domingo, 19 de enero de 2014

The Beltesassar list (XXX): Kövec/Stones (2000) Ferenc Cakó























En mi revisión semanal de las compilaciones de cortos de animación realizadas por el misterioso profesor Beltesassar, ha llegado el turno a Kövec/Stones, realizado en el año 2000 por el director húngaro Ferenc Cakó.

Al contrario que la uniformidad técnica que caracteriza al cine de personajes reales - en muchos casos reducido a situar la cámara y comenzar a rodar - la animación se caracteriza por una inacabable multitud de técnicas, cada una con sus propios retos, exigencias, virtudes y posibilidades. En sí, lo importante no es esa variedad de soluciones, que ya de entrada permiten a los autores mostrar su originalidad, sino el hecho de que cada una de ellas obliga a trabajar de una manera determinada, con lo que en animación la técnica se convierte en estética.

La animación con arena es una de las técnicas más difíciles y menos cultivadas - la palma se la llevaría la écran de épingles de Alexeïeff/Parker -. Esta manera se halla emparentada con la animación mediante pintura sobre el cristal y consiste en espolvorear arena sobre una superficie transparente, iluminada por detrás, de manera que las diferentes densidades/espesores creen diversas tonalidades de gris. Una vez terminado el diseño original, el artista puede utilizar sus manos para modificar el dibujo o añadir nuevos elementos entre cada toma fotográfica, de manera que en el resultado final se puedan conseguir efectos de metamorfosis imposibles de alcanzar con estas técnicas.

Este modo de trabajo es por tanto un híbrido entre pintura y escultura, revistiendo una especial dificultad, ya que por una parte, el artista tiene que tener en la mente de antemano el resultado que quiere alcanzar y como descomponerlo en tomas; mientras por otra, el hecho de trabajar siempre sobre un único diseño que se va  modificando implica que el más mínimo error puede dar al traste con el trabajo de horas, incluso días.

Ferenc Cakó, nombre que incluso para los aficionados puede resultar desconocido, es uno de los grandes maestros recientes de esta forma. A su especial habilidad para modelar con la arena y conferir movimiento/transformación a sus diseños, se une el instinto/experiencia de las escuelas de animación del este. En esta tradición, la censura y la opresión de tiempos soviéticos obligaba al creador comprometido a narrar historias sobre la naturaleza humana y su destino en respuesta al horror presente; pero al mismo tiempo, para evitar el castigo y las represalias, estas pretensiones debían ser escondidas en un producto final trufado de símbolos osbcuros que el espectador inteligente - y sólo él - debía decodificar. Esta contradicción forzada conferían a los cortos de los países del este una especial riqueza visual, inusitada en occidente, donde el arte hace mucho que devino entretenimiento, y de la cual provenía al mismo tiempo un olvidado e irresistible poder de fascinación.

Kövec comienza insinuando una idea inquietante y aterradora - emparentada con la  vista en el corto de la semana anterior, Fallen Art -: la de que el arte, su proceso de creación y su belleza final, se deben al sufrimiento y la destrucción de inocentes. Así, en las primeras escenas de Kövec, una mano enguantada busca piedras - que huyen aterradas ante su presencia - para molerlas y convertirlas en arena, la misma arena que luego se utilizará para crear el corto. Tras este prólogo, el corto constituye alrededor de una serie de viñetas que ilustran determinados tipos de relaciones humanas, todas ellas con los mismos dos hilos conductores: bien el aislamiento y la soledad que se torna inevitables entre los seres humanos, bien la imposición del poder y la supremacía mediante medios violentos.

Una visión pesimista y desesperanzada de la naturaleza humana, que para Cakó ha sido así desde el principio de los tiempos y continuará así hasta su extinción definitiva, independientemente de la bondad o maldad de las personas y de los sistemas políticos y sociales. ¿O es eso quizás también una ilusión? Porque en un último giro, ilustrado magníficamente con los medios que ofrece la técnica de la animación con arena, todo alcanzará su final, su conclusión, expresada en una liberación que sólo puede alcanzarse mediante la rebelión.

No les entretengo más. Si de otros cortos puedo albergar dudas sobre su importancia, éste es claramente una obra maestra.