

Dreamlike



















Normalmente, las series y películas de anime, cuyas secuencias utilizo aquí y allá en este blog, no suelen merecer la pena, bien ya de entrada o porque su desarrollo no llega a lo que hacía esperar o simplemente porque el paso del tiempo derriba y esparce aquéllo que lo hiciera llamativo y especial. Digamos que, en resumidas cuentas, me dedico a buscar momentos, aunque para ello deba realizar ímprobos y tediosos esfuerzos de minería, al estilo de los buscadores de oro que nunca saben si su esfuerzo será recompensado...

Por ello, es una gran alegría toparse de vez en cuando, al revisar por azar alguna de las series o películas de mi colección de anime, esa obra que sigue manteniendo su fuerza y su intensidad, o incluso haberla aumentado, como dicen que pasa con ciertos vinos al envejecer.

Tal es el caso de la película de Shoujo Kakumei Utena, que no solo merece la pena por su calidad intrínseca, que es mucha, sino constituir una excepción, al ser mejor que la serie original de la que proviene y de la que constituye una reescritura. Una oportunidad que los creadores de la serie no desaprovecharon, utilizándola en eliminar todo el filler que es casi obligatorio en una producción televisiva y en destilar el mensaje de la serie, convirtiéndola en un licor fuerte y aromático.

¿He dicho mensaje? El mensaje de la película y la serie se puede resumir en dos frases. En la casi obligación que tenemos de romper el mundo de apariencias y obligaciones (en el que somos presos satisfechos, colaboradores espontáneos en las órdenes de sus carceleros), para crearnos otro mundo a nuestra medida, sin otros límites que los que imponga nuestra propia voluntad, siendo ése el significado de la revolución a la que hace referencia el título.

Dicho así, no se diferenciaría de otras muchas producciones juveniles, que proponen ese mismo mensajes con medios más burdos, pero es precisamente ese adjetivo, burdo, donde estriba toda la diferencia, ya que esa necesidad de revolución, eminentemente personal, que casi podría calificarse de salvación, se realiza mediante un riquísimo lenguaje simbólico, cuyo significado último queda en la mayor parte de los casos oculto, pero que es plasmado en la pantalla con enorme profusión de recursos, que centuplican su impacto.

Como es el caso de esta persecución entre amantes, entre los amantes de la película, ambos del mismo sexos, que se extiende a lo largo de la arquitectura imposible del instituto/ciudad/universo en el que habitan y donde uno de ellos va quedándose irremediablemente atrás...

... como ocurre siempre en esos equilibrios inestables a dos, que sólo el aburrimiento y el hastío convierten en permanentes...