martes, 14 de agosto de 2012

Words, Images & Time (y I)


Mi primer contacto con la obra de Hollis Frampton se lo debó al American Films Archive y sus mágníficas ediciones recopilatorias (Treasures from...) de cine americano poco visto o simplemente olvidado. En este caso se trato del dedicado a la vanguardia americana (1947-1986) en el que se incluyo una de las obras de la suite Hapax Legomena de Frampton, en concreto (nostalgia).

Ya comenté en su momento este corto, que he vuelto a ver recientemente en el magnífica antología de Frampton editada por criterion (un único tirón de orejas para esta editora, el hecho de que cuando se trate de obras compuestas por varias secciones se limite a espigar de entre las mismas, hurtándonos una visión equilibrada de la misma e impidiendo que se las conozca, pero bueno, es el problema de las antologías, sean fílmicas o literarias) mediante la cual he podido tener una visión más completa, aún por redondear, de la obra y presupuestos artísticos de este director experimental estadounidense, uno de los nombres esenciales de esa rama del cine que permanece guardada en los altillos de la cinefilía, sea de la corriente que sea.

El cine de Frampton no es un cine fácil, y mentiría quien dijera lo contrario, ya que como buen cineasta experimental su búsqueda es la de encontrar los límites de la expresión cinematográfica, si es que estos existen, tarea en la que los callejones sin salida y las obligatorias vueltas atrás son parte esencial del resultado final. Es precisamente la manera en el que cineasta experimental negocia sus fracasos, sus tránsitos por desiertos y soledades, en busca de ese momento visionario, los que distinguen a los buenos de los falsos, los originales de los que se limitan a adoptar una pose.

Característico de Framptom, al menos en lo que llevo visto, es el análisis de la difícil relación entre imágenes y palabras, buscando quizás si las primeras llevan incluidas en sí, como forma irreductible, un signíficado propio y único, o si por el contrario, la adición de texto a las imágenes las lleva a metamorfosearse irreversiblemente, portando significados que antes les eran extraños, pero que ahora son consustanciales a ellas. En ese sentido, Zorns Lemma, la que quizás sea su obra más accesible y apreciada fuera del círculo del arte vanguardista es un perfecto ejemplo de las preguntas sin respuesta a las que lleva ese intento de resolver la ecuación imágenes + palabra.

Dividida en tres secciones, la primera de ellas se abre con una pantalla en negro sobre la que se recitan una serie de versos de carácter infantil, cuyo utilidad original era enseñar el abecedario a los niños. Este preludio ciego, sirve para introducirnos en lo que va a ser el leit-motif de la segunda sección, la construcción de un abecedario (sólo de 24 letras, puesto que las parejas i/j y u/v se consideran como una única letra) compuesta en función de palabras encontradas en los rótulos de las tiendas de la ciudad de Nueva York, grafitos e inscripciones en las paredes de esa misma ciudad, así como de anuncios en la prensa y la revistas.

La forma adoptada por Framptom es casi la de un obstinato, en la que vamos a ir viendo secuencia tras secuencia de estos alfabetos visuales, en los que cada imagen/letra/palabra, distinta en cada ciclo es visible durante unos pocos segundos, unidas en una imensa ronda que parece no tener fin. Sin embargo, poco a poco, algo empieza a cambiar, ciertas letras dejan de encontrar una palabra imagen que la represente y son subsituidos por una escena, distinta para cada letra individual, y cuya acción avanza de ciclo en ciclo.

Un alfabeto visual tipo, tomado de la mitad de la segunda parte, es como el que sigue a continuación.

























La mente del espectador, enfrentada a esta ronda, que tendrá un final en el momento en que las imágenes/palabras se agoten para cada letra del alfabeto, se ve enfrascada en las siguientes procesos/problemas en paralelo

  • ¿Hay una relación entre las imágenes/palabras/letras? De vez en cuando es posible encontrar asociaciones de significado ¿puede que todo sea un inmenso mensaje codificado?
  • ¿Cuál es la siguiente letra que se quedará sin imágenes/palabras? ¿Hay alguna ley detrás de esto? ¿Por qué de vez en cuando, la imagen/palabra no es algo captado de la realidad sino una palabra superpuesta sobre una imagen genérica de paisaje urbano, mucho antes de que esa sucesión muestre signos de agotamiento?
  • ¿Qué relación tienen las escenas substitutorias con el alfabeto? ¿Constituyen ellas otro alfabeto? ¿Son la expresión visual de los límites expresivos del lenguage? ¿O de los límites expresivos de las imágenes?
  • Y por último ¿por qué algunas acciones son ellas mismas un perpetuum mobile, casi un ciclo de celuloide, mientras que otras tienen un principio y un final, que amenaza con tener lugar antes de que se agote el alfabeto?
Preguntas cuya acumulación introduce un fuerte elemento de tensión, de suspenso en la visión de de esta segunda parte, acentuado por el inflexible ritmo en el que son presentadas.

Esta segunda parte constituye la mayor parte del metraje, aprox tres cuartos de hora, siendo seguido por una tercera parte final que es el rodaje a cámara fija de un paseo sobre la nieve de unos 15 minutos, desde que los personajes entran en cámara, hasta que se pierden por los árboles del fondo.


Una larguísima secuencia visual, imposible de aguantar para muchos espectadores (¿por qué? Ese mismo tiempo nos parecería mínimo si fuéramos nosotros lo que diéramos el paseo) donde la irrupción del texto viene dada por la lectura de un largo pasaje filosófico sobre el significado de los números y  las implicaciones de sus asociaciones. Un pasaje que se convierte en una sucesión de sonidos abstractos casi ininteligibles, por el mero expediente de hacer que cada palabra sea pronunciada por una persona distinta, con lo que la entonación y la ligazón interna de las frases se desvanece.

En resumidas cuentas, cine difícil pero por ello mismo, apasionante y fascinante, mucho más por supuesto, que tantas obras aplaudidas sólo por ser producto de la rutina que no queremos abandonar.