lunes, 22 de agosto de 2011

The TDS Files (X) Un partie de Campagne, Jan Renoir

En este ejercicio de recuperación de artículos de Tren de Sombras, le ha llegado el turno a la edición que sacó hace ya unos añitos la BFI de la película Une Partie de Campagne, de Jan Renoir, que me da que debe estar bastante descatalogada. Desconozco si habrá mejores ediciones, pero me da que no, ya que el interés parece centrarse en sus dos películas más famosas.

En fin, no les entretengo más y como digo en la reseña, lo realmente interesante de esta edición, aparte de la propia película, claro está, son los extras.



Une Partie de Campagne – Jean Renoir

Año: 1936
Duración: 39 Minutos + 42 de extras
Distribuidor: BFI (British Film Institute)
Especificaciones: Region 2 (PAL) UK, Nº de discos: 1, B/N. 1 cara, 1 capa (DVD-5)
Relación de aspecto: 1.33:1
Audio: Francés.
Subtítulos: Inglés.

Resulta difícil, a estas alturas, decir algo nuevo de un director como Jean Renoir. Su obra de los años treinta (con películas como La Chienne, La grande Illusion, Tony, La règle du jeu, les bas-fonds, Le crime du Monsieur Lange, La Marselleise o La bête humaine) fue durante muchos años la norma del realismo en el cine, la base sobre la que directores tan importantes como Roberto Rossellini o Satjavit Ray edificarían sus películas. Tan importante llegó a ser el impacto y la originalidad de esta etapa de su producción que ha dificultado la apreciación crítica de sus obras de posguerra, tachadas bien de esteticistas o de “remakes” de obras anteriores

La obra que nos ocupa, Une partie de Campagne, pertenece a ese periodo “máximo” de Renoir, pero, sin embargo, no deja de ser una excepción dentro de su filmografía y de la historia del cine en general.  Con ella se aborda un fenómeno casi inexistente en el cine, el de la obra inacabada, o mejor dicho, el de la obra cuya composición es interrumpida en un instante y que, al cabo del tiempo, el artista abandona porque ya no responde a sus criterios estéticos, pero que, vista con los ojos del aficionado, se revela como completa. Algo extraño en estos tiempos, donde el director vuelve una y otra vez sobre su creación, con resultados nefastos la mayor parte de las veces, o donde el acabado formal es una exigencia irrenunciable, hasta por aquéllos que se llaman “desarreglados”.

Una edición también “anormal” por su propia composición, ya que el comentarista se ve en la obligación de recomendarla no ya por el filme que contiene, sino especialmente por los extras que le acompañan.

Pero vayamos por partes.

Imagen

Lo malo primero.

Desgraciadamente, el BFI (British Film Institute) tiene por norma no restaurar las copias que edita, así que en ciertos  tramos de la cinta, coincidiendo con los inicios y finales de rollo, pueden observarse rayajos y defectos del celuloide, así como pasajeras variaciones de brillo. Obviamente, la discusión sobre si esto es aceptable o no sería eterna, pero no hay que olvidar que toda restauración es intrusiva, y que en muchas ocasiones se ha restaurado de más, con resultados quizás incluso peores.


Un punto donde no hay disculpa sin embargo, es en los subtítulos. A estas alturas no es de recibo una edición donde los subtítulos están embebidos en la imagen y no existe la posibilidad de retirarlos, aunque tal ha sido el defecto en que han caído otras ediciones recientes como los Buñuel que Warner ha publicado recientemente en UK.

Dejando aparte estos dos problemas, señalar que la imagen es más que aceptable, con una buena definición y una buena gama de grises, sin aparentes problemas de compresión y sin que aparezca el temido efecto del “edge enhancement”. Quizás falte algo de nitidez, pero habría que ver hasta que punto esto es un producto de la técnica de la época, de la que nos separan casi setenta años.

