sábado, 21 de abril de 2012

Lost & Buried

The Crown of Aragon has not fared well on the fields of remembrance... As often, as is not, its legacy is treated with indifference, if not with hostility, and it is left as codicil to the main Castillian history. Most Spaniards today have lost all sense of the Crown of Aragon's separate and extraordinary past.
The attitudes of those who seemingly have the strongest interest in the subject give the greatest cause for reflection. For today's Aragonese and Catalans do not share a common outlook; the historic marriage of their two countries have dissolve into mental divorce. The Aragonese - inhabitants of the "Autonomous Spanish Community" of Aragon - do not dance the Jota Aragonese in order to stress the historic links with Catalonia, quite the opposite. And for many Catalans, the very name of Aragon sticks in the throat. In place of the Kingdom-county, monuments and textbooks in Catalonia refer to the "medieval Catalan state" or to the "Catalan Empire" or sometimes to some unidentified "kingdom". The concept of a multinational "Crown of Aragon" is distinctly out of fashion. In academic circles is often replaced by the dubious neologism of the "Catalan-Aragonese Federation". Modern Politics, in fact, plagues almost all the attempts to recall the Crown of Aragon with accuracy and affection. The dual kingdom-county, with its long chain of dependences, lived and died long before the age of modern nationalism; and its ethos was ill matched to modern enthusiasms. Its memory has not been spoused by Spanish nationalism, by Catalan nationalism, nor even by provincial Aragonese particularism.

Vanished Kingdoms, Norman Davies

Recién muerto el dictador, en la década entre 1975 y 1985, España (o el conjunto de nacionalidades  que entonces se conocía con ese nombre) sufrió una auténtica fiebre por conocer su auténtica historia, libre de las falsedades y distorsiones nacional-religioso-fascistas de los años 30, que el régimen dictatorial del dictador había perpetuado hasta bien entrada la década de los setenta, en un caso único de pervivencia de unas ideologías que Europa había arrojado al basurero de la historia treinta años antes.

Como pueden suponerse, múltiples fueron las historias de España, desde la prehistoria hasta la recién estrenada democracia, que se editaron en aquella época, y que yo adolescente ávido de conocimiento devoré una tras otro, para quedarme con la boca abierta ante la amplitud de los horizontes que se abrían ante mí, aunque muchas de mis convicciones y prejuicios quedaron hechos añicos a mis pies. Por ejemplo, y para conectar con el texto arriba incluido, no cabía en mi cabeza que el muy católico rey de Aragon Pedro II, muriera en la batalla de Muret (1213) luchando contra los cruzados de Simon de Monfort que habían invadido el Languedoc para desarraigar la herejía cátara. Ejemplo claro de la necesidad política, o de como un rey católico se veía obligado a defender a sus súbditos herejes para evitar que el poder de los reyes de Francia aumentase aún mas, y que se vio confirmado cuando, en tiempos de Pedro III, tras las vísperas sicilianas y la anexión de Sicilia al reíno de Aragón, el rey francés consiguiese del Papa la excomunión del rey aragonés, para sí poder defender los intereses de sus parientes Angevinos.

Y es que no hay nada como una lectura atenta de la historia para descubrir decenas de estas paradojas que sirven para descubrir, como Maquiavelo hiciera con su príncipe, en qué consiste la verdadera política.

Sin embargo, si he incluido aquí esta pequeña historia es porque el libro de Davies del que he incluido la cita, me ha recordado lo apasionante y sorprendente que me resulto conocer la auténtica historia del reino de Aragón, tan lejana de los apretados resúmenes tardofranquistas, en que la expansión aragonesa por el Mediterráneo se convertía, por arte de birlibirloque, en una de las glorias y muestras del espíritu Español, que por aquel entonces, siglos XIII y XIV. aún estaba por surgir y que necesitaría del imperio de Felipe II, para que el resto de Europa al tratar de nosotros nos pegase el hablar de Españoles, y no de Castellanos, Navarros o Aragoneses.

El interés del libro de Davies, es precisamente el recordar al público interesado la existencia de entidades estatales en la historia de Europa que no llegaron a florecer o que no dejaron un heredero claro en la Europa actual, de manera que su historia ha quedado semiolvidada o completamente olvidada, en una Europa aún dominada por los nacionalismos en la que la historia se convierte en una justificación retrospectiva de las entidades actuales, España, Cataluña, Francia, las cuales se suponen existentes desde sus orígenes, casi como si los seres humanos naciesen ya con veinte años y título universitario. Este, como digo es el máximo interés del libro de Davies, por una parte recordarnos que la historia pudo no haber desembocado en lo que ahora conocemos y, mientras que se nos advierte que esas entidades centenarias que llamamos estados y que nos parecen eternas y esenciales, pueden disolverse y desaparecer en un instante, como ocurriera al ducado/condado de Borgoña, la Unión Polaco-Lituania o la extinta URSS.

Puede parecer chocante que Davies hable del reíno de Aragón como un reíno perdido, pero el embrollo de la política española en el postfranquismo ha llevado a la situación en que ese reíno medieval peninsular, cuya historia es comparable a la de los reinos de Francia o Inglaterra, no sea considerado como antecesor de nadie, ni halle pueblos o gentes que se enorgullezcan de su historia. Como adelante, el franquismo sólo veía la expansión deel reíno de Aragón como un blasón de nobleza que añadir a las glorias de una España mítica e ideal que había existido ya desde Viriato, mientras que las autonomías surgidas del antiguo reíno de Castilla no tienen ojos más que para su historia local, que muchas veces no llega ni a extenderse hasta las fronteras del antiguo reíno (y olvida por ejemplo el tiempo en que Alicante era plaza castellana).

Para los catalanes, curiosamente, una de las nacionalidades con más posibilidades de erigirse en estado independiente cuando España deje de existir (lo cual me parece bastante cercano, por cierto) la mera mención a Aragón, como bien señala Davies, parece una lacra o una ofensa, de forma que el mismo nombre del reino ha sido convertido en formas que dejen bien clara la presencia de Cataluña en la unión de reínos, olvidando a Valencia y a Mallorca, haciendo hincapié en el reíno de Aragón fue un glitch histórico, mientras que la auténtica nación desde el inicio de los tiempos fue la catalana, y los Trastamara aragoneses prácticamente usurpadores extranjeros, aunque bien sepamos que en la época medieval tales conceptos son un completo anacronismo, simplemente por el hecho de que los reyes trataban sus reinos como si fueran terratenientes, cosiendo y descosiendo territorios según les venía en gana, que por tanto no tenían consciencia de pertenecer a una entidad mayor, sino era por la fidelidad personal al monarca que les había heredado/conquistado.

Estado de cosas, que desgraciadamente ha llevado a que aún hoy no exista una historia general de los reínos hispánicos medievales, teniendo que limitarse el aficionado a aproximaciones parciales o las más que transnochadas obras generales de tiempos del tardofranquismo (Menendez Pidal) o a las desactualizadas de tiempos de la trancisión (Tuñon de Lara o Historia 16) mientras que síntesis más modernas, dedican un tomo único a un milenio de historia medieval, partiendo del hecho irrefutable de que España, como actor en la política europea es una creación del siglo XVI, pero hurtándonos el conocer como el conglomerado de reinos penínsulares surgidos tras la invasión musulmana del 711, nacieron, evolucionaron y se fundieron en esa cosa nueva que aún seguimos denominando España, aunque como digo, no por mucho tiempo.

Porque todo, absolutamente todo, tiene que morir más tarde o más temprano.