sábado, 18 de marzo de 2017

La red y la expansión (IV)

Dennoch stellt sich spätesten hier die Frage nach den Gründen für die notorische Überlegenheit der zahlenmäßig noch lange weit unterlegenen europäischen Truppen über die einheimischen. Ausschlaggebend war letztlich nicht die technische  Vorsprung, sondern die Kontrolle und Versorgung der Truppe. Bis ca. 1770 verfügten die Europäer zwar  über weit bessere Kanone und Gewehre, die einheimischen Fürsten hatten damals überhaupt keine richtige Feldartillerie. Bei Plassey und danach bai Buxar spielte das eine große Rolle. Aber mit Hilfe der Franzosen und anderen Europäern sowie von Deserteuren holten die Inden rasch auf, obwohl die E.I.C das artilleristische Knowhow geheim zu halten versucht hatte. 1786 waren in Mysore produzierten Musketen den britischen ebenbürtig, und die Engländer übernahmen ihrerseits sogar die dort entwickelten Raketen. Die europäischen Angehörigen der Companietruppen stellten zunächst eher eine negative Auslese dar. Die Mehrzahl bestand ohnehin aus Indern, der sogenannten Sepoy, zu diese Rekrutierung sich die E.I.C das vorläufig reiche Angebot auf der militärischen Arbeitsmarkt Indien geschickt zunutze machte. Ein typische Infanterieregiment bestand 1806 aus 46 britischen Offizieren und Unteroffizieren und 280 indischen Soldaten. Klare Befehlshierarchie und  europäischer Drill dieser Truppen befähigten Infanterie und Artillerie zu disziplinierten Operationen und zu einer relativ hohen Feuergeschwindigkeit, die Indischen Heeren zunächst völlig abging. Diesen fehlte die straffe Führung. Sie bestanden aus einem Konglomerat von Kontingenten einzelner vom Oberbefehlshaber abhängiger Führer, mit deren Loyalität und persönlichem Mut die Schlacht stand und fiel, wie sich am Plassey gerade demonstrieren lässt 

Wolfang Reinhard, Die Unterwerfung der Welt (La conquista del mundo)

No obstante, se presenta aquí la cuestión de las bases de la evidente supremacia de las tropas europeas sobre las indígenas, a pesar de la inferioridad numérica de aquéllas durante largo tiempo. Lo decisivo no fue en última razón  los adelantos técnicos, sino la disciplina y aprovisionamiento de las tropas. Hasta aproximadamente 1770 los europeos disponían de mejores cañones y fusiles, los príncipes del país no tenían entonces, por lo general, una artillería de campaña. En Plassey y luego en Buxar, esto jugó un gran papel. Sin embargo, con ayuda de los franceses y otros europeos, así como de desertores, los indios se pusieron rápidamente a la altura de los ingleses, aunque la E.I.C (la compañía de las Indias´) había intentado ocultar el conocimiento técnico. En 1786 se fabricaban mosquetes en Mysore comparables a los británicos y los Ingleses por su lado adoptaron incluso los cohetes allí desarrollados. Los miembros europeos de las tropas de la compañía tenían al principio más bien una pobre representación.  La mayoría la formaban los indios, los llamados Cipayos, para cuyo reclutamiento la I.E.C hacía uso de la rica oferte del mercado de trabajo militar en la India. Un regimiento típico de infantería se componía en 1806 de 45 oficiales y suboficiales británicos, junto con 280 soldados indios. Una cadena de mando clara y una instrucción a la europea capacitaba a esa infantería y artillería para realizar maniobras disciplinadas y mantener una alta tasa de fuego, que al principio diezmaba a los ejércitos hindúes. A estos les faltaba una dirección estricta. Se componían de un conglomerado de contingentes cada uno con su mando particular al servicio del príncipe, de cuya lealtad y valor personal dependía la batalla, como quedó demostrado en Plassey

Ya les he comentado en otras entradas, que para la historiografía ibérica la fecha decisiva en el despegue de Europa es 1500. Durante el siglo XVI, no sólo se incorporó América central y sur al ámbito de la cultura occidental, sino que se construyó la primera red comercial que englobaba al mundo entero, interconectando sus economías y volviéndolas dependientes unas de otras. Sin embargo, de mis lecturas recientes sobre The Great Divergence, al decir de los historiadores anglosajones, he tenido que reconocer que hay otro momento de igual importancia en la construcción de la supremacía europea: El siglo XVIII.