El formato es 4/3 como era de esperar, y la imagen parece un poco más cuadrada del 1:33 estricto, como señalan las bandas negras a ambos lados de las capturas, lo que nos permite suponer que el formato se está conservando.



Sonido:

Evidentemente estamos tratando con un mono, y un mono de hace más de setenta años, cuando las películas habladas era todavía un poco novedad. Sin embargo, no se aprecían siseos o chisporroteos como sería de esperar en una cinta tan antigua. Voces y música parecen escucharse bien, aunque quizás el comentarista esté aplicando un filtro de antigüedad, el cual le impida apreciar defectos que otro oído más acostumbrado a la brillantez del cine moderno descubra enseguida.

Extras:

Como he señalado antes, es en este punto donde la edición brilla realmente.

En primer lugar, tenemos el consabido audiocomentario. Por una vez, y dado que tanto director y actores ya no están con nosotros, se presta el micrófono a un historiador del cinematógrafo, en la precisa expresión inglesa, así que escuchamos una charla sobre la obra, su relación con otros films, los métodos de Renoir, etc, etc. Y digo oír con toda propiedad, ya que desgraciadamente no viene acompañado de subtítulos.

Pero este extra no bastaría para convertir una edición buena en una edición notable. Son los dos extras que reseño a continuación los que importan.

En primer lugar tenemos una colección de “pruebas” realizadas por Renoir a los actores, antes de comenzar el rodaje, y entrecomillo pruebas con toda la intención. Normalmente la prueba se entiende como un actor o actriz interpretando una escena de la película para ver que tal sienta su presencia y su dicción al fin. Esto no es lo que pretende Renoir. Al contrario, él se limita a pedir al actor que se gire frente a la cámara, que adopte diferentes expresiones, con la intención evidente de estudiar su rostro, sus gestos y los efectos de la luz sobre él. Resulta sorprendente encontrar este conato de esteticismo en un director epítome del realismo, pero no lo es tanto, si pensamos de quien es hijo y en que ambiente transcurrió su niñez.


El segundo gran extra son las tomas descartadas por el propio Renoir, que nos permiten ver con nuestros propios ojos el método de trabajo del director y la trastienda del rodaje.

Una característica que se señala siempre de Renoir es como conseguía que los actores perdieran la afectación del oficio y actuasen de forma natural. Hoy, setenta años después del rodaje y tras varías revoluciones en el modo de actuar, supuestamente en aras de una mayor veracidad, el estilo de los actores de Renoir puede parecer chocante para el espectador no avisado. Este extra sirve precisamente para devolvernos la perspectiva. En él vemos toma tras toma de la misma escena, y poco a poco, en parte por el cansancio y en parte por la intervención del propio director, los gestos se van puliendo, se reducen a lo esencial, al igual que las voces y las entonaciones, que lentamente se hacen más sinceras y verdaderas.

Se puede apreciar oto detalle no menos importante. En los “making of” que se han hecho obligatorios en las ediciones, el equipo de trabajo suele hablar de lo bien que se lo han pasado, de lo compenetrados que  estaban o de lo importante que ha sido su trabajo. Aquí no hace falta que nadie nos lo cuente, lo vemos con nuestros propios ojos. Descubrir, al final de una escena de amor, como dos actores se estaban besando realmente, o las bromas internas entre el equipo, recogidas por una cámara que aún no ha dejado de rodar, no deja de ser sorprendente para el comentarista que esto escribe, a pesar de las muchas horas de vuelo cinéfilas que acumula.


Por último, destacar que ambas colecciones fílmicas son presentadas sin ningún comentario. Es el espectador quien debe sacar sus propias conclusiones, sin que nadie le incite a buscar una interpretación, que puede no estar ahí.

Conclusión

Aunque en términos de imagen y audio no es una edición extraordinaria, el hecho de tratarse de una edición única en el mundo de una película máxima de Renoir, así como la inclusión de  unos extras tan originales e importantes, nos hacen recomendar la cinta a todo aquel que sea, o haya sido, admirador de Renoir.