lunes, 24 de agosto de 2009

Kill enemies and friends alike
























Vosotros... hacéis caer una lluvia de sangre...

En demasiadas ocasiones, la importancia de los fragmentos de anime que comento se reduce únic y exclusivamente a ese fragmento. En cierta manera me he convertido en algo semejante a un buscador de oro que filtra incansable sacos y sacos de tierra en busca de una pepita, pero que en demasiadas ocasiones se vuelve a casa con los bolsillos vacíos.

No es ese el caso de la obra al que pertenece el fragmento que he elegido. En esta ocasión, los cuatro OVAs de Kenshin: Tsuioku Hen, (no confundir con la serie televisiva del mismo nombre o los dos OVAs posteriores) realizados por el estudio Deen en 1999 constituyen una obra maestra de la animación oriental... y para mí, una de esas producciones que a pesar del tiempo transcurrido no se me han despintado de la memoria y que no puedo contemplar sin estremecerme, especialmente el momento ilustrado, al que le falta la brillante banda sonora para ser completo.

Una permanencia en el recuerdo que se debe a haber sido una de las producciones, en el 2001, que remacharon mi afición por el anime, a su habilidad estética y narrativa, aún muy por encima de lo que se ahora mismo, y por último, pero no menos importante, a coincidir extrañamente con mi pensamiento... algo que, como se verá, en este mundo de terroristas y contraterroristas que ha sucedido al 11-S puede parecer chocante, por utilizar un adjetivo suave.

Simplemente porque el protagonista principal es un terrorista, alguien que asesina a otros seres humanos para conseguir unos fines políticos.

Simplemente, digo, pero la manera y la forma, la narración y el tema, son todo menos simples. En primer lugar hay que indicar que los hechos suceden en plena revolución Meiji, que contra todo lo que se nos ha contado, fue cualquier cosa menos pacífica y se llevó a cabo con un amplio baño de sangre, no sólo en esta ocasión. Un baño de sangre, unas acciones terroristas como las ilustradas aquí (aunque los pormenores sean inventados) que fueron causa directa de la construcción del Japón moderno, ése que admiramos y de cuyos productos gustamos.

Es decir, que en principio los buenos de esta historia serían esos terroristas cuyo paradigma es nuestro protagonista, puesto que nosotros (los japoneses modernos) somos sus herederos, en más de un sentido. No obstante no hay ningún intento de justificar o de novelar sus acciones, estas se presentan en toda su crudeza, como la eliminación violenta y salvaje de las personas que se oponen a sus ideales. Una culpabilidad, la de las víctimas, en las que tenemos que fiarnos en la palabra de su protagonista (una magnífica jugada de guión), pero que poco a poco se va mostrando en su realidad, un proceso en el que caen también víctimas inocentes, aquellos que tienen la desgracia de estar en el lugar equivocado en el momento equivocado.

Un proceso también en el que los ideales que impulsaban a nuestro protagonista van corrompiéndose, diluyéndose y desapareciendo, substituidos por una necesidad irrefenable de matar que ya no obedece a razón alguna, excepto su propia inercia y que poco a poco, transforma a quien se deja seducir por ella en un perro rabioso, que habrá de ser sacrificado por los mismos que lo utilizan, cuando estimen que ya no es necesario.

Una narración en que ese enemigo del que no sabíamos nada, que visto con los ojos de los "buenos" era el obstáculo que se oponía a la reforma, se nos revela también luchando por los mismos altos ideales que el protagonista, por la libertad, la justicia, la paz, esas palabras huecas que tantas veces se invocan y que en el fondo sólo sirven para acumular pilas de muertos.

Porque la historia, en verdad, no es la historia de la revolución Meiji, la historia es la redención del protagonista y la expiación de su crímenes. Como recupera su cordura y vuelve a ser humano, al descubrir que aquello por lo que se debe luchar no son los grandes conceptos, las perfectas concepciones , sino las pequeñas cosas, una casa en la montaña, la mujer que le ama, la tranquilidad sin sobresaltos.

La auténtica paz, en definitiva.

1 comentario:

David Jack dijo...

Me gusto especialmente este Anime, y esta escena en particular y algunas que siguen despues (hace tiempo ya que lo vi, pero creo que esta vuelve en flash back varias veces) ains...