sábado, 15 de mayo de 2010

Stranded

Das war etwas, dass glich einem Heim. Und wie oft war er in früheren Zeiten durch die bewegten und menschenleeren Gassen gegangen mit dem kalten und bösen und niederwerfenden Verlassenheitsgefühl im Herzen. Er war so alt gewesen in seiner Jugend. Wie hatte ihn das Bewusstsein, nirgends zu Hause zu sein, lähmen und innerlich würgen können. Wie schön war es, jemanden anzugehören, in Hass oder in Ungeduld, in Missmut oder in Ergebenheit, in Liebe oder Wehmut.

Robert Walser, Der Gehülfe.

Era algo idéntico a un hogar. Y con que frecuencia anteriormente había marchado a traves de las calles vacías y cambiante, con un sentimiento frío, malvado y represor de abandono en el corazón. Había sido tan viejo en su juventud. Como siempre había sido consciente de no estar nunca en casa, paralizado y estrangulado interiormente. Qué hermoso era escuchar a alguien, fuera con odio o con impaciencia, con malhumor o afecto, con amor o melancolía.

Hay que leer a Walser con mucho tiempo, mucha tranquilidad y mucha atención. Si no se hace así, es muy sencillo perderse la habilidad con la que el autor suizo teje sus historias. No es sólo eso, el espacio de tiempo transcurrido, ya más de un siglo, puede hacernos olvidar lo revolucionario que su forma de escribir fue en su tiempo, de manera que se le considera por méritos propios como uno de los grandes escritores modernistas, además de un precursor del postmodernismo, por ser uno de los primeros autores en poner de manifiesto la tramoya del oficio y de dialogar con el lector sobre las posibilidades de la trama.

En el caso de la novela que nos ocupa Der Gehülfer, que podría traducirse como el ayudante, Walser aún no había llegado hasta las últimas consecuencias de su arte (y cabe pensar que alturas habría alcanzado, si no fuera por su caída en la depresión y en la locura, esa peligro que acecha a las mentes demasiado brillantes) y el tono apagado que adopta en su narración puede hacer aparecer esta novela como una obra menor, cuando no lo es, hecho del que me dado cuenta al releer ciertos pasajes, como el ilustrado, y darme cuenta de la importancia y profundidad que tenían.

El tema, por decirlo de alguna manera, es en cierta manera la narración de un naufragio, en el sentido personal. En parte autobiográfico, como la mayor parte de la obra temprana de Walser, el protagonista, un vagabundo por naturaleza, embarranca en un hogar burgués al entrar a trabajar allí como ayudante. Esta contradicción, la del viajero perpetuo atrapado en una casa, en cierta manera por su propia voluntad, al hallar una especie de hogar y una seguridad a la que no estaba acostumbrado, será desarrollada más extensamente en Jakob von Gunten, hasta adoptar la forma de una pesadilla de la que no se puede despertar, mientras que aquí adopta una forma más realista, la de la lenta e inexorable decadencia de la familia a la que sirve, de la cual el protagonista/Walser es testigo impotente, sabedor de que es inevitable, pero que opta por dejar correr el tiempo hasta que todo explote, deseoso de experimentar esa seguridad de la que hablaba arriba hasta el día que ya no haya remedio.

En estos tiempos que corren, una premisa como la arriba señalada sería perfecta para crear una obra de impacto, la manera actual ser absolutamente moderno. Walser surge de una tradición novelística realista, la inaugurada por Flaubert, donde la consigna es dejar correr los asuntos, evitar todo aspaviento y mostrar a los personajes como prisioneros de los acontecimientos, en parte por su propio consentimiento. En esa tradición, la narración de Walser nunca adelanta acontecimientos, de forma que los signos de la catástrofe nos son revelados al mismo tiempo que los personajes, incluso un poco después, de forma que su inevitabilidad se vuelve aplastante, hurtando las fuerzas de luchar contra ella.

Una caída que se nos narra con claro distanciamiento, con la misma mirada que nuestro protagonista, viajero perpetuo, observa los cielos, las montañas y los lagos, quizás porque es perfectamente consciente de que ese tiempo es sólo un paréntesis, antes de volver a iniciar el vagabundeo que le es consustuncial, pero que no deja de ser menos dolorosa, por los lazos establecidos con esa familia y por la oportunidades pérdidas, por tantos caminos nunca transitados.