sábado, 11 de septiembre de 2010

100 AS (XXIX): Gerald Mc Boing Boing (1950) Robert Cannon


Este fin de semana, por razones laborales, me veo obligado a adelantar nuestra cita con la cita de mejores cortos animados según el festival de Annecy, para comentar en esta ocasión el corto Gerald Mc Boing Boing, realizado por Robert Cannon en 1950.

En entradas anteriores, había hablado de la geografía de la animación, en la que lugares como Nueva York, Miami, Polonia, el Canadá, Praga, Zagreb o Moscú, destacarían en un hipotético mapa, así como de nombres míticos como los Fleischer, la NFB de Canada, Soyuz Multifilm o Zagreb Studios. La UPA, productora del corto que nos ocupa este fin de semana, pertenece por derecho propio a esa lista de grandes, a pesar de que su producción fuera corta en el tiempo y escasa en su número, apenas un puñado de cortos en la década de los 50.

Sin embargo, hay razones poderosas para que sea así, pocos estudios pueden presumir de haber revolucionado la animación mundial y poder llamarse los progenitores de la animación independiente y experimental, ésa misma que dio lugar al festival de Annecy y a su lista. Como recordarán los que hayan seguido esta serie de entradas, Disney en los cuarenta se hallaba en la cima de su gloria, había eliminado a todos sus competidores serios y su estilo se había convertido en el estilo por antonomasia que era cultivadi por cualquier animador que se considerase digno de ese nombre, ya fuera en los EEUU o en cualquier parte del mundo.

Un estilo que no se hallaba libre de serios problemas y defectos, aparte de su creciente tendencia a la sensiblería y la ñoñería. En primer lugar contribuyó a crear la idea, aún admitida por todos, de que la animación era un género para niños, que sólo podía narrar cuentos de hadas o fábulas, y que estaba habitado por animales parlantes, al ser incapaz de reflejar los matices de la expresividad humana. Por otra parte, hizo triunfar un estilo visual preciosista, detallista y eminentemente realista, que halagaba los gustos del público, pero que acabó por convertirse en una trampa, como ocurre con la mayor parte de la 3D actual, al encorsetar la animación en un marco del que no podía escapar y que negaba la libertad anárquica de sus inicios. Peor aún, contribuyo decisivamente a formar la opinión crítica de los analistas de ese tiempo (los que luego figurarían en cahiers y demás) en el sentido de despreciar completamente esa forma y negarla por entero la categoría de cine.

La UPA, no obstante, lo cambio todo.

Por primera vez, aunque había habido algunos intentos aislados, un estudio se atrevía a ser modernista, a asimilar el espíritu que había regido el arte occidental en los cincuenta años anteriores. Como se puede observar en las capturas, los animadores de la UPA, le perdieron el miedo al vacío y se atrevieron a presentarlo sin tapujos en su trabajo, el llamado espacio neutro, al igual que los pintores del pasado se habían atrevido a dejar el lienzo, sin pintar.

Es más, se enfrascaron en una tarea de simplificación y depuración, reduciendo las figuras, el decorado, el ambiente a sus líneas esenciales, sin perder un ápice de expresividad, más bien al contrario, utilizando esa pureza y limpieza de líneas para destacar aún más los rasgos característicos de los personajes de forma que permitieran al espectador reconocer la personalidad del personaje al primer golpe de vista, y descubrir al instante su cambios emocionales, sin necesidad de narrarlos.

Por último, abandonaron cualquier residuo de realismo y se atrevieron a utilizar colores antinaturales, no ya dejando a la vista el medio sobre el que se trabajaba, sino aplicando las tonalidades con fines expresionistas, para señalar el impacto dramático de una situación o reforzar lo que se pretendía transmitir, o simplemente, porque resultaba bello al estilo moderno, no por reflejar el natural, sino por sus características formales, la composición, la armonía (o el contraste) en los colores.

Una auténtica revolución, como digo, que daría paso a la fase moderna de la animación y a una explosión creativa, de variedad casi inagotable, cuyos ecos aún se sienten. Lástima que nadie se haya preocupado, ni siguiera major que tiene los derechos de la UPA, por editar en DVD o BD el catálogo de esa productora.

Pero ya saben. La animación no es cine y por tanto no merece ser tratada con respeto.


Y como siempre, aquí les dejo con el corto, para que lo disfruten.