jueves, 16 de octubre de 2014

Watching from the Armchair



































Loin du Vietnam (1967), película coordinada por Chris Marker, tenía todas las papeletas para convertirse en un fracaso, fuera excelso o no, ya que se trata de un ejemplo de ese subgénero cinematográfico llamado película de episodios, en la que varios directores contribuyen con un corto/mediometraje a un tema común . Esa forma, como ya sabrán, adolece del grave defecto de que las diferentes secciones que lo componen pueden tener un acabado y una calidad muy distinta, de forma que el resultado final se resiente de ser un recosido de parches muy dispares y normalmente mal conjuntados, tanto más cuanto más personales y originales sean los directores que participan.

El hecho de que bajo la batuta de Marker figurasen firmas como Godard, Varda Ivens, Klein, Lelouch o Resnais hacia temer lo peor, como ya les avanzaba. Sin embargo, Loin du Vietnam resulta ser una película de inesperada unidad, en la que las diferentes secciones se ensamblan armoniosamente, como si fueran - casi - obra de una sola persona. Esta afortunada consecuencia se debe a que el método de trabajo elegido por Marker no fue el de encargar a cada director un fragmento de la película, sin luego preocuparse por qué y cómo sería filmado, sino la creación de una auténtica comuna de artistas, que semanalmente se reunía a girar - y a aportar - en torno al núcleo original, como es el caso Pierre Lhomme, colaborador de Marker en Le Joli Mai (1962).

El resultado es una obra extrañamente armoniosa y equilibrada, a lo que contribuye que nunca se sepa quién ha dirigido qué sección - sólo se rompe esta regla con Ivens y Godard - , y donde las secciones fluyen de la una a la otra sin solución de continuidad ni ruptura, como si hubieran sido rodadas por una misma persona o como si alguien - Marker - se hubiera ocupado de limar sus aristas para que encajen mejor. De hecho, sólo hay dos secciones que desentonen en el conjunto o que resulten un poco fuera de contexto. Por un lado el largo parlamento ficticio de un intelectual de izquierdas a su muda amante, entre exculpatorio y autoflagelante, que parece haber sido extraído de un largometraje distinto para ser usado como cita en éste.

Si bien este pequeño fragmento aún puede considerarse como una aportación válida al tema de la película, en tanto que comentario externo, no ocurre lo mismo con la sección de Godard que, como es demasiado frecuente en este autor, se convierte en un ejercicio de hablar de sí mismo y repetir los mismos eslóganes que viene arrojándonos desde hace medio siglo... y, por si se lo preguntan, Godard es un director al que admiro profundamente pero que en cuanto abre la boca me parece de un creidismo y una vanidad insoportable.

Pero volviendo a Loin du Vietnam, su unidad en la variedad no es la única de sus paradojas. Más importante aún es que se trata de una obra de circunstancias que debería haber pasado de moda hace mucho tiempo, pero que aún continua siendo válida y viva ahora mismo. Lo caduco en la película de Marker es que nos remite a un pasado que hace mucho que dejo de ser nuestro presente, un tiempo en el que existía una izquierda potente, fuerte y militante, que no tenía miedo en proponer un nuevo modelo de sociedad distinto al capitalismo occidental, y que veía en los movimientos anticoloniales del tercer mundo - frecuentemente liderados por los partidos comunistas locales - el primer paso hacia la revolución y la construcción de un mundo nuevo... poco que ver, como pueden constatar con la izquierda conservadora de nuestro panorama político actual.

Como tal, la película de Marker es expresión de ese sentimiento y de ese compromiso tan propio de los sesenta, pero también es muchas otras cosas que la diferencian, de nuevo, de la creencia ciega y mural de un Godard en sus convencimientos del momento. Loin de Vietnam es en primer lugar la descripción, ante todo, de la profunda grieta irreparable que ese conflicto había creado en la sociedad occidental, ya que, como Marker subraya, tanto espectadores como creadores estamos muy lejos de Vietnam, sumidos y sumergidos en la dinámica de nuestras propias sociedades, mientras que Vietnam y los vietnamitas con sólo una cosa que aparece en los telediarios, como ocurriría más tarde con tantos otros países y tantos otros pueblos.

El  auténtico tema, por tanto, no es Vietnam, sino occidente en su laberinto/encrucijada. Un occidente en la cumbre de su poder, tanto económico, como político y cultural, pero que no sabe - o no quiere admitir - si el siguiente paso encontrará suelo firme o el vacío del abismo. Una sociedad que busca refugiarse en un conjunto preestablecido de seguridades, que proyecta al resto del mundo mientras intenta eliminar, sea pacifica o violentamente, cualquier discordancia y contradicción externa; pero que al mismo tiempo se halla intima y fatalmente escindida, edificio inestable de contradicciones, cuya resolución llevará necesariamente a su caída, a un nuevo mundo en el que nosotros seremos los excluidos, los extraños.