miércoles, 26 de agosto de 2009

A bridge too many

When "our" orderly had understood what I wanted, we both left cover with me close on his heels. Had we been fired upon, he would have shared my fate. He held a handkerchief aloft and waved it. The British may well have believed at first, that we wanted to surrender, for immediately half a dozen flat steel helmets and caps appeared over there and I had the impression they had clearly been waiting for this moment. However, they quickly understood what our real intention was and very soon search parties reached our positions. Then followed very tense moments while the first of the very seriously wounded men were recovered. Everyone realised, on both sides, that an unexpected move would cause catastrophe in a matter of seconds. Fortunately no one lost his nerve and the business of recovery went ahead. Germans and British called out to each other where their seriously wounded lay.

Bitter Victory, Carlo d'Este.

Este sorprendente episodio que he indicado arriba, en el que un comandante alemán solicita y obtiene una tregua para retirar del campo de batalla a los heridos, ocurrió durante los combates entre británicos y alemanes por el puente de Primosole, en el curso de la campaña por la conquista de Sicilia, en Julio-Agosto 1943. Se trataba del capitan Erich Fassl de la compañía de señales de la primera división paracaidista alemane y su testimonio lo recoge de primera mano el historiador militar Americano Carlo d'Este, también militar, en el libro Bitter Victory, dedicado a esa campaña.

No es un libro perfecto, el hecho de que lo escriba un militar retirado hace la historia se enfoque from top to down, que dicen los anglosajones, y que tienda a ver con buenos ojos todo aquello referido a su oficio, por lo que se acaba astragado de tanta biografía ejemplar de hombres de uniforme. Si embargo el hecho de conocer la trastienda hace que la narración abunde en detalles inesperados, de ésos que no se encuentran en los libros, las películas, ni la cultura popular, y que nos muestre como los tics, las idiosincrasias, los defectos, la rencillas y las mezquindades de los personajes históricos de los personajes implicados afecten a la vida de millares de año, con lo que al final, la solución y los medios escogidos no son ni mucho menos los perfectos, sino más bien lo contrario (y pocas lecturas hay que demuestren lo absurdo de nuestra obsesión con las conspiraciones, que la de la historia bélica al comprobar lo amplia que es la estupidez humana).

El momento culminante de la narración es la campaña por la toma del puente de Primosole, a la que como he dicho pertenece la narración anterior. Una campaña en la que la primera división aerotransportada británica debía tomar ese puente y esperar a que les relevase la 50 división de infantería, en un curioso ensayo general de lo que debería ser un año más tarde la campaña para tomar el puente de Arnhem ( ilustrada por la película y el libro a Bridge too far), pues en ella participaría esa misma división aerotransportada británica (y cargo de tomar ambos puentes estaría el mismo coronel, Jack Frost) y fracasaría casi por las mismas razónes. Dispersión en los saltos, que impediería a la división completa tomar el puente con la suficiente fuerza, aparición en el campo de batalla de divisiones de élite alemanas, en este caso la primera de paracaidistas que había sido lanzada unos días antes en esa zona, y resistencia a ultranza de los alemanes, junto con su capacidad para contratacar con cualquier cosa, que impide que las divisiones de infantería británica lleguen a tiempo para contratacar.

Y en en este instante cuando pensé en esa película de guerra tan famosa, pero que para mí a cada visionado se vuelve cada vez más ridícula. Hablo por supuesto, de Saving Private Ryan, que abunda en todo tipo de disparates históricos, como que soldados de la primera división de infantería USA, desembarcados en Omaha, tengan que buscar a un soldado de la 101 aerotransportada, lanzados en Utah, y teniendo que atravesar por tanto varios ríos y un terreno ocupado aún por los alemanes, en un ejemplo de una misión que parece concebida para acabar con su participantes.

Otro despropósito, más próximo a lo que contaba, es como la última escena consiste en la defensa a ultranza de un puente minúsculo, que aunque se volase podría cruzarse con apenas un par de tabla, mientras que los puentes destinados a los paracaidistas solían ser de mayor enjundia como era este de Primosole y las fuerzas implicadas bastante más numerosas. Un ridículo narrativo que llevó a cortar ciertas secuencias en la edición del DVD, en concreto un escena que tenía pensado colgar aquí, en la que Tom Hanks hace depender la caída de París de la defensa de ese puente de pueblo, algo que basta para provocar la risa de cualquiera que sepa de la segunda guerra mundila, y que da que pensar sobre el supuesto pacifismo de la cinta de Spielberg y sobre la cordura del capitán interpretado por Tom Hanks, algo ya apuntado por su asalto sin sentido a una posición de ametralladoras.

Simplemente porque en el mundo real, cuando el capitán Jack Frost captura el frente con los pocos paracaidistas que han caído en las cercanías, lo toma con relativa facilidad, pero en seguida se ve sometido a un rabioso contraataque alemán liderado por el Capitán Franz Stagenberg, con soldados que ha encontrado por allá y por allá, junto con el apoyo de varias piezas del 88, tras una larga resistencia encuentra que su posición es indefendible y que sólo llevará al exterminio de sus hombres, momento en que decide romper el contacto y retirarse, para poder luchar otro día.

Y eso es lo que hacen los auténticos comandantes, los que realmente se preocupan por la vida de sus hombres, todo lo contrario del personaje de Hanks, y muy en la línea del Steiner de Cross of Iron, está sí una grandísima película bélica.