lunes, 10 de agosto de 2009

Remove the wool from your eyes (y II)

















Estoy, en estos largos días de asueto, descubriendo la magnífica edición de cine experimental americano post-1945 que ha editado National Film Preservation Foundation de los EEUU como cuarto volumen de su serie Treasures from American Film Archives. Ya había comentado en una entrada anterior otro corto de la colección y espero poder comentar alguno más, puesto que los hay realmente buenos, pero baste por ahora decir que es una introducción magnífica a otros modos de hacer cine, fuera de lo que podríamos llamar clásicos y modernos. Más aún, a todas las posibilidades y caminos aún por explorar que quedan en el cine, lo cual evita que esta forma de expresión se constituya como auténtico arte y no como barraca de feria.

Pero en lo que concierne a este corto, Necrology, dirigido por Standish Lawder, entre 1969-1970, debo decir que me ha impresionado profundamente., un sentimiento al que se me hace difícil encontrarle un porque, es decir un medio de comunicarlo a otros, y del que estas líneas son un breve intento de explicación y racionalización.

En sí, la excusa del corto no es nada del otro mundo. Durante unos 10 minutos se rueda la gente que sube por unas escaleras mecánicas, pero, como suele ser ordinario, lo que hace que este corto sea especial no es el qué, sino el como. En primer lugar, la imagen ha sido obscurecida, dotada de un grano evidente, ocultando las caras de las personas desconocidas que allí aparecen y sobre todo, durante los primeros minutos, evitando que percibamos que esas personas están ascendiendo por una escaleras mecánicas, con lo que parecen flotar sobre una densa obscuridad, que uno tras otro les va tragando y disolviendo, un efecto que contribuye a crear una atmósfera de fuera de este mundo, de sobrenatural, muy de acorde con el título, esa necrológica al que se hace referencia.

Aún más, la secuencia está pasada al revés, en otro magnífico efecto disruptor, destinado a confundir al espectador, de forma que, al menos a mí, me parecía que era la cámara la que iba descendiendo, en un increíble plano secuencia, que recorriese un conjunto de personas de pie en unas gradas inmensas, sobrenaturales, completamente fuera de este mundo, hasta que la longitud de ese plano, los escalones brevemente vislumbrados, me hicieron descubrir el truco.

Una serie de pequeñas pinceladas, de efectos mínimos aplicados a algo banal, que dotan a este corto de una intensidad inusitada, puesto que esa procesión de rostros, aburridos, divertidos, distraídos, concentrados, airados, indiferentes, siempre anónimos y sin posible contacto con nosotros, que brillan un instante a la luz para desaparecer definitivamente en las tinieblas, se convierte en una alegoría de nuestra trayectoria vital, la de unos muertos en vida que independientemente de lo que deseen, lo que realicen, lo que consigan, acabarán pudriéndose en una fosa.

Un corto por tando de una profundidad radical.

or... is it not?






Porque el corto se las arregla para destruir la misma solemnidad y profundidad que el ha creado, con los títulos de crédito completamente inventados con los que finaliza, en los que cada supuesto personaje es dotado de un nombre y de una biografía, a cada cual más desatinada, rompiendo esa igualdad ante la muerte de la que hablaba, devolviendo a cada uno su individualidad y personalidad.

Su humanidad, en definitiva.