domingo, 5 de marzo de 2017

La lista de Beltesassar (CLXIII): A Doonesbury Special (1977 ) John and Faith Hubley




















Como todos los domingos, continúo con mi revisión de la lista de cortos animados realizada por el misterioso profesor Beltesassar. Esta vez ha llegado el turno de A Doonesbury Special (El especial de Doonesbury), corto realizado en 1977 por el matrimonio de animadores estadounidense John y Faith Hubley, adaptando las tiras cómicas del dibujante Garry Trudeau.

John y Faith Hubley son nombres capitales en la historia de la animación. John lideró la revolución estética desencadenada por la productora UPA en los años cincuenta, para luego continuar desarrollándola y explorándola en su propia productora y con la colaboración de su mujer Faith, quien proseguiría dirigiendo cortos tras la muerte de John en 1977. La revolución que ambos hicieron fructificar era muy simple, pero no menos radical. Se trataba simplemente de introducir las enseñanzas de las vanguardias europeas del siglo XX en una forma cinematográfica, como la animación, que continuaba anclada en la tradición decimonónica de la fábula poblada por animales antropomórficos. 

De esa manera, los Hubley fueron los padres de la animación experimental e independiente que estallaría en la década de los 60, no ya como en el pasado, en forma de obras obscuras y excéntricas al alcance de muy pocos, sino como alternativa válida a los modos comerciales. En ese sentido, resulta incomprensible que la propia obra de Hubley haya sido relegada a la penumbra, recogida en colecciones de DVD de mala calidad y desde hace largo tiempo inencontrables, en vez de ser editado de forma lujosa, con extras y comentarios, por compañías como Criterion. Pero ya saben en qué mundo vivimos.

Esa posición indiscutible de padres de de la vanguardia animada,  convierte sin embargo a A Doonesbury Special en un corto muy menor dentro de la filmografía de los Hubley. Desde luego, un cierre un tanto deslucido a la trayectoria de John. No porque no abunde en florituras y ejercicios de estilo - véase el elaborado movimiento de cámara que intentado reflejar en las capturas -, sino porque es un corto normal, sin las señas de estilo de los Faith, aunque su normalidad se halla muchos niveles por encima de lo habitual en la animación estadounidense de la época, en plena agonía por aquel entonces. 
 
No ayuda tampoco que el cómic que adapta sea, en esencia, un fenómeno muy local de los EEUU. A pesar de que Trudeau es una institución en el mundo de las tiras de prensa y lleve comentando la actualidad de su país durante medio siglo, su fama no ha transcendido las fronteras de ese país, de manera que los personajes que aparecen y sus relaciones son completos desconocidos, desprovistos de cualquier interés. Esta falta de referencias, de las que el corto prescinde por suponerlas ya sabidas, es una auténtica lástima, puesto que para quienes hemos seguido esa tira, aunque sea por un breve periodo de tiempo, es atractivo ver el pasado de los personajes con los que nos aconstumbramos a convivir día a día.

Pasado que no está exento de intencionalidad política, todo lo contrario,. Trudeau ha sido siempre un cronista agudo de la evolución de su país, observándolo desde una perspectiva liberal en el sentido americano, es decir, cercana en algunos aspectos a la izquierda europea. En A Doonesbury Special, esa mirada está teñida de amargura, al constatar como los ideales de toda una generación, la de los sesenta, han sido carcomidos y derribados por el tiempo. Cómo, a pesar de toda la luchas y de todas las victorias, la revolución no llegó ni parece que vaya a hacerlo, quedando únicamente en su lugar esa nostalgia sensiblera tan característica de la vejez cercana. Y eso que por aquél entonces, 1977, aún no había llegado al poder la contrarrevolución  conservadora, liderada por Reagan y Tatchter. Ésa en cuyas garras sufrimos.

No les entretengo más, como siempre les dejo aquí el corto, aunque esta vez en forma de enlace a nodos chinos, así que úsenlo con precaución. Respecto a esta obra, mírenla como curiosidad histórica, porque a poco más llega.