viernes, 13 de marzo de 2009

In Silence

Hablaba en una entrada anterior, de como en una única semana habían coincidido tres de esos momentos especiales que convierten este hobby mío del anime en algo realmente valioso... y había prometido comentar, tranquilamente y en profundidad, cada uno de ellos.

El segundo instante correspondía al episodio 8 de Kurau Phantom Memory, una serie realizada por el estudio Bones, que ha desaparecido casi completamente de la memoria de los aficionados, como si perteneciera a un pasado remotísimo, desconectado completamente de nuestro presente (Inciso: No sé si será un indicio de mi desconexión de este mundo, presagio de la vejez y la muerte, pero cuando los otakus hablan de series de apenas cuatro años de antigüedad como de series antiguas, no puedo evitar un escalofrío. ¿Si eso es antiguo, qué adjetivo merecera Homero?)

La cuestión es que las series de Bones suelen quedarse en una especie de extraña tierra de nadie. Normalmente cuentan con una amplio presupuesto, lo que les permite cuidar mucho los aspectos técnicos y estéticos, presentando una animación sin casi defectos y una puesta en escena, por utilizar el palabro, bien planificada y meditada, que consigue que el espectador se crea lo que está viendo. Sin embargo, no suelen adular a éste, lo cual no es un defecto sino todo lo contrario, pero en un tiempo en que el otaku se pirraba por el efecto moe, ha conseguido que sus series no hayan recibido el hype que merecieran, mientras que otros subproductos estaban en boca de todos.

Tienen otro defecto peor, no obstante, una cierta tendencia a dejar escapar los hilos de las historias que escriben, como ha sido el caso tristísimo de ,a reciente Xam'd, que con un poco de mejor estructuración de guión habría rozado la obra maestra, o, en el caso de historias mejor trabadas, a caer en la rutina y en la repetición, como es el caso de Kurau, donde una y otra vez vuelve a repetirse el mismo planteamiento y de repente, hacia el episodio 13, la serie termina y la tienen que reinventar, una ruptura entre secciones de la que no salen especialmente airosos. Una pena pues el estudio que ha dado obras como RahXephon, Wolf's Rain o Fullmetal Alchemist no debería dar esos tropiezos.

Sin embargo, la grandeza de ese estudio se encuentra hasta en sus productos fallidos, como es el caso del episodio 8 de Kurau, aparentemente de relleno, pero que un momento determinado de un giro sorprendente y muestra a unos creadores que conocen perfectamente el medio en el que trabajan y saben utilizarlo para transmitir el efecto que pretendo.

¿A qué me refiero en concreto? Lo que he dicho antes no pasa de ser un lugar común, pero se me entenderá mejor si continúo diciendo que en ese episodio se construye una escena donde toda la información se nos transmite simplemente con imágenes, sin que los personajes digan una sola palabra y, aún más importante, sin utilizar música para indicar a los espectadores como deben sentir lo que ven, con lo que el giro argumental, al ser presentado desnudo, tiene aún más resonado.

Juzguen si es así en la serie de capturas que adjunto, pálido reflejo de la secuencia, y donde simplemente voy a indicar el momento en que la música desaparece.
















La música se detiene, no abruptamente, sino que se difumina con el ruido de fondo...