La diferencia entre la expansión europea del siglo XVI y la del siglo XVIII se puede resumir de manera muy simple. En el siglo XVI, Europa se puso al nivel del resto de culturas Euroasiáticas, como el Imperio Otomano, el Imperio Mogol de la India o las dinastias Ming/Quing de la China. Sin embargo, su presencia en el Océano Índico y el Extremo Oriente se limitó al control de las vías comerciales marítimas y al establecimiento de factorías comerciales aisladas. Cualquier intento de Los imperios orientales contaban con recursos humanos casi inagotables, o al menos muy superiores a lo que Europa podía mandar a Oriente, y supieron asimilar pronto las innovaciones técnicas bélicas creadas en Europa, como fusilería y artillería.



Es sólo en el siglo XVIII cuando este equilibrio se rompe. De 1750 en adelante, los ejércitos occidentales comienzan a derrotar a los orientales, requisito y resultado de una política de asentamientos terrestres en Asia que va a conducir a los imperialismos del XIX. Esa expansión tiene su  mayor exponente va a ser la conquista de la India por parte de Gran Bretaña en ese periodo, pero que es detectable también en hechos mucho menos conocidos, como el sometimiento de Java a por parte de Holanda. Esas guerras, además, no se libran solamente entre europeos y naturales, sino que serán prolongaciones en Oriente de la guerras de Europa,  como continuará ocurriendo  hasta finales de la guerra fría. Así, durante la guerra general  de los Siete Años, entre 1756-1763, en la que se decidió el nuevo equilibrio de poder en Europa, se produnjo también una encarnizada guerra colonial entre Francia e Inglaterra, que dará al traste con las aspiraciones de aquélla.

Queda determinar el porqué de esta supremacía europea en los campos de batalla. Como les apuntaba al principio, no se trataba de una cuestión de superioridad técnica en el campo estrictamente técnicos. Las nuevas armas europeas, como el mosquete y el cañon, habían sido utilizadas de forma extensiva por el ejército otomano y el resto de imperios del área islámica. Incluso en naciones como el Japón y China, que no tenían noticia ellas hasta la llegada de los portugueses, se adoptaron con relativa rapidez e incluso se mejoraron, como ocurrió durante las guerras civiles japonesas que precedieron al Shogunato Tokugawa.

La ventaja de Europa se hallaba en otra parte. Radicaba en las consecuencias y enseñanzas de su expansión marítima en el siglo XVI a lo largo de todo el mundo. Para asegurar una amplia red de plazas dispersadas por toda la tierra, los europeos debieron crear métodos para mantenerlas aprovisionadas periódicamente y  defenderlas en ausencia de refuerzos. Es decir, con mejores navíos, fortalezas inexpugnables, almacenes repletos. Pero sobre todo, con una jerarquía organizativa que permitiese mantener esas bases remotas en operación durante periodos indefinidos de tiempo, una necesidad que se tradujo no sólo en avances civiles y comerciales, sino también en los militares. Como demostraron  las guerras contra los clanes escoceses de ese mismo siglo XVIII, los ejércitos europeos ya eran capaces de maniobrar sin perder su cohesión ni su coordinación, además de oponer una barrera insalvable de fuego ante ataques masivos.

Sin embargo, está supremacía militar en sus aspectos organizativos y de aprovisionamiento oculta otro cambio aún más sustancial, si cabe. La expansión comercial del siglo XVI había estado basada en artículos de lujo: las especias y el oro para pagarlas. Sin embargo, a lo largo del siglo XVIII el comercio con oriente va a variar su composición. Productos como el té y el café, ya dirigidos a una gran mayoría de la población, se convertirán en primordiales, pero por encima de ellos se hallará la producción textil. Por mediación de los comerciantes europeos, los telares hindúes van a cubrir las necesidades de Europa y de China, inundando estas áreas con sus productos

Este monopolio se debió a la gran calidad de los productos hindúes, unida al gusto que los europeos van a tomar por el algodón, frente a telas más bastas como la lana. Curiosamente, ese sentido del intercambio comercial va a permitir el desarrollo de las plantaciones esclavistas en el Caribe, que pueden ser abastecidas con vestidos utilizando la producción traída del otro extremo del mundo. El oro de América. con el que se pagaban estos artículos, liberaba así a Inglaterra de la necesidad de fabricarlos, pudiendo así destinar recursos a otras empresas, como el lanzamiento de la Revolución Industrial. Revolución que, como es sabido, dará sus primeros frutos en la transformación de la industria textil y que, cuando tome fuerza, provocará la inversión del comercio con la India a principios del siglo XIX.

Serán ahora los textiles británicos los que invadirán esa tierra, no tanto por su calidad, sino por sus precios baratos. A este Cambio ayudará el hecho de que la India era ya casi posesión británica por entera, provocando una segunda conquista, esta vez económica. La industria artesanal de la India desaparecerá por completo frente a la competencia de los telares británicos, reduciendo al país a mero productor de algodón, que tenía que comprar su prendas a la industria de Inglaterra.