miércoles, 21 de octubre de 2009

Fascination








He comentado muchas veces mi fascinación por el estudio Shaft, uno de los mejores de la escena de anime actual, la cual se debe en buena medida a lo contradictorio de su productos.

Si lo comparásemos con el resto de estudios a nivel temático, tendríamos que concluir que no es otra cosa que uno más de tantos, empeñados en cebar a los otakus con el complejo kawai/moe que tanto les gusta, repitiendo una y otra vez las mismas fórmulas y soluciones. Sin embargo es aquí donde Shaft se separa radicalmente de sus competidores, incluso de algunos tan egregios como KyoAni, puesto que en primer lugar su mirada es siempre irónica, la del que sabe el material con el que trabaja y no puede evitar señalar sus diferentes estereotipos, trampas y debilidades, buscando que el espectador se ría tanto con ellas como de ellas.

No obstante, y he aquí el segundo punto que caracteriza a Shaft y que le distingue radicalmente de otros estudios, es que el camino que elije para representar este material de segunda categoría, observado y comentado, desde cierta ironía postmoderna es fuertemente experimental. Cada serie de este estudio está llena de sorpresas, sin que se sepa como puede acabar o como van a enfocarlo, puesto que no tienen miedo de mezclar todo tipo de técnicas de animación, de incluir imagen real, de romper la secuencia de los planos, insertar texto, incluir símbolos que refuercen el mensaje o de jugar con las limitaciones del medio, señalándolas y utilizándolas en su propio beneficio.... o incluso demostrando a veces que si tuvieran el presupuesto adecuado podrían realizar full animation que rivalizase con lo mejor que puede verse ahora.

Si esto lleva a que series completamente intrascendentes como Natsu no Arashi, se conviertan en un auténtico placer visual, una vez pasadas por el flitro de Shaft, cuando el material de partida es realmente valioso llegan a tocar el cielo, como es el caso de la serie Bakemonogatari, ilustrada en esta entrada, la mejor serie de este verano y de la producción de Shaft, basada en una serie de novelas cuyo mayor valor es la química entre la pareja protagonista, en una continua esgrima verbal y mental como pocas veces se ha visto en la pantalla y que en la adaptación visual de Shaft es realmente memorable.







Una relación madura, compleja y excitante, que a pesar de establecerse entre dos adolescentes, se aleja completamente de la ñoñería y la supuesta inocencia (e impotencia) de la que el resto de las series se alimenta, rumía y deglute.