jueves, 19 de marzo de 2009

Diverging Paths

One of the most poignant moment in the history of ideas surely came in the middle of XIth century. In 1065 or 1067, the Nizamiya was founded in Bagdad. This was a theological seminary and its establishment brought to and end the great intellectual openness in Arabic/Islamic scolarship, which had flourished for two to three hundred years. Barely twenty years later,in 1087, Ireneus began teaching law in Bologna and the great European scholarship movement was begun. As one culture ran down, the other began to find its feet. The fashioning of Europe was the great turning point in the history of ideas.

Peter Watson, Ideas, A History from Fire to Freud

Leía estas líneas y me venía a la memoria un hecho que siempre ha estado en la historia, mirándonos fijamente a los ojos sin que nosotros lo viéramos, como dirían en anglosajonía. Un hecho que yo llamaba la ruptura del siglo XI, en ese siglo que hace de bisagra entre la baja y la alta edad media (y conviene recordar que lo que popularmente se identifica en nuestro imaginario como edad media, los caballeros, los castillos almenados, los torneos, las orgullosas catedrales, los trovadores y la polifonía, etc, etc, es la baja edad media y no la altra).

La cuestión es que si se estudia lo que era Europa en el siglo X, el lector se puede llevar una pequeña sorpresa, al encontrarse con una sociedad replegada sobre sí misma, en perpetuo peligro de ser arrollada.

En efecto, en el siglo X el ámbito Europeo se reducía a lo que era Irlanda, el sur de Inglaterra, Alemanía Occidental, Austria, Francia, el norte y centro de Italia y una estrecha franja al norte de Iberia. Otras regiones estaban fueran de su alcance, aun paganas y destructuradas, como Escandinavia, Polonia o Bohemia o en general el este de Europa, mientras que muchas otras pertenecían a civilizaciones rivales, como era la casi totalidad de la Península Ibérica o Sicilia, completamente arabizadas o el sur de Italia y los Balcanes, bizantinos y griegos. No sólo era que Europa estuviera reducida a su mínima expresión, es que estaba continuamente amenazada, desde el norte, por las incursiones de los normandos, que se habían hecho dueños de vastas extensiones de territorio en Inglaterra, Irlanda y Francia, por los nómadas de Asia, como los Húngaros, que devastaban con sus incursiones Europa Central, o por los sucesores del Califato Universal, que controlaban el Mediterráneo y obligan por la fuerza de las armas a pagar tríbuto a los débiles reínos del norte de la península Ibérica.

Una sociedad que no sólo estaba amenazada militarmente, sino que culturalmente estaba atrasada y empobrecida, habiéndo olvidado, o simplemente perdido, todos los logros intelectuales de la antiguedad clásica, una región que para el mundo cultivado, bizantinos y árabes, no era muy diferente de los bárbaros vikingos o de los nómadas de las estepas, y que no merecía ser conquistada ni dominada puesto que allí no habría de encontrarse nada de provecho.

Un mundo en el claramente había unos ganadores, El Islam, el Imperio Bizantino y mucho más lejos, China, a los que estaba destinado el dominio del mundo futuro, el cual surgiría de su conflicto amalgamación.

Por supuesto, no hay nada más peligroso ni más sujeto a error que una predicción histórica, y quien pensase, con toda razón, como acabo de indicar, se llevaría una sorpresa si visitase Europa hacia el año 1100.

En primer lugar, los bárbaros, normandos y húngaros, que amenazaban Europa, habían desaparecido de la escena. mejor dicho se habían convertido en actores principales, pero como defensores de esa misma Europa de la que habían sido sus peores enemigos. En el norte, había surgido toda una constelación de reinos cristianos, Dinamarca, Noruega, Suecia, subtituyendo a las tribus invasoras. Es más, esas mismas invasiones se habían tornado fructiferas, llevando a la cirsitiandad hasta Islandia, Groenlandia y la misma América, Unificando Inglaterra, expulsando a bizantinos y árabes de Sicilia y el sur de Italia, para abrir así el mediterráneo a occidente, e incluso contribuyendo a la formación del reino Rus de Kiev, antecesor de la Rusia y la Ucrania moderna.

No es que entre Alemania y el Reino de Kiev, hubiera quedado un vacío. En ese espacio las fronteras de la cristiandad occidental habían dado un paso de gigante hacia adelante, bien por la propia autoorganización de los Eslavos, como fue el caso del reino de Polonia o Bohemia, o bien por el asentamiento, como ya he insinuado, de los nómadas de la estepa en el reino de Hungría, baluarte de la cristiandad frente a Bizanzio primero y los turcos después, y que incorporaba por aquel entonces a Croacia y partes de Rumanía, Serbia y Bosnia, partiendo por la mitad los Balcanes y estableciendo una frontera étnica y religiosa que aún hoy es motivo de conflictos.

