jueves, 27 de mayo de 2010

Drifting (y I)

J'entends un jeune abbé qui conte à haute voix un fait vrai, ou controuvé, qui attaquait directement la justice du Saint Père; mais sans aigreur. Tout le monde rit, et lui fait écho. Un autre interrogé pourquoi il avait quitté le service du cardinal B, répond, parce que l'éminence prétendait de n'être pas obligée de lui payer, à part certains service extraordinaires qu'elle exigeait en bonnet de nuit. La risée fut générale. Un autre vint dire à l'abbé Gamma que s'il voulait passer l'après diner à Villa Medicis, il le trouverait accompagné d'une romanelle qui se contentait du quartino. C'est un monnaie d'or qui est le quart d'un séquin. Un autre lut un sonnet incendiaire contre le gouvernement, dont plusieurs prirent copies. Un autre lut une sienne satire, qui déchirait l'honneur d'une famille. Je vois entrer un abbé a figure attrayante. Ses hanches e cuisses me font croire que c'était une fille déguisée; je le dis a l'abbé Gama qui me répond que c'était Beppino della Mamana, fameux castrato. L'abbé l'appelle et lui dit en riant que je l'avais pris pour un fille. L'impudent me regarde, et me dit que si je voulait passer la nuit avec lui, il me servirait également, soit en fille, soit en garçon.

Casanova, Histoire de ma vie.

Escuché a un joven sacerdote que narraba en voz alta un hecho real, o inventado, que atacaba directamente la justicia del Santo Padre, pero sin acritud. Todo el mundo rio y se hizo eco. Otro, interrogado sobre porqué había abandonado el servicio del cardenal B, respondió que porque su eminencia pretendía no estar obligado a pagarle, excepto ciertos servicios extraordinarios que le exigía en camisa de dormir. La risa fue general. Otro vino a decir al padre Gamma que si quería pasarse tras la cena por villa Médicis, le encontraría acompañado de una romanilla que con un cuartino estaría contenta. Eso era una moneda de oro que vale el cuarto de un sequín. Otro leía un soneto incendiario contra el gobierno, del que muchos se llevaron una copia. Otro leía una satira suya, que destrozaba el honor de una familia. Vi entrar a un sacerdote de figura atractiva. Sus caderas y muslos me hicieron creer que era una joven disfrazada, se lo dije al padre Gamma que me respondió que era Beppino della Mamama, un famoso castrado. El padre le llamó y le dijo entre risas que yo le había tomado por una joven. El muy impúdico me miró y me dijo que si quería pasar la noche con el, me serviría tanto de hombre como de mujer.

Del océano que son las memorias de Giacomo Casanova, he elegido este fragmento para mostrar lo equivocadas que son nuestras ideas sobre el pasado.

Si se toman las adaptaciones cinematográfica de la vida de Casanova (y en general las que transcurren en el siglo XVIII, piénsese en la magnífica Barry Lindon de Kubrick) puede observarse como se suelen adornar con melancolía y tristeza, como si describiesen un mundo decadente y podrido, a punto de desaparecer. Resulta curioso que toda nuestra visión sobre esa época siga siendo por una lado, jacobina, y por el otro, victoriana. De un lado la revolución francesa, con su victoria sobre el poder absoluto de la nobleza y los reyes, primero en Francia, luego en el resto de Europa, nos hace ver esa época como un tiempo condenado a desaparecer, ridículo y despreciable, cuya sola existencia era un obstáculo para el progreso y una prisión donde todas las libertades se hallaban prohibidas. Por otra parte , la reacción moral del XIX, con su intento de encerrar bajo cuatro llaves todo aquello que pudiese sonar a sexo, desterrándolo de la experiencia cotidiana, llevaba a que la permisividad del siglo anterior pareciese el mayor de los escándalos, una época podridad y decadente, donde las peores bajezas eran posibles.

Por ello la lectura de las memorias de Casanova es una auténtica experiencia reveladora. Obviamente, Casanova era una figura excepcional incluso en su tiempo, lo que explica su fama, y por supuesto en su época había límites muy estrictos que no se podían rebasar, especialmente los que atentaban contra el honor de las familias o la autoridad establecida. Sin embargo, en tanto que los participantes fueran lo bastante diestros para evitar el escándalo , todo lo demás estaba permitido y el fragmento que incluyo es bastante ilustrativo al respecto, tanto que hoy sería prácticamente imposible imaginar a los miembros del clero atacando públicamente a la institución de la que forman parte y, sobre todo, recibiendo el aplauso y la admiración de la gente. Más aún, vemos como al sacerdote que sirve de guía en su experiencia romana es invitado a gozar de los favores de una joven, sin que eso parezca ser algo extraño o fuera de lo normal, mientras que una proposión tan directa y abierta como la que el castrado hace a nuestro protagonista, no se ha vuelto a repetir hasta hace muy pocos decenios.

Y lo importante es precisamente que situaciones y actitudes que ahora aún podrían parecernos fuera de lo normal (y no digo para los auténticos creyentes), se producen entonces en el mismo centro de la cristiandad y se ven como algo normal, como parte del mundo en el que hay que vivir. Lo cual debería hacernos pensar dos cosas, lo transitorio de todas nuestras seguridades y certezas, y sobre todo, lo mucho que ha perdido la iglesia por haberse separado del mundo y de sus afanes.

2 comentarios:

Petrarca dijo...

El maniqueísmo lo que tiene es que es muy cómodo pero basta rascar un poco la superficie para ver que ni siquiera sirve como esquema. Los renacimientos y nuevas eras en realidad sólo están en los libros, en esos Burkhardts que se despojan de un milenio como si fuese caspa.

David Flórez dijo...

Son los problemas de una concepción limitada de la historia, según la cual cada generación se cree el culmen de la evolución y con derecho a despreciar a los demás, sin darse cuenta de cuan parecidos son sus vicios a los de sus abuelos...