jueves, 23 de enero de 2014

The most difficult art in the world



























Me he dado cuenta que llevo bastantes semanas sin comentar las compilaciones de animación con que me suelo regalar los sábados, así que es hora de reparar esa falta.

En otras ocasiones ya les he hablado de una técnica de animación llamada en francés écran d'épingles (pantalla de espinas) o pin screen (pantalla de alfileres) en inglés, comúnmente asociada con el nombre de sus creadores, el matrimonio Alexei Alexeieff y Claire Parker. Muy brevemente, la pantalla de espinas es un acerico retangular que se ilumina con un ángulo de 45 grados, de manera que las espinas proyecten sombras sobre la base en la que están clavada. Estas espinas son móviles, de forma que pueden hundirse o elevarse, lo cual permite que crear dibujos y patrones, según la longitud de las sombras que creen. Si la distribución de los alfileres se modifica entre fotogramas es posible conseguir así efectos de transformación y metamorfosis, imposibles de alcanzar con otras técnicas, al menos hasta la llegada del ordenador.

A pesar de su versatilidad y de sus capacidades, la pantalla de espinas es de una dificultad extrema, pues requiere del animador capacidades tanto de artista como de escultor, además de un instinto especial para descubrir en los objetos cotidianos las herramientas que le permitan manipular la pantalla. No es extraño, por tanto, que durante mucho tiempo, la lista de cultivadores de esta técnica se redujese a sus dos creadores, y que llegados los años 70 se diera por sentado su desaparición, en cuanto la pareja Parker/Alexeïef muriese.

Si no ocurrió así fue por una serie de casualidades: la larga relación de Alexeief/Parfer con la NFB de Canadá y los cursos/demonstraciones que organizaban periódicamente - y que en su registro filmado son auténticas performances a la altura de sus cortos. A estas dos circunstancias vino a unirse el interés de un joven animador canadiense, Jacques Drouin, que tuvo la idea de desempolvar las pantallas de espinas dejadas en depósito por Alexeief en la NFB, desempolvarlas, realizar una serie de ejercicios fílmicos y enviárselos al ya anciano maestro.

Para nuestra suerte, la respuesta de Alexeief fue más que positiva - quizás halagado por ver su invención utilizada por una nueva generación - pero tambien en parte cautelosa, ya que a los elogios añadió una lista de recomendaciones que Drouin debería aplicar. Para nuestra fortuna, este animador no era un simple admirador servil, sino un auténtico creador al que el uso continuado de la pantalla de espinas en esos ejercicios le había abierto los ojos sobre otras posibilidades en las que el maestro ni siquiera había soñado, cuyo desarrollo le llevaría el resto de su trayectoria artística y dotarían a la pantalla de espina de una segunda juventud.

Los atrevimientos de Drouin fueron básicamente dos. Mientras que Alexieff consideraba la pantalla de espinas como un grabado en movimiento, cuya magia era la variación de las tonalidades de gris, Drouin se atrevió a incluir el color mediante un sencillo, pero no por ello menos efectivo, procedimiento de proyección de luces coloreadas sobre la pantalla de espinas. La vida y la luminosidad conseguida con este efecto tuvieron la consecuencia de que Drouin se atreviese por una parte a mezclar la pantalla con otras técnicas tradicionales, consiguiendo en cierta manera que la pantalla se desmaterializase y dejase de ser; mientras que por otro lado, se atrevia a dejar a la vista las espinas individuales y los trucos que permitían crear la ilusión con esa técnica, lo cual de forma paradójica provocaba también otra desmaterialización, acercando los resultados de la pantalla a los conseguidos, por ejemplo, con la animación de arena.

El legado de Drouin consiste por tanto en haber roto el marco creativo en que dejo Alexeieff su invención para abrir nuevos caminos, una rutas que quizás nadie llegue a transitar, puesto que como Alexeieff, Drouin no tiene discípulos y su edad empieza a ser ya avanzado.

Pero cuando llegue ese día, siempre nos quedarán sus cortos, como este Empreintes, su última obra y resumen de todas sus audacias e investigaciones formales.