Una sociedad y una civilización en crecimiento y segura de sí misma, que no sólo se había dotado de unas estructuras sorprendentemente duraderas y resistentes, el reino medieval y el feudalismo, sino que se atrevía a expandir sus fronteras, bien de forma pacífica, esa constelación de reínos eslavos, nórdicos y nómadas a la que hacía referencia, bien de forma bélica y agresiva, arrebatando porciones cada vez mayores de la península ibérica a los árabes y resistiendo sus intentos por reconquistarla, retomando Sicilia y el sur de Italia por obra de los normandos, e incluso, con el impulso de las cruzadas, invadiendo el propio corazón del poder Bizantino, desbaratando a los tucos seldyucidas que acababan de conquistar Anatolia y estableciendose como poder indiscutible en tierra Santa durante dos siglos, una humillación para el Islám, tan poderoso y seguro de sí apenas unos decenios antes, de cuyo impacto nunca acabaría de recuperarse (pensemos como aún se utiliza esa retórica de cruzados invasores).

Una empresa, la de dominar el mediterraneo y expulsar a bizantinos y árabes, que acabaría por demostrarse superior a las débiles fuerzas del feudalismo Europeo, pero que lograría extinguir los últimos destellos del poder bizantino (piénsese sólo que Constaninopla ya había sido saqueada por los cruzados en 1205, dos siglos antes de su caída frente a los turcos) y que dejaría los centros del Islám a merced de conquistadores externos, Mongoles, primero, en el siglo XIII, turcos despues en el XV y XVI.

Sin embargo, mucho más importante que este correrlo sobre el mapa, es el problema de qué que provoco el cambio lo mantuvo, puesto que si bien muchas de estas conquistas se revelaron pasajeras, las colonias americanas de los Vikingos, la expansión hacia el este de Polacos, Húngaros y caballeros teutónicos, la substitución del imperio bizantino por una pléyade de reinos latinos o los mismos estados cruzados en Palestina, lo cierto es que entre 1200 y 1300 la cristiandad occidental se convirtió una civilización que ya no debía nada a nadie, una cultura que había sido capaz de desarrollar un estilo arquitéctonico propio y original, el Gótico, tanto en sus aspectos estéticos como meramente de ingeniería, que contaba con una filosofía propia, la Tomista, arístotelica y arabizada, sí, pero con un giro completamente nuevo, que miraba a un pasado, romano y pagano, en el cual veía y encontraba su modelo y su ideal, que contaba con instituciones de enseñanaza dedicadas a la preservación y la mejora del saber, u sobre todo a su revisión y su reelaboración, como era la Universidad, y que utilizaba un conjunto de técnicas y tecnología que el resto del mundo empezaba a copiar, en vez de ser al contratrio, como hasta entonces.

Un cambio fundamental, el de como la región atrasada y subdesarrollada consiguió su mayoría de edad, liberándose de la tutela de sus vecinos, y acabo liderándolas, que puede ser atribuido a multitud de causas, una mejora en las técnicas agrícolas en el siglo XI, que permitió un crecimiento continuado de la población, nuestra curiosa pasión por las máquinas y los artilugios, que tanto sorprendió a los bizantinos y los árabes con ocasión de la primera cruzada, el hecho de que cualquier invasor, como Mongoles y Turcos, tenía que atravesar multitud de estados interpuestos antes de llegar a Europa, con lo que nuestra evolución nunca fue cortada en seco, como ocurriera con Bizancio en el XI, en el XII o en el XV a manos de los turcos, Rusia y Mesopotamia en el siglo XIII a manos de los mongoles, o Hungria en el XVI frenta a los turcos, etc, etc, etc...

Tantas y tantas causas y casualidades, de las que quizás no sea la menor, lo que indica Watson en su libro, la creación de instituciones de enseñanza, como la Universidad, más o menos independientes, y donde se permitía la discusión y el debate, estando dispuesto a asumir las consecuencias que se derivasen de esos debates, en vez de limitarse a la repetición eterna de dogmas inamovibles.

Un pequeño detalle que permitó a los sabios Europeos liberarse de las imposiciones religiosas, tras un combate de siglos, para así crear la ciencia y la técnica moderna, pero cuyo fracaso en el Islám le sumió en el letargo milenario en el que aún se encuentra. Una involución simbolizada por la fundación que cita Watson de ese seminario en Bagdad, es decir en mismo el corazón de Dar-al-Islam,

Pero ojo, que al igual que en el siglo X el Islám parecía ser el futuro de la humanidad y Europa una de sus más ínfimas dependencias, nada nos dice que en el siglo XXII la situación no sea la contraria...