domingo, 7 de agosto de 2011

100 AS (LXV): Monsieur Tête (1959) Jan Lenica, Henri Gruel


Como todos los domingos toca revisión de la lista de mejores cortos animados recopilada por el festival de Annecy. En esta ocasión el turno era para Jan Lenica y su L'horrible, bizzarre e incroyable histoire de Monsieur Tête, realizado en 1959.... o esa era la intención, porque como me temo va a ser habitual de aquí en adelante, me ha sido imposible encontrar una enlace a ese corto en esas internets donde se supone que está todo (o mejor dicho donde todo desaparece sin dejar rastro).

No les voy a someter a una de mis peroratas sobre la injusticia de que no haya ediciones completas de un creador capital en la historia de la animación como el polaco Jan Lenica (lo que es cierto) o el olvido en que el que se tiene a esta forma por parte de quienes deberían ser sus custodios (lo que no es menos cierto). Para evitar que pierdan el tiempo, les obsequio con otro corto, Labyrinth (Laberinto) de 1962, perteneciente a su mejor producción.

Pero antes, una pequeña introducción. Como ya sabrán los que sigan estas divagaciones, hacia 1950 la productora estadounidense UPA protagonizó una revolución en el campo de la animación, poniendo en cuestión el estilo Disney (ése que la mayoría asocia aún hoy en día con la buena animación), abriendo a la puerta a soluciones que se inspiraban en las vanguardias del siglo XX y que ponía todo su acento en el diseño y los aspectos formales de la obra formal, dejando de lado una supuesta perfección técnica fundamentada en la (supuesta) reproducción de la realidad.

Podría decirse que la revolución UPA dio lugar a la vía experimental/independiente en la animación, que es desde esa fecha el principal ingrediente de los festivales de animación, como el Annecy, sin embargo hacía falta algo más para completar el giro completo, y ese algo más vendría, curiosamente, de los países del este, de la escuela de Zagreb, de la animación soviética y checa, y por supuesto, de la animación polaca, encabezada por las figuras señaras de Jan Lenica y Valerian Borowczyk.

La importancia de ambos no se puede despreciar, aunque Borwoczyk acabase haciendo películas eróticas y Lenica fuera olvidado a finales de los 70 (y repito, alguien debería reparar esta injusticia con una edición completa de sus obras). Lo que estos creadores aportaron fue un giro consciente de la animación hacia las formas más radicales de la vangüardia, hacia el surrealismo y el absurdo, creando obras cuyo significado se haya oculta bajo capas y capas de símbolos, pero que sorprenden por su radicalidad y su sincronía con los movimientos artísticos de su tiempo.

Por otra parte, además de esta radicalidad estética, y a pesar de su hermetismo, los cortos de Lenica y Borowczyk fueron de las primeras producciones animadas (salvo excepciones) en intentar propagar un mensaje político y por tanto estar destinadas a un público exclusivamente adulto. Un contenido político que no era expresión de la propaganda de un régimen político o un partido, sino que trasmitía una profunda y radical crítica social, expresada como protesta frente a todo tipo de autoritarismo y contra cualquier intento de coartar la libertad de pensamiento y expresión... lo que hace pensar en cómo pudieron colar esta dinamita intelectual a través de la censura de los regímenes comunistas bajo los que vivían.

De estas características es un perfecto ejemplo el corto Labyrinth, al que pertenecen las capturas que encabezan la entrada. Realizado en cut-out, con cientos de ilustraciones de grabados antiguos, que lo situan por tanto, en ninguna parte y en todas al mismo tiempo, los vagabundeos de un hombre libre a una supuesta ciudad ideal, sirven para revelar como toda la grandeza humana lo único que oculta son las mayores bajeza, la abyección consentida, la lucha del hombre contra el hombre donde sólo los peores sobreviven, pero sobre todo, como toda diferencia debe ser eliminada y aplastada, sino puede ser convertida, por esos mismos peores, temerosos de ser descubiertos y derribados.

Y como siempre, les dejo con el corto. Contémplenlo con atención, puesto que en los tiempos que vivimos, su moraleja es más que pertinente.