sábado, 29 de mayo de 2010

Realisms









Los que hayan seguido mis divagaciones sobre anime, tan escasas últimamente, sabrán de mi debilidad por el pequeño detalle y por las series que no tienen miedo a reflejar minúsculos detalles cotidianos, de ésos que consiguen que el espectador realmente acabe inmerso en el mundo representado. De todo eso, como bien muestran las capturas, tiene de sobra Saraiya Gouyou (La casa delas cinco hojas, en su traducción para occidente), una de las dos series que valen la pena esta temporada.. la otra es Tatami Galaxy, de la que ya hablaremos, si los canales habituales nos dejan disfrutar de ella en versión inteligible, aunque la crisis esté afectándolos como a todos y el interés de los otakus esté centrado en lo de siempre.

No es la única virtud de esta serie, como suele ocurrir con las de Manglobe, un estudio que no se prodiga mucho, pero que cuando lo hace siempre suele ser merecedor de verse, independientemente de que el resultado final sea redondo o no. En esta caso, en claro contraste con la tónica general del anime, pero no con la producción de Manglobe, los protagonistas son adultos, personas que tienen que ganarse la vida y deben cargar con responsabilidades, siendo representados por un estilo gráfico bastante chocante, casi feo, pero que se revela como muy eficaz a la hora de revelar el ambiente en el que se mueven los personajes.

La historia, en resumidad cuentas, transcurre en el japón de finales de la era edo, es decir en el siglo XIX, y se centra en un grupo de pequeños delincuentes de la ciudad que luego sería Tokyo, representada en la serie con evidente realismo, o al menos con la apariencia que cualquier conocedor del cine clásico japones esperaría encontrar. Ese realismo en la representación de esa época, que llega a mostrar enfermedades provocadas por la alimentación (como el beriberi que afectaba a los ricos que podían permitirse el arroz blanco sin cáscara) se extiende al modo en que se nos introduce en las andanzas de esta banda de malhechores, la casa de las cinco hojas que da título a la serie.

En otras obras, ese ambiente entre la legalidad y el crimen sería la excusa para encadenar escena de acción tras otras, aprovechando las imágenes populares de la época, el samurái, el ninja y la geisha, en esta caso obstante, queda claro que la supervivencia de una banda de ese estilo, estriba en no llamar demasiado la atención de las autoridades, con lo que las actividades de la misma se realizan en secreto, con el máximo de precuciones y con el mayor sigilo, de forma que la identidad secreta de sus miembros permanezca en la sombra y recurriendo a la violencia en casos extremos. Momento en que esta violencia se aplica con la mayor rapidez posible, de manera que todo esté terminado antes de que sea posible.

Este vivir en las sombras es reforzado por una iluminación y una paleta desprovista de brillo, casi antigua, reflejando la situación ambigua en que se mueven los personajes, entre sus actividades reales y las coartadas que los protegen, y dotando a toda la serie de un ritmo lento, los largos periodos de inactividad entre trabajos, que sirven de momento para que conozcamos en mayor profundidad a los personajes, sus defectos y virtudes, su vida anterior que sigue pesando y condicionando lo que les sucede en el momento presente.

Una serie fascinante, en definitiva, por su modo y por tema, en el que las mayores revelaciones se realizan en tomo menor, sin por ellos ser menos demoledoras, como corresponde a ese vivir entre las sombras del que hablada, en el que nada debe traslucirse al exterior so pena de ser descubierto.