miércoles, 4 de marzo de 2009

A great disappointment... but some compensations



Lo primero, disculpas por mi ausencia... por alguna razón no he encontrado el tiempo y las ganas para continuar escribiendo, lo que ha llevado a que se me acumule el trabajo.

El caso es que estos últimos fines de semana he estado revisando el pack Woody Woodpecker & Friends I, que cubre más o menos la producción de cortos del Pájaro loco desde 1940 hasta los primeros 50 realizados por el estudio de Walter Lantz... y me he llevado una gran decepción.

El problema a mi entender es que en mi niñez, allá por los años 70 del pasado siglo, el Pájaro loco era uno de mis ídolos infantiles. Recuerdo aún perfectamente los títulos de crédito del programa televisivo que el propio Lantz creara para rentabilizar sus cortos cinematográficos en el nuevo medio, con intervenciones suyas en los programas al estilo de lo que hacía Disney en sus producciones para la TV. Del mismo modo, hay cortos que, a pesar de los años transcurridos no se me han despintado, o al menos, no se me ha despintado lo que sentí en aquella ocasión y la impresión que me causaron, tanta, que me pasaba los días esperando a que llegara el tiempo de esos dibujos animados.

Un buen recuerdo que, al verlos ahora con ojos de adulto, me ha producido una profunda decepción. El caso es que el estudio de Walter Lantz nos muestra que no toda la producción de la época clásica es magistral, ni siquiera memorable. Los cortos que realizaba para la Universal no contaban con los recursos ingentes de la Disney, con lo que obviamente la calidad en la animación de este estudio quedaba fuera de sus posibilidades, llevándole a crear una animación más tosca y simplona (hay ocasiones en que las transiciones entre movimientos son demasiado abruptas, simplemente porque no se pudo/quiso animar ese intervalo). Un "defecto" que en sí no tendría porque serlo la perfección de la Disney no es más que uno de los caminos posibles, pero en el caso de Lantz salta más a la vista, puesto que esta productora no cuenta con el grupo de talentos de la Warner (no sólo sus directores, sino animadores, guionistas, músicos y actores) y no les da la libertad de esparrame necesaria para que se expresen, ni el tiempo para que sean capaces de construir el caos de relojero que convierte los cortos del competidor en ejemplos aún válidos para los animadores.

Claramante, las ambiciones de Lantz, se reducen a crear productos de consumo rápido, entretenimiento ligero con el mínimo de dinero, lo que le lleva a cortar en animación, guión y construcción de su cortos, dando a muchos de ellos un aire de batiburrillo, donde brillantes aciertos parciales son contrarrestrados por esa tosquedad sin precisión, ése sacarlo cuanto antes como éste, que hay prisa, que le impide alcanzar las cumbres de sus competidores Disney y Warner, o incluso las de un antecesor, Fleischer, que compartía con él esa tosquedad y dispersión, pero que las compensaba con un constante buscar más allá y experimentar, capaz de sorprender al espectador más cansado.

Una gran decepción como digo... pero al mismo tiempo una gran sorpresa, ya que perdidos entre la mediocridad de la serie del Pájaro Loco y, sobre todo, en los extras, se encontraban pequeñas perlas.

Un ejemplo de esos tesoros escondidos, son la racha de cortos que a mediados de los 40 realizo James Shamus Culhane, alguien que había realizado en la Disney uno de los momentos míticos de la animación, el Aiho Aiho de Snow White, y cuyo toque se expresa aquí en una animación exhuberante y sorprendente, fuera de todos los moldes y de toda regla. Una auténtica presencia revitalizadora, por tanto, en el contexto del estudio Lantz, pero que sólo duro unos pocos añós, y que alcanzó sus máximas cumbres no en la serie del Pájaro Loco, sino en los impresionantes casi vídeos musicales de las Swing Symphonies, donde gozo de la libertad necesaria para ponerlo todo patas arriba en el mejor de los sentidos (auno de ellos los que pertenecen las capturas arriba indicadas y aquí les dejo otro para que lo disfruten, no olviden ponerlo en HQ)



Junto con estos cortos, son también notables la continuación que Lantz daría a la serie Oswald The Lucky Rabbit, previamente realizada por Disney, dotados de ese aire anárquico y sorprendente de los cortos de los primeros años 30, donde nada estaba prohibido, siempre y cuando llevara a unas risas. Sorprendentes son también los cortos de primeros de los 50, casi Averianos en sus locura y efectos, y que aparecen sin nombre de director, puesto que, según la leyenda, fue el propio Lantz quien, en tiempos de transformación del estudio, tomo los mandos de la producción, consiguiendo una calidad que nos hace pensar en las alturas que podría haber conseguido el estudio, si hubiera reducido su producción y Lantz se hubiera involucrado mas, como los Fleischer, en los aspectos artísticos. O para terminar, la tirada de cortos realizados por Avery tras su experiencia Metro (curiosamente Avery ya había trabajado con Lantz en los 30, precisamente en Oswald) que constituyen un cierre más que honorable a la carrera de esa figura mítica.

En resumen, una gran decepción, como digo, pero que, una vez pasado el mal trago (o la riada) se reveló llena de pequeños tesoros y compensaciones...