lunes, 20 de marzo de 2017

Cine Polaco (IX): Iluminacja (Iluminación, 1972) Krysztof Zanyussi






































Los Zanussi que se han incluido en la recopilación de Martin Scorcese, que vengo reseñándoles desde hace una semana, pertenecen todos, sin excepción, a la década de los setenta. Comparten una clara unidad de intenciones, de manera que tanto Constans (Constante, 1980), Barwy ochronne (Camuflaje, 1976) o ésta que comento ahora, Iluminacja, observan la realidad de su tiempo desde una atalaya moral. Mejor dicho, desde unas premisas filosófico-científicas, de manera que las diferentes teorías y sistemas se someten a la prueba de la realidad visible, tal. En concreto la de la Polonica Comunista en sus años terminales, encerrada en un callejón político insalvable, pero sin que las conclusiones obtenidas por estas películas queden limitadas a ese momento histórico preciso, sino que son fácilmente extrapolables a otras sociedades y tiempos.

De las tres,  Iluminacja es la más radical y experimental. Si ya en las anteriores - realmente  posteriores cronológicamente - Zanussi optaba por hurtar información al espectador, fuera mediante bruscas elipsis en la narración o evitando que los personajes nos contasen lo que ellos ya sabían, en esta última cinta esta estrategia se lleva al extremo. Prácticamente todas las transiciones se eliminan. No presenciamos cómo los personajes cambian ni las razones que los llevan a actuar así, sino que observamos únicamente las consecuencias y las preparaciones de esos tránsitos. La película se asemeja así a un álbum de fotos, de recuerdos escogidos por alguien que no está presente, mientras que nosotros, como espectadores, nos vemos limitados a hojearlo. Rellenando los huecos allí donde podamos y, como en la vida, quedándonos sin saber el final.

La radicalidad de Iluminacja no se queda allí. De hecho, la película tiene mucho de disertación filosófica - o científica - en donde las partes de ficción asumen un aire documental, como si sirvieran de prueba a los argumentos que se nos presentan. Este carácter de demostración se acentúa por la aparición, aquí y allá, de profesores y catedráticos universitarios que nos explican teorías y conceptos, entreveradas con otras secciones propias de una presentación con diapositivas - o con un ppt, por ser más moderno -. Se nos presentan así claves aparentes que deberían servirnos para descifrar la historia - incluso la Historia -, dotándola de un significado clara, de una orientación precisa. El sentido de la vida, iluminado al fin por los avances científicos y filosóficos.

Sin embargo, cuando se unen estas disquisiciones filosóficas no llevan a conclusión alguna. Son contradictorias, irreconciliables. El propio concepto que da nombre a la película, la Iluminación, se revela elusivo, irrealizable. Según a quien se pregunte puede significar cosas muy distintas. Puede aludir a la revelación súbita que torna evidente lo incognoscible, como ocurre en la teología cristiana, siempre dependiente de la acción de la gracia divina. Pero también puede ser, por el contrario, la ilusión perceptiva del paso del tiempo, que para la física no deja de ser una dimensión igual a las otras tres espaciales, de manera que presente, futuro y pasado son la misma cosa, realidades presentes en el aquí y ahora, sólo que no nos damos cuenta de ello.

¿El mundo es una ilusión? Sí, así parece serlo, con el agravante de que no podemos despertar de ella, ser iluminados. Lo único que queda al ser humano, como le ocurre al protagonista, es vagar sin rumbo, saltando entre diferentes vías de conocimiento, religión, física, biología, matemáticas, contracultura, superstición, amor, sin que ninguna llegue jamás a suministrar certezas. Hasta que al final, se descubra, sin tragedias ni aspavientos, que lo único que se ha hecho es perder el tiempo. Entretenerse hasta la llegada de la muerte. 

Sin haber conseguido escapar de la mediocridad, ni por supuesto haber descubierto la verdad. O al menos aquélla que se soñaba encontrar al final del camino.